Fuente: Listin diario
Venezuela cuenta con algo más de 700 presos políticos, según la ONG especializada Foro Penal, con decenas de ellos recluidos en el Helicoide.
Considerado una joya arquitectónica y un centro comercial de vanguardia, el Helicoide terminó abandonado para transformarse en una prisión para presos políticos; su cierre marca el fin de una etapa de “tortura” y gran sufrimiento en Venezuela.
Familiares de los detenidos políticos que se encontraban frente a este lugar exclamaron “¡Libertad, libertad, libertad!” al enterarse de que la presidenta interina Delcy Rodríguez ordenó su transformación en un espacio cultural y deportivo.
Esta medida fue anunciada tras una amnistía general que abarca los 27 años de gobiernos chavistas, en medio de la presión ejercida por Estados Unidos tras derrocar a Nicolás Maduro mediante una operación militar el 3 de enero.
Venezuela cuenta con algo más de 700 presos políticos, según la ONG especializada Foro Penal, con decenas de ellos recluidos en el Helicoide.
La construcción del edificio con pasajes helicoidales que convergen en una gran cúpula inició durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1951-1958) como un lujoso centro comercial que nunca llegó a inaugurarse.
Después de décadas sin uso, la policía política de entonces (Disip) se trasladó allí en 1986, y desde entonces ha sido ocupado por la Policía Nacional y el temido servicio de inteligencia Sebin.
“Símbolo de gran tristeza”
Concebido en 1956 como un centro comercial que contaría con hotel cinco estrellas y helipuerto, El Helicoide es un imponente edificio piramidal situado sobre un cerro. El proyecto incluso fue exhibido en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).
Formó parte del plan urbanístico de una época dorada para el país.
“Todos los venezolanos sabemos lo que significa la palabra Helicoide; es sinónimo de mucha tristeza y torturas”, resume Raidelis Chourio, de 39 años, cuyo hermano está preso desde 2025 en otra cárcel. “Es un alivio que cierren ese lugar”.
Víctor Navarro, director de la ONG Voces de la Memoria, realizó una visita virtual a la cárcel que fue mostrada en alrededor de veinte países e incluso presentada ante el presidente de la Corte Penal Internacional (CPI), Piotr Hofmanski.
Recolecta testimonios de presos y presenta con crudeza un audio original donde se escuchan gritos de dolor acompañados del sonido de descargas eléctricas.
“Fui testigo y víctima a la vez de torturas. Me pusieron una pistola cargada y desbloqueada en la boca (…), me golpeaban”, relató Navarro a la AFP en 2023.
Estuvo detenido cinco meses en 2018 en el Helicoide y no dudó en calificarlo como “el mayor centro de tortura no solo en Venezuela sino en América Latina”.
Logró su liberación gracias a una negociación política que incluyó la excarcelación de presos políticos utilizados como moneda de cambio por el poder.
“Espacio para la memoria”
La CPI investiga posibles crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de Maduro en Venezuela. La ONU también ha denunciado “detenciones arbitrarias, violaciones al debido proceso” así como casos de “tortura y desapariciones forzadas”.
Las autoridades siempre han negado estas acusaciones y cuestionan las investigaciones al considerarlas una “instrumentalización” política del sistema judicial internacional.
Maduro llegó a afirmar que el Helicoide era una “referencia moral”. Entre las polémicas relacionadas con el edificio destacan un gran espectáculo pirotécnico para inaugurar la Navidad ordenado por el mandatario en octubre, visto como una provocación, y la instalación de una cancha de baloncesto para un equipo profesional vinculado a los cuerpos de seguridad.
“En Venezuela se ha torturado y aún se tortura”, afirmó Marino Alvarado, reconocido defensor de derechos humanos, a la AFP. “El verdadero desafío es que cesen las torturas en Venezuela”, más allá del anuncio oficial.
Alvarado detalló prácticas como el uso de corriente eléctrica en distintas partes del cuerpo dentro del Helicoide, tal como denunció Navarro. También mencionó métodos como asfixiar con bolsas plásticas, sumergir la cabeza bajo el agua y colgar a personas por los brazos mientras son golpeadas con bates.
Insistió en que, más allá del uso cultural anunciado, el Helicoide debería convertirse “en un espacio para la memoria”. “No creo que quienes gobiernan hoy lo hagan porque implicaría exponer todo el horror cometido”.
Por ahora, los familiares se conforman con que abran las celdas y termine esa pesadilla.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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