Fuente: Rodrigo Hernández López/rodrigo_herna¡ndez_la3pez@proceso.com.mx
REAPREHENSIÓN DEL CHAPO GUZMÁN: UNA DÉCADA DE FRACTURAS Y GUERRA EN EL CÁRTEL DE SINALOA
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).— Hace diez años fue capturado nuevamente Joaquín el Chapo Guzmán; sin embargo, ese suceso no representó la caída definitiva del Cártel de Sinaloa, sino el comienzo de una lenta pero imparable división que hoy redefine el escenario de violencia y narcotráfico en México.
El 8 de enero de 2016, el presidente Enrique Peña Nieto anunció en sus redes sociales: “Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”.
La tercera detención del Chapo desencadenó una implosión interna. El cártel se dividió y actualmente enfrenta un conflicto fratricida entre sus sucesores: los Chapitos —los hijos de Guzmán Loera— y la facción fiel a su compadre, Ismael el Mayo Zambada.
Los primeros efectos tras la recaptura fueron un espejismo de estabilidad. Durante 2016-2017, bajo el control del Mayo, el Cártel de Sinaloa sostuvo su dominio en rutas estratégicas para el tráfico de fentanilo y metanfetaminas hacia Estados Unidos.
No obstante, la ruptura definitiva ocurrió en julio de 2024, cuando Zambada fue arrestado en El Paso, Texas, junto con Joaquín Guzmán López, uno de los hijos del Chapo.
Lejos de ser una traición fortuita, documentos judiciales revelan que Guzmán López, enfrentando cargos por tráfico de fentanilo, secuestró y drogó al Mayo para entregarlo como muestra de cooperación al gobierno de Donald Trump.
Este “golpe de Estado narco” desató una tormenta. La facción de los Zambada —la Mayiza— leal al hijo Ismael el Mayito Flaco y compuesta por veteranos desde los noventa, comenzó a considerar a los Chapitos como “traidores ambiciosos”. Lo que inició con escaramuzas en zonas como Culiacán y Badiraguato escaló a una guerra civil que en 2025 se cobró cerca de dos mil vidas sólo en Sinaloa.
“Es una guerra sucesoria medieval: los Chapitos reclaman el trono por sangre, mientras que La Mayiza lo hace por antigüedad y lealtades”, analiza Eduardo Guerrero, director de Lantia Intelligence, en un informe de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), monitor global que recopila y analiza datos sobre conflictos y protestas.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, Sinaloa controlaba el 40% del mercado mundial de opioides, generando ingresos estimados en seis mil millones de dólares anuales. Sin embargo, la guerra interna ha debilitado su unidad, abriendo espacios para rivales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), dirigido por Nemesio Oseguera, el Mencho —quien continúa prófugo y por quien EU ofrece una recompensa de 15 millones de dólares— que ha aprovechado este caos.
“La fragmentación del Cártel de Sinaloa es una oportunidad para Jalisco: menos competencia en fentanilo y mayor control sobre rutas migratorias y extorsiones”, advierte el informe Mexico’s Organised Criminal Landscape 2025. Este pronostica un aumento en la violencia en estados como Guanajuato —con dos mil 84 asesinatos proyectados para 2025— y Tabasco, donde el CJNG impone cuotas a agricultores y transportistas.
En terreno, esta reconfiguración territorial es evidente. Sinaloa, cuna del narcotráfico, se divide: los Chapitos mantienen Culiacán pero pierden Badiraguato frente a La Mayiza, que ha formado alianzas con exzetas en Chihuahua. Por su parte, el CJNG expande su modelo franquicia infiltrando Veracruz e Hidalgo —según informes de analistas como Ghaleb Krame— imponiendo “piso” en huertos aguacateros y rutas del combustible.
La violencia también se intensifica en Michoacán y Guerrero: masacres como la aparición de 20 cuerpos en fosas sinaloenses en junio de 2025 reflejan un patrón nacional con 277 eventos similares durante la administración de Claudia Sheinbaum.
