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Ali, el Midas del boxeo que enseñó a contar en millones

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En un deporte donde la cuenta para proteger al boxeador caído dura apenas 10 segundos, Ali enseñó a los ganadores a contar en millones de dólares.

Fuente: Hoy Digital

El legado económico de Muhammad Ali: más allá del ring

Se ha hablado y escrito extensamente sobre el jab implacable, su baile desafiante, la oratoria impactante y el carisma de Muhammad Ali, pero su herencia más tangible se refleja en los números.

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En un deporte donde la cuenta para proteger al boxeador caído dura apenas 10 segundos, Ali enseñó a los ganadores a contar en millones de dólares. Fallecido hace casi una década, el 3 de junio de 2016, y que el 17 de enero habría cumplido 84 años, Ali fue considerado por los nostálgicos como “el más grande” no solo por su técnica. Fue un visionario que revolucionó el boxeo como si tuviera una varita mágica: lo transformó de un espectáculo basado en las ventas en las taquillas a convertirse en una industria global respaldada por transmisiones satelitales.

A sus compañeros pugilistas, el oriundo de Louisville (Kentucky), conocido al nacer como Cassius Marcelus Clay Jr., les mostró con su ejemplo un nuevo papel: pasó de ser un simple empleado a convertirse en el socio principal de cada pelea.

Recuerdos en tono sepia

Desde su debut profesional en 1960 ya mostraba una singularidad económica. Mientras que su primer rival, Tunney Hunsaker, ganó 300 dólares, él percibió 2.000. Esa diferencia inicial no fue casual sino la señal de un valor de mercado sin precedentes.

No obstante, el verdadero salto llegó el 25 de febrero de 1964 contra Sonny Liston. Aunque él recibió 362.000 dólares y Liston 1,3 millones, la victoria le brindó algo mucho más valioso que el dinero: el poder para negociar su propio estatus.

Esa noche significó otra revolución para el boxeo porque, con solo 22 años y proclamado campeón mundial de los pesos pesados, Cassius Clay pronunció una frase memorable: “¡Soy el más grande, sacudí al mundo!” Diez días después adoptó el nombre Muhammad Ali tras convertirse al Islam y convencido de que su nombre original era propio de un esclavo. Así encontró una identidad que representaba no solo su fe religiosa sino principalmente su libertad. Dejó entonces de ser un contratado para transformarse en la fuerza motriz detrás de cada evento, un ‘gate draw’ o “atractivo de taquilla” capaz de llenar arenas y vaciar bolsillos con la misma destreza con la que esquivaba golpes y lanzaba los suyos.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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