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El intestino, considerado el segundo cerebro del organismo, influye en el brillo de la piel

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Sus palabras sintetizan un consenso actual: para que la piel luzca su mejor versión necesita un ambiente interno propicio.

Fuente: Listin diario

El equilibrio intestinal, clave para una piel radiante y saludable según la nueva dermatología

Sanja Zivanovic, doctora en Biomedicina y fundadora de Skin Molecule X, detalla las bases de esta relación cada vez más analizada. “Mantener un intestino saludable influye directamente en una piel más luminosa y homogénea”, señala la experta sobre un concepto que ganará protagonismo en el ámbito de la belleza este año.

Tradicionalmente, el cuidado cutáneo se ha centrado casi exclusivamente en la superficie. Cremas, sérums y tratamientos dermatológicos han sido los protagonistas del discurso estético, mientras que el interior del cuerpo quedaba en un segundo plano.

No obstante, la investigación científica está modificando esta perspectiva. Para 2026, el eje “gut-skin” se establece como uno de los fundamentos principales para entender la salud de la piel desde un enfoque integral, donde el intestino deja de ser secundario para asumir un rol central.

La ciencia actual sobre la piel destaca el equilibrio intestinal como esencial para conseguir una dermis luminosa, uniforme y menos propensa a inflamaciones. No es una teoría alternativa ni una moda pasajera, sino un área de estudio cada vez más respaldada por la biomedicina y dermatología.

En este marco, el llamado “gut-skin axis” define la conexión bidireccional entre la microbiota intestinal y el estado cutáneo, un intercambio constante que afecta tanto a la aparición de imperfecciones como a los procesos de envejecimiento.

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El intestino: el segundo cerebro del organismo.

Conocido como el segundo cerebro del cuerpo humano, el intestino alberga billones de microorganismos que participan activamente en la regulación del metabolismo, la inflamación y las defensas inmunitarias.

Las alteraciones en este equilibrio microbiano, denominadas disbiosis, pueden provocar respuestas inflamatorias que se reflejan en acné, rosácea, dermatitis o pérdida de luminosidad.

Según Sanja Zivanovic, “nutrientes como colágeno, vitamina C, zinc y antioxidantes favorecen la reparación tisular, fortalecen la barrera cutánea y ayudan a controlar procesos inflamatorios desde adentro”. Sus palabras sintetizan un consenso actual: para que la piel luzca su mejor versión necesita un ambiente interno propicio.

La absorción adecuada de nutrientes es fundamental en este eje. Un intestino inflamado o permeable reduce la disponibilidad de vitaminas y minerales esenciales para sintetizar colágeno, regenerar células y proteger ante el estrés oxidativo. Incluso con una rutina estricta, los resultados pueden ser limitados si el sistema digestivo está desequilibrado.

“La piel refleja lo que sucede en el intestino. Cuando su ecosistema interno se altera puede producir acné, sensibilidad, inflamación y envejecimiento prematuro; si buscamos resultados visibles en el exterior debemos comenzar cuidando lo que ocurre dentro”, añade Zivanovic.

Esta idea conecta con una visión cada vez más extendida en dermatología moderna, que concibe la piel como un espejo del estado general de salud. El concepto de belleza holística —que integra nutrición, bienestar emocional y cuidado cutáneo— deja de ser una moda para transformarse en un nuevo paradigma.

La belleza ya no se limita a corregir defectos visibles sino que busca prevenir y fortalecer desde su raíz. Este enfoque cobra especial relevancia ante tendencias que priorizan el bienestar digestivo y el consumo responsable frente a soluciones rápidas.

Un regulador silencioso.

En este nuevo contexto, el intestino emerge como un regulador silencioso. Una microbiota diversa y equilibrada contribuye a disminuir la inflamación sistémica, mejorar las defensas inmunitarias y proteger la barrera cutánea.

Factores como estrés crónico, dieta baja en fibra o abuso de ultraprocesados pueden alterar este balance y causar efectos visibles en la piel sin identificar siempre su origen. “Tu intestino arruina tu piel sin que te des cuenta”, podría resumirse esta realidad incómoda.

Muchas alteraciones cutáneas persistentes no se deben únicamente a causas externas sino a desequilibrios internos invisibles; así, la piel manifiesta lo que el cuerpo no puede procesar de otro modo. La nutricosmética surge como una herramienta complementaria dentro de esta perspectiva integral.

El auge del eje “gut-skin” refleja un cambio profundo en cómo se aborda la belleza. Frente a la inmediatez y las intervenciones excesivas, la ciencia invita a mirar hacia adentro y comprender los procesos biológicos que sostienen la salud cutánea. El intestino —mucho tiempo excluido del discurso estético— ocupa ahora un lugar central.

De cara al futuro próximo, todo indica que esta visión seguirá ganando importancia. La piel ya no se interpreta solo como una superficie sino como un órgano vivo sensible a lo que ocurre internamente. Entender y cuidar el eje “gut-skin” se perfila como uno de los secretos para una belleza más consciente.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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