Fuente: Listin diario
Las caídas en adultos mayores no solo causan daños físicos, sino que también afectan el ámbito emocional. Muchas personas desarrollan el síndrome del miedo a caer, un temor intenso y a menudo infundado, aunque hasta un 85% de quienes han sufrido una caída teme volver a caerse.
La posibilidad de sufrir una caída es una amenaza constante para la salud de los adultos mayores, al igual que las graves repercusiones que pueden derivarse de ellas.
Más del 87% de las fracturas en este grupo poblacional son consecuencia de caídas, siendo las lesiones en cadera, columna vertebral, muñeca y pelvis las más peligrosas. Además, estas caídas pueden provocar traumatismos craneoencefálicos, daños en órganos internos y dolor persistente.
El daño no se limita al aspecto físico, ya que también incide en el plano emocional. Aparece entonces el síndrome del temor a caer, un miedo profundo y frecuentemente injustificado; sin embargo, hasta un 85% de las personas que han experimentado caídas temen volverse a caer.
El doctor Radhamés Corona, médico general especializado en atención primaria geriátrica del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE), ofrece detalles al respecto para Listín Diario.
“El adulto mayor pierde su confianza y seguridad para caminar solo, lo que genera ansiedad y una dramática caída en su autonomía. Al pasar de ser autónomo a depender de otros, suele desembocar en depresión, tristeza, desesperanza, sentimientos de impotencia e incluso suicidio”, explica el experto.
A continuación, la entrevista completa con el especialista.
¿Por qué representan las caídas uno de los principales riesgos para la salud en los adultos mayores?
Esto se debe a la combinación entre una fragilidad biológica incrementada con la edad y las severas consecuencias funcionales que puede causar un trauma.
¿Cuáles son los factores más comunes que incrementan el riesgo de caídas?
Entre los factores intrínsecos o biológicos destacan: debilidad muscular especialmente en las piernas (sarcopenia); problemas en el equilibrio y la marcha derivados de artritis, Parkinson o neuropatía; deterioro sensorial como cataratas, glaucoma o hipoacusia; uso de medicamentos como sedantes, antidepresivos o antihipertensivos; polifarmacia; enfermedades crónicas como diabetes o hipotensión ortostática; incontinencia urinaria y deterioro cognitivo.
Los factores ambientales (extrínsecos) responsables hasta del 50% de las caídas incluyen mala iluminación en habitaciones, pasillos y escaleras; obstáculos en el suelo como alfombras sueltas, cables eléctricos u objetos desordenados; mascotas que se cruzan; superficies resbaladizas en baños; escalones irregulares; ausencia de barandas; pisos con losetas muy lisas; y calzado inapropiado como pantuflas, chanclas sueltas o zapatos sin tacón adecuado.
Factores situacionales y psicológicos como la prisa al intentar atender llamadas o ir rápidamente al baño, levantarse apresuradamente del sillón o cama; distracciones al caminar (especialmente por usar dispositivos móviles) y el miedo a caer —que reduce la actividad física debilitando músculos— también aumentan el riesgo real.
¿Existen diferencias en los riesgos entre un adulto mayor que vive en casa y otro que reside en un centro de cuidado?
Sí. En casa hay mayor autonomía pero también más riesgos por accidentes no supervisados debido a barreras arquitectónicas, falta de atención ante emergencias, aislamiento y soledad. En cambio, los centros geriátricos certificados por CONAPE suelen estar libres de barreras arquitectónicas, eliminan rápidamente peligros físicos y atienden prioritariamente problemas de salud.
No obstante, allí aumentan los riesgos psicosociales y colectivos generando impactos psicológicos mayores como pérdida de autonomía y aislamiento social autoimpuesto.
Además existe peligro de malos tratos o atención deficiente si el centro carece de personal motivado, capacitado, empático y suficiente para atender adecuadamente a cada residente.
¿Qué hábitos saludables ayudan a disminuir el riesgo de caídas?
Siguiendo el lema del CONAPE: “Por un envejecimiento Activo, Productivo, Participativo y Protegido”, se recomienda mantener actividad física desde antes de los 65 años para fortalecer el cuerpo y mejorar coordinación.
Por eso en centros geriátricos orientados por resultados se practican ejercicios como Tai Chi; rutinas para fortalecer rodillas y piernas mediante sentarse y levantarse; actividades aeróbicas moderadas; uso de pesas para fortalecer músculos; y caminatas para mejorar equilibrio.
También se aconseja que quienes viven en casa hagan revisiones médicas semestrales o según sus necesidades. En residencias geriátricas se recomiendan controles mensuales mínimo.