Expertos del Crisis Group señalan en su reporte de marzo de 2025 que sin una estrategia integral que incluya amnistías selectivas y desarrollo rural, la cifra podría alcanzar hasta 15 mil homicidios.
Una década después de la captura del Chapo, su legado criminal no son ruinas sino cenizas volátiles. Sus hijos, antes capos intocables, ahora colaboran como testigos protegidos ante tribunales en Manhattan “vendiendo” secretos a cambio de libertad condicional.
“El Chapo no era solo un capo; era el pegamento ideológico del cártel”, explica Vanda Felbab-Brown, especialista en crimen organizado del Brookings Institution. “Su ausencia dejó un vacío que sus hijos intentan llenar con violencia más que con visión”.
La historia reciente del Cártel de Sinaloa está marcada por liberaciones que han generado sospechas sobre colusión estatal y denuncias que han mostrado redes transnacionales.
Un caso emblemático es Ovidio Guzmán López, conocido como El Ratón y otro hijo del Chapo. En octubre de 2019, durante el gobierno de López Obrador, Ovidio fue capturado en Culiacán en un operativo conjunto con la DEA.
Sin embargo, ante la respuesta violenta del cártel —que incluyó bloqueos, tiroteos y toma del control parcial de la ciudad durante el llamado primer Culiacanazo— el presidente morenista ordenó su liberación para “evitar un baño de sangre”. La decisión fue confirmada por López Obrador y criticada como una capitulación ante el crimen organizado.
Ovidio fue recapturado en enero de 2023 en Jesús María, Sinaloa, durante un operativo en el que murieron diez militares; fue extraditado a Estados Unidos en septiembre del mismo año. Actualmente enfrenta cargos por tráfico de fentanilo y otras drogas; ha negociado un acuerdo culpable que incluye protección para 17 familiares.
En contraste, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar —los otros Chapitos— siguen prófugos; ambos tienen recompensas oficiales de 10 millones de dólares cada uno ofrecidas por el gobierno estadounidense bajo Donald Trump.
La fractura interna del Cártel se consolidó tras la captura del Mayo en 2024; sin embargo, desde 2017 ya existían disputas entre Los Chapitos y los aliados del Zambada.
En septiembre de 2024 estalló un conflicto abierto en Culiacán con narcobloqueos, tiroteos y profanaciones a tumbas. Un año más tarde se reportaron más de mil 800 muertes violentas, cientos de desaparecidos y comunidades convertidas prácticamente en pueblos fantasmas.
Zambada se declaró culpable en 2025 por cargos relacionados con narcotráfico y enfrenta cadena perpetua. Su captura —fruto del operativo liderado por Guzmán López— sacó a luz traiciones internas y acusaciones sobre colusión con autoridades mexicanas.
Otros protagonistas involucrados incluyen a Dámaso López Núñez, El Licenciado —quien negoció liberaciones anteriores— y Fausto Isidro Meza Flores “El Chapo Isidro”, capo criado bajo vigilancia militar que ahora disputa territorios clave.
En este contexto México extraditó durante 2025 a 26 narcotraficantes ligados a estas facciones; entre ellos están los yernos de Zambada así como operadores cercanos a Los Chapitos como Kevin Gil Acosta y Martín Zazueta.
La división sinaloense ha redibujado el mapa criminal nacional abriendo espacios que aprovecha el CJNG para expandirse. Catalogado por el Departamento de Justicia estadounidense como uno de los grupos más peligrosos, controla seis estados con presencia total o parcial en veinte más; focalizándose especialmente en puertos claves como Manzanillo y rutas hacia Zacatecas.
Una década tras la captura del Chapo Guzmán confirma la falla total de estrategias reactivas: liberaciones polémicas y acusaciones contra líderes han profundizado las divisiones internas; mientras tanto el CJNG se alza como principal dominador del narcotráfico mexicano.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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