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Pelegrín Castillo advierte que Haití ha ingresado en su “etapa más crítica” y pide decretar estado de excepción en la frontera

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Para ello debe descartarse definitivamente el fallido esquema binacional insular bajo hegemonía dominicana planteado como Estado Mercado.

Fuente: Listin diario

Pelegrín Castillo exhorta a la unidad nacional y pide declarar Estado de Excepción en la frontera

El presidente de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), Pelegrín Castillo, alertó sobre la etapa más “peligrosa y envolvente” que atraviesa la crisis haitiana, por lo que instó a la unidad nacional y solicitó a las autoridades declarar un Estado de Excepción en la zona fronteriza.

En un comunicado público, Castillo enfatizó la necesidad de reactivar la formación de Juntas Patrióticas Dominicanas (JPD) en todo el país y en el extranjero, con un enfoque trinitario, restaurador y soberanista, para fortalecer la resistencia nacional frente a los intentos de imponer una solución dominicana a los problemas haitianos.

Además, se refirió al asesinato mediante decapitación de cinco mujeres haitianas cuyos cuerpos fueron arrojados al río Macasías, ubicado en la frontera. El político aclaró que “no se trata de un crimen más dentro de la guerra civil de baja intensidad y alta criminalidad, que se cocina lentamente con mucha premeditación y teatralidad, sino que aparentemente fue cometido con fines estratégicos”.

Castillo llamó especialmente la atención de la Administración del presidente Donald Trump, y en particular del secretario Marco Rubio, sobre el alto riesgo de que grupos radicales en la Región Gran Caribe y actores poderosos extra continentales y globales intenten convertir la isla de Santo Domingo en un escenario problemático para la nueva política panamericana impulsada por Estados Unidos.

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A continuación, el comunicado público de Pelegrín Castillo:

En mi calidad de Presidente de Fuerza Nacional Progresista y Vicepresidente Político de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), alineado con las posturas históricas de nuestra organización política y sus aliados continentales, ante esta crítica coyuntura que afronta la región Gran Caribe y la Isla de Santo Domingo, procedo a presentar los siguientes planteamientos y demandas:

La histórica crisis haitiana, como Estado fallido y descartado, entra en su fase más peligrosa e involucrante. Por ello, convocamos al Pueblo Dominicano a superar luchas sectoriales o partidarias y alcanzar una unidad nacional.

Para ello es fundamental reactivar las Juntas Patrióticas Dominicanas (JPD) en todo el territorio nacional y fuera del país, con un espíritu trinitario, restaurador y soberanista, para reforzar la capacidad nacional de resistencia contra los planes que buscan imponernos una solución dominicana a los problemas haitianos.

Solo un pueblo dominicano unido, consciente y movilizado podrá derrotar esta perniciosa conspiración contra su existencia y derechos inalienables, logrando que sus organismos públicos respondan adecuadamente a las exigencias históricas actuales. Reiteramos el llamado urgente al Poder Ejecutivo y al Congreso Nacional para que, ante el fin del mandato del Consejo de Transición Presidencial (CTP) sin haber cumplido sus objetivos y frente a una probable acción militar estadounidense para evitar un golpe violento al Primer Ministro haitiano, se declare constitucionalmente el Estado de Excepción para Defensa y Emergencia en toda la región fronteriza.

Las autoridades dominicanas y el liderazgo nacional no pueden seguir actuando bajo la falsa e irresponsable idea de que la prolongada crisis haitiana es producto espontáneo e inevitable de antagonismos históricos propios de su cultura; por el contrario, se trata de “un desorden muy organizado”, una compleja trama calculada con inteligencia que busca provocar un crimen internacional disfrazado como crisis humanitaria. Esto obligaría a República Dominicana a abrir sus fronteras para establecer campamentos de refugiados según el Plan de Contingencia para Flujos Masivos elaborado en 2019 con apoyo extranjero; o incluso podría motivar una intervención humanitaria en toda la isla ante una previsible reacción defensiva dominicana.

Los grupos enfrentados en Haití comparten, aunque con diferentes enfoques e intereses, un objetivo estratégico común: involucrar a República Dominicana —su pueblo, territorio, recursos e instituciones— en una especie de reconquista de las provincias rebeldes que declararon independencia en 1844.

Consideran que la parte oriental de la Isla de Santo Domingo “es su espacio vital”, arrebatado por potencias coloniales. Para lograrlo cuentan con poderosos aliados internacionales, incluyendo al Crimen Organizado Transnacional con su extensa red de “tontos útiles”; pero también dependen del “bando parricida y traidor” dentro del mismo pueblo dominicano —como advirtió Juan Pablo Duarte— dispuesto a sacrificar la nación por intereses personales.

El asesinato mediante decapitación de cinco mujeres haitianas —un hecho sin precedentes recientes— cuyos cuerpos fueron lanzados al río Macasías no es simplemente otro crimen más dentro del prolongado conflicto civil caracterizado por alta criminalidad; parece tener objetivos estratégicos: primero demostrar que existen redes criminales dedicadas al tráfico humano entre Haití, República Dominicana y EEUU/Puerto Rico justo cuando Estados Unidos restringe el ingreso legal haitiano al considerar ese país como uno de alto riesgo para su seguridad nacional. Luego sirve para reforzar el argumento “humanitario” contra deportaciones desde programas especiales como TPS hacia Haití debido al peligro mortal allí; argumento que será empleado por organizaciones internacionales como Amnistía Internacional para reclamar similares medidas ante RD cuando aumente claramente la presión migratoria haitiana.

Finalmente, alertamos a la Administración del presidente Donald Trump —y al secretario Marco Rubio particularmente— sobre el grave riesgo de que sectores radicales del Gran Caribe junto a actores globales intenten convertir a la isla de Santo Domingo en un foco conflictivo dentro de la nueva política panamericana impulsada por EEUU. Aunque apoyamos firmemente iniciativas orientadas a poner fin a regímenes totalitarios como Venezuela, Cuba o Nicaragua —que dificultan estabilizar Haití— recordamos a las autoridades estadounidenses actuales que Haití sigue siendo el problema continental más antiguo y complejo. Más allá del desarme paramilitar es necesario superar esa crisis emblemática para evidenciar tanto la mala gestión multilateral de ONU y OEA como los errados abordajes históricos realizados por gobiernos estadounidenses, europeos y aliados latinoamericanos desde administraciones demócratas iniciadas con Bill Clinton. No debe olvidarse tampoco que EE.UU. tiene una deuda histórica igual o mayor que Francia con Haití que jamás debe saldarse sacrificando los derechos nacionales dominicanos —como advirtió en 1870 el senador republicano Charles Summer—. En 2024 el senador Marco Rubio brindó gran apoyo al pueblo dominicano denunciando maquinaciones radicales contra él desde la administración Biden, evidencia confirmada recientemente por la embajadora Campos.

Queremos destacar que reconocemos cómo la acertada política exterior mundial impulsada por Trump abre oportunidades reales para buscar en una conferencia hemisférica soluciones internacionales verdaderas frente a este desafío con implicaciones nacionales e internacionales. Para ello debe descartarse definitivamente el fallido esquema binacional insular bajo hegemonía dominicana planteado como Estado Mercado. Los actuales líderes estadounidenses no pueden ignorar los riesgos internos derivados del fracaso estatal caribeño ni olvidar que Haití debe reconstruirse mediante un Mini Plan Marshall si quieren garantizar seguridad continental real mientras resuelven conflictos remotos extracontinentales sin atender los cercanos. El presidente Trump y su equipo deben recordar además que las playas haitianas son más bellas que las playas de Gaza.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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