Se recomienda usar calzado cerrado con suelas antideslizantes cuando sea posible; asegurar buena iluminación nocturna en pasillos, habitaciones y baños; mantener pisos libres de cables o alfombras sueltas; instalar barras de apoyo donde haga falta; y colocar alfombras antideslizantes en duchas o bañeras.
¿Qué consecuencias físicas, emocionales y sociales puede tener una caída en esta etapa?
En la vejez una caída trasciende el daño inmediato. Frecuentemente desencadena un síndrome geriátrico cuyos efectos progresan hasta causar incapacidad funcional e incluso la muerte.
Físicamente más del 87% de fracturas ocurren por caídas siendo las más graves las ubicadas en cadera, columna vertebral, muñeca y pelvis. También pueden causar traumatismos craneoencefálicos, lesiones internas y dolor crónico.
Cuando quedan postrados tras una caída enfrentan riesgo elevado de deshidratación, hipotermia, neumonía, úlceras por presión, sarcopenia, rigidez articular y episodios recurrentes que agravan su estado.
En lo emocional aparece el síndrome del miedo a caer: un temor intenso e infundado pero presente en hasta un 85% tras haber sufrido una caída previa.
Además socialmente existe alta probabilidad de aislamiento al dejar actividades comunitarias o visitas familiares. Depender para tareas básicas genera estrés tanto para ellos como para familiares o cuidadores institucionales.
Uno de los peligros más grandes es la sobreprotección porque fomenta dependencia impidiéndoles realizar actividades aún posibles dentro de su entorno habitual.
¿Qué ejercicios o actividades recomienda para mejorar equilibrio, coordinación y movilidad?
Se sugieren ejercicios como Tai Chi; danzaterapia; zumba; musicoterapia; saltar cuerda; lanzar y atrapar objetos; movilidad articular; yoga; rotaciones articulares; estiramientos; caminatas entre otros.
¿Qué mensaje tiene para familias, cuidadores y responsables sobre crear espacios seguros para adultos mayores?
Diseñar ambientes seguros y acogedores es un acto genuino de amor, responsabilidad y respeto hacia su dignidad y derechos humanos. En esencia es justicia hacia quienes han entregado mucho a su país, comunidad y familia.
Espacios sin obstáculos con pisos antideslizantes, pasamanos adecuados, buena iluminación y temperatura adecuada promueven autonomía fortaleciendo salud mental y autoestima.
¿Cuál es la relevancia de la alimentación e hidratación en la prevención?
Consumir proteínas y lácteos resulta esencial para conservar masa muscular y densidad ósea disminuyendo riesgos tanto para evitar caídas como minimizar gravedad ante fracturas. La hidratación previene bajones bruscos de presión al levantarse así como problemas cognitivos que predisponen tropiezos. Además mantiene articulaciones lubricadas evitando calambres.
¿Qué señales deben observar familiares o cuidadores?
En casa conviene detectar olvidos frecuentes, repeticiones al preguntar algo básico o dificultad para nombrar objetos comunes. Signos incluyen perderse en sitios conocidos o colocar objetos fuera de lugar (p.ej., teléfono en nevera). Dificultades para pagar cuentas o hacer tareas cotidianas también alertan.
Pérdida súbita de peso o apetito bajo junto con deshidratación frecuente son señales importantes. Caídas recurrentes espontáneas junto hematomas sin causa aparente deben ser vigiladas.
En residencias es vital valorar calidad vida observando si residentes están desaseados con ropa sucia u olores desagradables o permanecen demasiado tiempo acostados sin justificación clínica.
Cambios repentinos como aislamiento social extremo miedo a salir o llanto frecuente requieren atención inmediata. Úlceras por presión indican falta rotación cuidadosa. Andadores o sillas defectuosos son otro indicio preocupante.
También debe evaluarse respuesta tardía ante llamados urgentes así como ausencia actividades sociales significativas más allá del dominó o televisión. Personal que evita contacto visual o da respuestas evasivas refleja baja calidad asistencial.
Finalmente si cuidador luce agotado con insomnio ansiedad o deterioro salud esto compromete sin duda seguridad del adulto mayor bajo su cuidado.
¿Cómo influye el acompañamiento emocional y supervisión continua en prevenir accidentes?
El respaldo emocional impacta positivamente la seguridad física reduciendo estrés ansiedad que provocan rigidez muscular e inseguridad al caminar.
Favorece aceptación del uso adecuado de bastones muletas andadores o prótesis sin menoscabo de dignidad ni sensación negativa sobre sí mismos.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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