Fuente: Marta Quéliz/marta_queliz@listindiario.com
La partida inesperada de Felicito fue un golpe duro para todos nosotros, sus hijos, nietos, su adorada esposa Tata y la comunidad de La Sabina, que siempre le brindó un respeto profundo y lo despidió con un cariño reflejo de todo lo que él se ganó en vida.
No hace falta compartir la misma sangre para que el amor fraternal sea inmenso, sincero y eterno. Bernardo Jiménez (Felicito) llegó a formar parte de nuestra familia cuando aún era un niño. Creció jugando y haciendo travesuras junto a mis hermanos.
Su madre Sunilda (Suna) entró a nuestro hogar con él pequeño, y mis padres lo acogieron como si fuera uno más de sus hijos. Yo, siendo la número 13 de los 14 hermanos que somos, ni siquiera había nacido aún, al igual que muchos otros de mis hermanos.
En otras palabras, Felicito ocupó un lugar especial entre los Quéliz Durán. Hoy nos duele despedirlo. Su partida nos rompe el corazón, pero nos deja la paz y la serenidad que solo da el haber cumplido con el deber.
Jamás lo dejamos de lado.
La salida repentina de Felicito fue un golpe muy fuerte para todos nosotros, sus hijos, nietos, su querida esposa Tata y para la comunidad de La Sabina que le mostró tanto respeto y lo despidió con una calidez que refleja lo mucho que se ganó en vida.
A pesar del dolor, nos conforta saber que partió a los brazos del Señor agradecido porque nunca estuvo solo. Siempre proclamaba con orgullo que éramos sus hermanos y contaba con nuestro apoyo. La gente siempre nos lo ha recordado y hoy usan ese vínculo para consolarnos ante su ausencia.
Su último mensaje de voz
“Buen día, buen día, mi hermana, mi hermana, mi hermana. ¿Cómo están todos por ahí? Supe que muchos están enfermos con esa gripe que circula. Cuídense mucho, está muy mala. Salúdame a los muchachos, al nieto… Por aquí estamos bien, aunque no puedo subirme a la moto porque me duele la columna, pero vamos mejorando a ver cómo pasamos la Navidad…”. Escuchar ese último audio me destroza el alma.
Dios le permitió disfrutar la Nochebuena, pero no el fin de año, una fecha que él gozaba preparando personalmente la comida para el 31. En ocasiones pudimos acompañarlo a saborear su gallina asada. Esos recuerdos y muchos más permanecerán en nuestros corazones eternamente.
Un viaje maravilloso para él
Hoy solo queremos pensar que Felicito ha sido recibido en la casa del Señor. Sabemos que partió ligero de equipaje. Nunca causó daño a nadie; solo tenía para dar bendiciones a todos. Siempre con una sonrisa, nunca malhumorado. Por eso creemos que emprendió un viaje fantástico.
Eso sí, nos dejó una tristeza profunda pero también muchas razones para recordarlo siempre. Guardamos con cariño las risas compartidas, su empeño en buscar verduras para enviarnos a la capital, así como esos momentos cuando mis hermanos contemporáneos recuerdan “la goma laca”, un término inventado por él durante una explicación escolar o aquella vez que vestido elegante cayó en la piscina durante la graduación de mi hijo Manuel Enrique.
Con su partida se va una parte importante de nuestra historia. Ahora nos consuela saber que se reúne con tantos seres queridos que partieron antes y a quienes amó y fueron amados por él. Descansa en paz, querido Felicito.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.










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