Fuente: Listin diario
La transición en los mandos es un hecho inevitable en la vida social, organizacional y política. Se presentan en gobiernos, corporaciones, centros educativos, sistemas de salud y también en las dinámicas familiares.
Aunque el cambio es un proceso natural, la incertidumbre que lo acompaña suele desencadenar ansiedad colectiva, resistencia emocional y conductas defensivas.
El temor humano no se dirige solo al cambio mismo, sino a la sensación de pérdida de control que surge cuando las normas conocidas parecen alterarse sin certezas claras.
Estas reflexiones pertenecen a Olga María Renville, psicóloga clínica y especialista en filosofía mental. “Desde la psicología conductual, la incertidumbre activa uno de los mecanismos cerebrales más básicos: la necesidad de prever el peligro. Cuando un liderazgo cambia, la persona se cuestiona —de forma consciente o inconsciente— ‘¿qué ocurrirá con mi estabilidad, mis derechos, mi rol y mi futuro?’. Esta percepción de amenaza no siempre responde a la razón, pero sí tiene un fuerte componente emocional. Por eso, las transiciones en el mando suelen ir acompañadas de rumores, polarización, estrés laboral, desconfianza y en algunos casos, parálisis colectiva”, detalla la experta.
De acuerdo con su experiencia, uno de los fallos más frecuentes ante un cambio de liderazgo es intentar negarlo o resistirlo con rigidez. La resistencia emocional no elimina la incertidumbre; por el contrario, la hace más intensa.
“La psicología actual indica que la adaptación saludable inicia cuando se acepta el cambio como un hecho y se distingue aquello que está bajo nuestro control de lo que no lo está. Esta diferenciación es fundamental para reducir la ansiedad y recuperar el sentido de agencia personal”, explica Renville.
En entornos organizacionales, por ejemplo, la incertidumbre aumenta cuando la comunicación es vaga o inexistente. El silencio prolongado, los mensajes contradictorios o la falta de claridad sobre las expectativas generan interpretaciones negativas extremas.
La mente humana tiende a completar la información ausente con suposiciones pesimistas. Por ello, una estrategia eficaz para evitar la incertidumbre consiste en fomentar una comunicación transparente, coherente y empática. “Informar no solo disminuye la ansiedad, sino que también fortalece la confianza y el sentido de pertenencia”.
A nivel personal, afrontar un cambio en el liderazgo requiere trabajar la tolerancia a la ambigüedad. No siempre habrá respuestas inmediatas disponibles y aceptar esta realidad es una habilidad psicológica esencial.
La flexibilidad cognitiva —la capacidad para adaptarse a nuevas reglas sin perder la propia identidad— se vincula con mayor bienestar emocional y menor agotamiento psicológico. Quienes desarrollan esta habilidad pueden reorganizar sus expectativas sin caer en un miedo paralizante.
Otro punto importante señala la psicóloga: evitar personalizar en exceso el cambio. Muchas personas perciben un nuevo liderazgo como una amenaza directa a su valor, competencia o posición.
Esta interpretación suele generar inseguridad, defensividad y conductas autodestructivas. Desde la psicología clínica se aconseja observar el cambio desde una perspectiva amplia, entendiendo que las modificaciones estructurales raramente constituyen ataques personales sino reconfiguraciones de sistemas mayores.
En el plano social y político, las transiciones de mando tienden a intensificar emociones colectivas como esperanza, temor o desconfianza. En este contexto, regular las emociones cumple un papel fundamental.
El consumo excesivo de información alarmista, la exposición constante a discursos polarizados y la repetición continua de narrativas catastróficas incrementan el estrés psicológico.
Una ciudadanía emocionalmente equilibrada es aquella que se informa críticamente, reflexiona antes de reaccionar y evita decisiones impulsivas basadas en el miedo.
Finalmente, evitar por completo la incertidumbre es imposible; el objetivo es aprender a convivir con ella saludablemente.
Bien gestionada, la incertidumbre puede transformarse en una oportunidad para crecer, redefinirnos y fortalecer tanto a nivel personal como colectivo. Los cambios en los mandos, abordados con conciencia psicológica, pueden abrir espacio para innovar, dialogar y construir formas de liderazgo más humanas y responsables.
Durante periodos de transición, la estabilidad no depende exclusivamente del líder sino también de la capacidad interna de las personas para adaptarse sin perder su equilibrio. Entender esto representa quizá el acto más grande de madurez psicológica frente al cambio.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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