Fuente: Listin diario
Aunque no se desconoce la cifra precisa de empleos suprimidos, The New York Times ha reportado que cerca de 300 de los 800 periodistas habrían sido despedidos. Otras fuentes estiman que corresponde al 30 % del total del personal.
El anuncio de despidos masivos en The Washington Post, emblemático diario que reveló el caso Watergate y cuyo lema es “la democracia muere en la oscuridad”, ha generado preocupación en Estados Unidos sobre el posible declive del periodismo y las consecuencias que esto podría tener para la libertad de expresión y las instituciones durante la era Trump.
Las reglas a veces están hechas para romperse y, aunque la norma fundamental del periodismo indica que los periodistas no deben ser protagonistas de las noticias, esta semana, al menos en Washington D.C., ellos sí lo fueron.
Una reunión virtual de apenas 12 minutos el 4 de febrero sirvió para que Matt Murray, director de The Washington Post (TWP), confirmara a los empleados el rumor que llevaba semanas circulando: el periódico llevaría a cabo una reestructuración con una importante ola de despidos.
Aunque no se ha comunicado la cantidad exacta de puestos eliminados, The New York Times informó que aproximadamente 300 de los 800 periodistas habrían sido despedidos. Otros datos apuntan a un recorte del 30 % en la plantilla.
Desaparecen las secciones dedicadas a deportes, libros y el pódcast diario “Post Reports”. Tanto la información local como internacional, pilares del rotativo, se ven reducidas considerablemente y se prescinde de corresponsales extranjeros y enviados especiales, lo que implica la eliminación completa de los equipos en Oriente Medio y Ucrania.
The Washington Post, que lanzó su primera edición el 6 de diciembre de 1877 con cuatro páginas a un precio de tres centavos, ha pasado de ser un periódico familiar local a una institución nacional y un símbolo de la libertad de expresión, no solo dentro de Estados Unidos.
El ejemplo más claro de lo que representa es, sin duda, el caso Watergate, aquella noticia local simple que desencadenó un terremoto político que sacudió los cimientos de la Casa Blanca y provocó la renuncia del presidente republicano Richard Nixon en 1974.
Jeff Bezos, estadounidense fundador de Amazon y uno de los hombres más ricos del mundo, adquirió el diario en 2013 y en su primera reunión lanzó un mensaje tranquilizador a los empleados, quienes enfrentaban dificultades financieras, al anunciar una “nueva era dorada”.
Tras hacerse públicos los despidos esta semana, no ha habido pronunciamiento por parte de Bezos. Su última reflexión sobre la situación del periódico, a finales de 2024, fue: “salvamos The Washington Post una vez y lo salvaremos de nuevo”.
Por ello, numerosas voces sugieren que detrás de estos recortes hay motivos más allá de lo económico. “La destrucción del Post forma parte de un plan”, lamenta la periodista Ashley Parker en un artículo para The Atlantic.
También Marty Baron, exdirector ejecutivo de The Washington Post y quien lleva meses advirtiendo sobre esta posibilidad, acusó a Bezos de implementar decisiones “mal concebidas”, como ordenar que el Post no respaldara a ningún candidato presidencial en 2024, y criticó los “intentos inquietantes de congraciarse con el presidente Trump”.
No obstante, no todos los periodistas sienten igual libertad para expresar sus opiniones.
El pasado jueves, en una fría pero luminosa mañana entre los restos de nieve dejados por la última tormenta en la capital estadounidense, tuvo lugar una protesta frente al edificio One Franklin Square, sede del periódico en Washington.
Centenares de personas coreaban consignas mientras vestían camisetas rojas con mensajes reivindicativos y portaban pancartas con lemas como “Don’t murder The Post” (“No asesinen al Post”).
Sin embargo, predominaba también el silencio. Muchos periodistas aún activos rechazaban responder preguntas sobre los despidos. “Entiéndelo, es muy delicado” o “seguimos trabajando aquí” eran algunas respuestas breves.
Otros preferían mantener el anonimato pero sí compartían sus temores. “Es un día muy triste. Este periódico es una defensa esencial contra cambios aterradores en nuestra política y cultura. Creo que estamos al borde de dejar de ser una democracia libre y, en algunos casos, ya hemos pasado a un modelo autoritario”, confesaba un periodista con varias décadas en la cabecera.
Algunos más jóvenes y quizás con menos riesgo se animaban a dar su nombre (sin más detalles), como Timmy: “A mí no me han despedido, pero me enfurece saber que el dueño tiene el poder para cambiar las cosas y no dice nada. Creo que hay algo oculto… quizá relacionado con Trump”.
Excompañeros del Washington Post acudieron también a la protesta para mostrar su solidaridad; entre ellos Tom Jackman, reportero en la sección local durante 27 años, quien calificó lo sucedido como “desgarrador”.
“Pensábamos que Bezos nos apoyaba. Él dijo que sí lo hacía. Necesitamos hacer periodismo”, agregó Jackman.
Claire Tran, quien trabajó dos años como editora de redes sociales en el Post, participó también denunciando que “la frase ‘la democracia muere en la oscuridad’ es cierta y Bezos está apagando las luces. Está dejando al periódico sumido en la oscuridad”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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