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La habilidad de conquistar sin hablar usando un abanico de mano

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En sus primeras versiones, el abanico ayudaba a mitigar el calor y se fabricaba con hojas de palma o plumas sujetas a un marco.

Fuente: Listin diario

Mucho más que un simple instrumento para combatir el calor, el abanico de mano ha representado a lo largo del tiempo un emblema de elegancia, empoderamiento femenino y comunicación tácita.

El abanico de mano trae a la memoria momentos íntimos y escenas llenas de distinción. Mi abuela materna, algunas tías y amigas solían usarlo; también mi madre, reservándolo para ocasiones especiales, encuentros al aire libre o ceremonias donde el calor requería una solución tan efectiva como sofisticada.

Para ellas, no era un objeto común. Lo mantenían con esmero, conscientes de su delicada confección y de su papel como símbolo de prestigio, tradición y feminidad a través de los siglos.

Su origen se sitúa en la Antigüedad, con evidencias claras de su uso entre las clases privilegiadas de civilizaciones como la babilónica, egipcia, persa, griega y romana. En sus primeras versiones, el abanico ayudaba a mitigar el calor y se fabricaba con hojas de palma o plumas sujetas a un marco. Estos primeros ejemplares, denominados flabelos, pronto se transformaron en objetos de lujo exclusivos para la élite social.

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En el antiguo Egipto, por ejemplo, podían alcanzar gran tamaño: largos bastones coronados con plumas coloridas, habitualmente de avestruz, que usaban sirvientes para refrescar a sus amos y alejar insectos.

Historia

Su diseño se inspira en las alas del murciélago y los primeros abanicos plegables provienen del Sudeste Asiático. El modelo actual surge en Corea durante el siglo X bajo la dinastía Goryeo. Posteriormente, la dinastía Ming lo introduce en China y luego llega a Japón en la era Tokugawa, donde nace el sensu: un abanico plegable decorado que forma parte integral del vestuario ceremonial y cultural japonés.

En el siglo XVI, navegantes y mercaderes portugueses lo llevaron a Europa, donde se convirtió en un complemento indispensable para las mujeres de alta sociedad. Representando estatus y sofisticación, se elaboraba con materiales nobles como seda, encaje y marfil. La fabricación del abanico pasó a ser un arte verdadero: muchos eran pintados a mano con escenas galantes, paisajes o motivos florales, convirtiéndose en auténticas piezas coleccionables.

Aunque inicialmente fue usado tanto por hombres como por mujeres, fue durante la Edad Media y el Renacimiento cuando el abanico adquirió un rol especial como medio femenino de comunicación no verbal. Las damas nobles desarrollaron un lenguaje codificado mediante gestos y movimientos para expresar emociones, intenciones y sentimientos sin pronunciar una palabra.

Una forma refinada y discreta de coqueteo que les permitía comunicarse sin alertar la vigilancia paterna. Abanicarse lentamente indicaba indiferencia; apoyarlo en la mejilla derecha señalaba aceptación; en la izquierda denotaba rechazo; cubrirse el rostro advertía “cuidado, nos observan”; y abrirlo sobre el pecho a la altura del corazón era una clara manifestación de amor.

Catalina de Médicis contribuyó decisivamente a su popularización en Francia tras casarse con el rey Enrique II, mientras que su hijo Enrique III lo consolidó como accesorio refrescante de moda. Se cuenta que la reina Isabel I de Inglaterra pagó una suma considerable por adquirir esta lujosa novedad. Durante la era victoriana del siglo XIX, el abanico vivió su auge máximo en Europa con diseños cada vez más elaborados adornados con joyas, encajes y finas ilustraciones pintadas a mano.

Con la llegada del siglo XX y los avances tecnológicos, su uso cotidiano disminuyó aunque nunca perdió su valor como complemento de moda ni como objeto de colección. Hoy día renace con materiales innovadores y estilos vanguardistas, transformándose en una expresión de estilo y personalidad. Presente en bodas, celebraciones juveniles, eventos corporativos y decoraciones diversas, continúa conquistando por su encanto atemporal.

Desde las antiguas culturas egipcia, china, griega, persa y babilónica hasta su consolidación en Europa durante los siglos XIX e inicios del XX, el abanico de mano ha superado su función práctica para convertirse en símbolo femenino de elegancia y lenguaje silencioso del coqueteo. Un accesorio que refresca el cuerpo mientras expresa emociones con sutileza y gracia.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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