Fuente: Zócalo Saltillo
Washington.- Ante el renovado discurso agresivo del expresidente estadounidense Donald Trump sobre los cárteles mexicanos, ha ganado protagonismo en el debate público la interrogante acerca de qué zonas serían priorizadas en una eventual operación militar. Aunque no hay pruebas de que Trump haya establecido objetivos concretos ni planes específicos, sus recientes declaraciones —incluidas entrevistas con Fox News— sugieren que evalúa la posibilidad de intensificar acciones “desde ataques navales hasta operativos terrestres” contra grupos criminales en México. No obstante, no ha detallado lugares ni métodos precisos.
Expertos en seguridad coinciden en que cualquier intervención militar unilateral quebrantaría el derecho internacional y la soberanía de México. Sin embargo, como ejercicio teórico, es factible identificar las entidades que, por su importancia estratégica y alta concentración de narcotráfico, podrían ser blanco inicial en un escenario de invasión.
Sinaloa: epicentro histórico del narcotráfico
Este estado, sede del Cártel de Sinaloa —considerado uno de los grupos criminales más poderosos a nivel mundial—, mantiene una producción significativa de fentanilo y controla rutas marítimas y terrestres clave para el tráfico hacia Estados Unidos. La presencia de facciones como Los Chapitos y Los Mayos genera constante tensión territorial. Por su relevancia simbólica y operativa, analistas lo sitúan como un posible primer objetivo.
Michoacán: zona estratégica para metanfetaminas y precursores
En disputa entre el CJNG y La Nueva Familia Michoacana, esta entidad se destaca por su papel en la producción de metanfetaminas y el manejo de precursores químicos usados para fabricar fentanilo. La costa michoacana facilita el tráfico marítimo y se han registrado incrementos en el uso de drones y tácticas militarizadas recientemente. Su importancia dentro de la cadena de suministro de opioides, un tema prioritario para Trump, lo convierte en un foco estratégico.
Jalisco: núcleo del CJNG y base logística
El Cártel Jalisco Nueva Generación, catalogado por autoridades estadounidenses como una de las organizaciones criminales más violentas y expansivas, tiene su centro operativo en Jalisco. Desde Guadalajara hasta áreas rurales, controla rutas clave y disputa territorios en Guanajuato y Colima. Su designación como organización terrorista en EE.UU. lo transforma en un candidato principal ante cualquier plan hipotético de ataque.
Tamaulipas: frontera directa y corredor hacia Texas
Con presencia del Cártel del Golfo y remanentes de Los Zetas, Tamaulipas sigue siendo uno de los corredores principales para el cruce de drogas hacia Texas. Ciudades como Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo registran altos niveles de confrontación entre facciones; sumado a su situación fronteriza, esto lo hace viable para operaciones rápidas desde territorio estadounidense.
Chihuahua y Sonora: rutas hacia Arizona y Nuevo México
Estos estados están bajo disputa entre el Cártel de Sinaloa y el CJNG. En Chihuahua, Ciudad Juárez representa un punto histórico de cruce; mientras que en Sonora, municipios como San Luis Río Colorado se han convertido en nodos esenciales para el tráfico hacia Arizona. Su cercanía geográfica permitiría despliegues logísticos directos ante un posible avance militar.
Aunque otras entidades como Guerrero, Guanajuato, Baja California y Zacatecas presentan altos índices delictivos, los expertos consideran que una ofensiva inicial estaría enfocada en aquellas con mayor impacto en el tráfico de fentanilo y metanfetaminas hacia EE.UU., además de territorios dominados por organizaciones calificadas ya como amenazas prioritarias por Washington.
El gobierno mexicano, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha subrayado que cualquier acción militar extranjera dentro del país sería una violación flagrante a la soberanía nacional e inaceptable. Por ahora, la discusión sigue siendo hipotética y política, aunque continúa generando tensiones diplomáticas entre ambas naciones.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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