Fuente: Hoy Digital
Al referirnos a grandes maestros y pensadores, es fundamental entender el contexto y la época en que vivieron, para así poder evaluar su impacto, relevancia y aplicación en la actualidad, donde todo se cuestiona y contradice.
Reconocido como el “Maestro Kong”, vivió entre los años 551 y 479 a.C. Desempeñó diversos roles como cuidador de ovejas, carpintero, maestro y funcionario durante distintos momentos de la Dinastía Zhou, un período clave en China por el surgimiento de destacados filósofos y el desarrollo cultural, literario, musical, agrícola y metalúrgico. Confucio combinó su labor docente con funciones estatales, aunque su enseñanza se difundió ampliamente en la Dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.), que, a diferencia de Zhou, sobresalió por su expansión territorial, avances tecnológicos como la invención del papel y metalurgia, y por consolidar un modelo estatal.
A través de sus enseñanzas y principios fue ganando reconocimiento Confucio, quien demostró una notable capacidad de previsión política y promovió el respeto hacia el ser humano. Compartía con sus discípulos saberes ancestrales. Sus lecciones giraban en torno a la buena conducta, la justicia, el respeto hacia los ancestros y mayores, la calidad del buen gobierno, el mantenimiento de tradiciones, la importancia del estudio y la meditación, el amor al prójimo y la práctica de virtudes tales como la tolerancia, bondad, benevolencia, ejemplaridad y armonía.
Confucio es considerado una autoridad moral en China y gran parte de Asia. Sus normas morales y cívicas han marcado profundamente la formación espiritual e idiosincrática de China y otras naciones vecinas. Según sus propias palabras, su pensamiento reunía cualidades heredadas de antepasados. Su legado filosófico es valorado como un ejemplo supremo de civilidad. Representa la esencia de la espiritualidad y los valores políticos más respetados en China, tanto por su ética como por el humanismo que promueve. Sus reflexiones morales, cívicas y éticas deberían ser un modelo a seguir para las generaciones actuales, especialmente para quienes ejercen funciones políticas, sector al que Confucio dirigió gran parte de su mensaje. “El más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar, y profesa solamente lo que practica”. Si esto se cumpliera hoy día, contaríamos con una civilización global mucho más humana, justa y consciente.
Confucio dedicó gran atención a la formación juvenil destinada a cargos gubernamentales. Propuso dos fases educativas: una inicial de doce meses seguida por otra de tres años para completar su preparación. Para los funcionarios planteaba basarse en principios fundamentales como amar a su pueblo, facilitar sus condiciones de vida, actuar con honestidad e integridad, estar atentos a las tentaciones o errores lógicos y cultivar buenas relaciones humanas. Los superiores debían proteger a sus subordinados, quienes a su vez merecían respeto y lealtad; siempre manteniendo como objetivos primordiales la armonía y la paz, recordando que dependemos de lo que denominaba la voluntad del cielo.
En nuestros días todos podríamos ser coherentes con la filosofía confuciana que resalta virtudes como sinceridad, honestidad y responsabilidad; para ello se requiere mejor preparación personal junto con autocrítica para alcanzar sabiduría —una etapa superior al simple conocimiento— que permite afrontar los tiempos tecnológicos actuales y contribuir a una sociedad cada vez más deshumanizada debido al distanciamiento social e incremento del individualismo. Entre las enseñanzas filosóficas confucianas vigentes está: “si sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”, complementado con “aprender sin reflexionar es malgastar energía”.
Volver sobre las reflexiones del maestro chino nos invita a entender la necesidad constante de educarnos, prepararnos, esforzarnos y cuestionarnos; requisitos indispensables para enfrentar la vida en cualquier lugar o época. Dejemos atrás la autosuficiencia porque siempre hay algo nuevo que aprender cada día. Actualmente nos lamentamos por resultados deficientes en servicios públicos; formémonos para ejercer con calidad. Para Confucio “quien gobierna por medio de su excelencia moral puede compararse a la estrella polar”, es decir, debe ser un faro guía.
Confucio es visto como una autoridad moral no sólo en China sino también en gran parte de Asia. Sus preceptos morales y cívicos han influenciado profundamente la espiritualidad e identidad cultural chinas así como las naciones circundantes. Según sus propias palabras condensaba cualidades transmitidas por sus antecesores. Su legado filosófico representa una elevada civilidad; constituye el núcleo espiritual y político más respetado en China gracias tanto a su ética como al humanismo inherente en su pensamiento. Forma parte esencial de la idiosincrasia china. Sus enseñanzas morales deberían guiar el comportamiento actual especialmente entre los políticos —grupo al cual se dirigió mayormente— pues “el más elevado tipo de hombre es quien obra antes de hablar y solo profesa lo que practica”. De cumplirse esto en el liderazgo global tendríamos hoy una civilización mucho más justa, humana y consciente.
Sin duda sus reflexiones configuran una filosofía política basada en una alta ética social e humanista imprescindible para cualquier sociedad moderna que lo necesita urgentemente. Confucio educaba a sus discípulos con principios necesarios para un buen gobierno e intuía que “en un país bien gobernado la pobreza es motivo de vergüenza; pero en uno mal gobernado lo es la riqueza”. Así pues su pensamiento podría contribuir a rescatar virtudes morales y sociales esenciales hoy día como honestidad y lealtad política hacia los gobernados; precisamente aquello que urge recuperar en muchas partes del mundo actual.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









Agregar Comentario