Fuente: elEconomista.es
Estados Unidos (EE. UU.) y Rusia han estado manteniendo negociaciones discretas durante varios meses para reconfigurar el equilibrio de poder mundial tras el fin del “momento unipolar”, que se extendió desde el cierre de la Guerra Fría hasta la mitad de la segunda década del siglo XXI.
Desde la desaparición de la Unión Soviética, EE. UU. albergó ambiciones que no pudo materializar.
Washington buscaba consolidarse como la potencia hegemónica global e instaurar una paz mundial bajo sus propias condiciones, lo que implicaba transformar los regímenes políticos internos de numerosos países, sin importar si estos estuvieran de acuerdo o no.
Este plan llevó a la política exterior estadounidense a una situación insostenible, ya que sus aspiraciones superaban sus capacidades para lograrlas y no coincidían con los intereses concretos del país.
La administración del presidente Donald J. Trump (DJT) está corrigiendo ese rumbo.
El reciente documento sobre estrategia de seguridad nacional de EE. UU., divulgado en noviembre de 2025, da cuenta oficial del cambio en curso debido a las limitaciones de recursos y capacidades para mantener el proyecto de hegemonía global.
Las prioridades ahora se centran en los tres pilares fundamentales para la nación: seguridad, prosperidad y gobernanza interna, desde donde se definirán las proyecciones internacionales.
Esta nueva orientación obliga a Washington a renunciar a muchas de sus antiguas ambiciones mundiales y enfocarse principalmente en su entorno geográfico inmediato, es decir, el continente americano.
Este reconocimiento por parte de Washington del nuevo equilibrio global implica también aceptar que EE. UU. no podrá derrotar ni transformar a sus adversarios o competidores para que adopten un sistema similar al estadounidense.
Así, EE. UU. debe pactar con ellos y respetar sus ‘líneas rojas’, tal como está haciendo el presidente DJT.
Desde la reunión entre DJT y Vladimir Putin en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025, Rusia y EE. UU. negocian ese entendimiento mutuo, mientras DJT confunde a europeos, ucranianos y al “Estado profundo” estadounidense acerca de sus verdaderas intenciones.
El 21 de enero de 2026 DJT viajó a Davos, Suiza, para denunciar la farsa que representa esa reunión internacional y aprovechar la atención mundial para exhibir cómo funciona la nueva política exterior estadounidense.
Allí, al día siguiente, DJT se reunió con Zelensky por menos de una hora; tras este encuentro el ucraniano salió insultando al presidente estadounidense y a los líderes europeos.
En contraste, ese mismo día en Moscú tuvo lugar un encuentro entre los enviados de DJT —Jared Kushner, Steve Witkoff y Josh Gruenbaum— y el presidente Vladimir Putin junto a sus dos colaboradores en estas negociaciones con EE. UU., Yuri Ushakov y Kirill Dmitriev.
Kushner, yerno de DJT, y Witkoff son empresarios que ya habían conversado con Putin; a ellos se sumó Gruenbaum, de 38 años, con experiencia en KKR y especializado en compra y venta de activos.
Ushakov, exembajador ruso ante EE. UU. y actual asesor en política exterior del Kremlin, junto con Dmitriev, empresario y máximo responsable del fondo soberano ruso Direct Investment Fund, participan desde 2025 en este tipo de diálogos.
La reunión en el Kremlin duró cinco horas, concluyó a las cuatro de la madrugada y fue descrita por los rusos como “franca”, lo que indica que no fue sencilla.
Putin informó a los representantes estadounidenses que Rusia posee pruebas sobre un intento de asesinato por parte de un grupo de servicios secretos estadounidenses mediante el bombardeo ucraniano contra su residencia en Valdai, Moscú, ocurrido el 29 de diciembre de 2025.
Además, Putin preguntó sobre lo tratado entre EE. UU., Zelensky y los líderes europeos durante las semanas previas.
Este encuentro desembocó en otra reunión celebrada en Abu Dabi los días 23 y 24 de enero de 2026 con responsables de seguridad de EE. UU., Rusia y Ucrania; Moscú envió generales de su inteligencia militar para prevenir nuevos episodios de ‘guerra sucia’ como el incidente en Valdai.
Zelensky intentó desinformar afirmando que en Abu Dabi se acordaría primeramente un cese al fuego; Rusia dejó claro hace meses que esto no ocurriría salvo que Ucrania aceptara perder parte de su territorio.
Por su parte, Putin manifestó estar conforme con la invitación del presidente DJT para integrarse al denominado Consejo de la Paz (Board of Peace), comprometiéndose a aportar $1 millardo proveniente de los $5 millardos congelados en EE.UU. pertenecientes a fondos rusos.
También señaló que Groenlandia no es una cuestión concerniente a Rusia, lo que sugiere que DJT y Putin negocian un intercambio entre Gaza y Groenlandia a cambio del control completo sobre Novorossiya.
Europa no está adaptándose bien a esta nueva realidad; prefiere ignorarla con la esperanza ilusoria de que todo continúe igual e intenta centrarse únicamente en economía y seguridad delegada a EE.UU.
Sin embargo, EE.UU. dejará de ser el garante proveedor de seguridad para Europa, lo cual augura un futuro complicado para el Viejo Continente al no contar con las capacidades militares necesarias para defenderse por sí mismo.
Europa ha abandonado la diplomacia como medio para relacionarse con otras potencias globales como Rusia y China; se ha convertido en una carga para EE.UU., que ha perdido confianza en ella debido a la corrupción percibida en sus democracias y en el sistema europeo comunitario.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









Agregar Comentario