Fuente: Listin diario
Frases comunes como “Porque me lo merezco”, “me di un gusto” o “para eso trabajo” son usadas por muchas personas para justificar sus gastos, deudas y excesos. Sin duda, todas estas expresiones son legítimas.
El problema surge cuando estas justificaciones dejan de ser ocasionales y se convierten en la razón principal detrás de cada compra. De hecho, conozco personas que, al aferrarse a estas excusas, han caído en una crisis financiera difícil de superar.
Recientemente, una amiga muy cercana me contó que está atravesando un momento complicado porque su negocio quebró. Como consecuencia, perdió su apartamento y le embargaron su vehículo de lujo debido a que no pudo seguir pagando el financiamiento.
“Para que te hagas una idea, tuve que regresar a vivir con mi mamá, quien ahora me está manteniendo. Estoy intentando emprender de nuevo, pero ha sido muy difícil”. Ella me autorizó a compartir su historia porque espera que otros puedan evitar llegar a una situación similar.
Cada día sentía que merecía más y más. Cambiaba de automóvil con frecuencia. Pensaba que mientras sus ventas crecían, debía llevar un estilo de vida lujoso y abundante. Carteras, zapatos y ropa de marcas costosas; vivienda en una zona exclusiva; viajes; comidas elegantes en restaurantes; y mostrarse siempre impecable formaban parte del estilo de vida de esta mujer que hoy se lamenta con un “porque me lo merezco”.
Estas dos poderosas razones fueron las que acabaron con el negocio de quien creía merecerlo todo. “Le di tanta importancia a darme mis gustos que cuando me di cuenta había quebrado hasta tal punto que fue muy difícil recuperarme. Mis deudas superaron las ganancias. Cuando todo estaba en ruinas, mi esfuerzo no fue suficiente, y los impuestos aumentaban las pérdidas. El derroche en el que caí no solo me llevó a la quiebra sino también a una profunda depresión y ahora, irónicamente, ni siquiera puedo pagar un psicólogo. Mi mamá me está ayudando”. Seguramente hay muchos casos similares al suyo causados por un “me lo merezco” sin control.
Para apoyarla a superar el golpe provocado por dejarse llevar por el “para eso trabajo”, la llevé a una ciudad maravillosa donde desde la infancia a los niños y niñas se les enseña la importancia de ser merecedores de respeto, admiración, empatía y otras virtudes conseguidas mediante valores, principios y esfuerzo.
Gracias a esta educación, cuando son adultos pueden trabajar para tener una vida digna sin caer en excesos, sin buscar impresionar a otros, sin competir ni acumular deudas ni intentar encajar… En definitiva, abandonan el “porque me lo merezco”, pues saben que solo debe aplicarse con moderación. Ese viaje la ayudó a prepararse para su segunda oportunidad.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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