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La mentalidad de la hiperproductividad: valorar el trabajo y menospreciar el descanso

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Realizan este ritual cada día con una voluntad férrea y sin mostrar cansancio.

Fuente: Listin diario

Mujeres que siguen la tendencia ‘That girl’ se levantan a las cinco de la mañana y antes de salir a trabajar comparten su rutina diaria: pilates, un porridge de avena acompañado por un café gourmet, ‘journaling’ y lectura, limpieza, un podcast y su cuidado facial. Realizan este ritual cada día con una voluntad férrea y sin mostrar cansancio.

Aunque parece una moda inofensiva y sencilla, ‘That girl’ representa más que un ideal aspiracional; es una expresión clara de la cultura de la hiperproductividad. En la sociedad actual existe una obsesión creciente por maximizar la productividad, de modo que cualquier actividad —ver series, hacer ejercicio o planificar salidas— debe entenderse como una inversión para mantener ese ritmo. En definitiva, se ha instalado la idea de que trabajar es positivo y descansar, negativo.

Productividad, hiperproductividad e hiperactividad.

Antes de profundizar en esta cultura, Soraya Sánchez Ruiz, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga, explica a EFE la diferencia clave entre productividad e hiperproductividad. La primera se define como “un estado funcional y adaptativo en el que el individuo busca cumplir sus metas de forma equilibrada y saludable, optimizando los recursos disponibles”. Por el contrario, la hiperproductividad “se caracteriza por una obsesión con los resultados, impulsada por el miedo al fracaso y la ansiedad que esto genera”.

No obstante, Sergio Torrejón Pérez, doctor en sociología e investigador del Centro de Investigaciones Sociológicas, considera más acertado hablar de cultura de la hiperactividad para describir este fenómeno social. Según él: “Se trata de aprovechar casi cada instante del día para formarnos, rendir más en el trabajo, construir una mejor versión personal o acumular experiencias y consumos que nos dan identidad y sentido de pertenencia”.

La sociedad hiperproductiva/hiperactiva.

En las sociedades occidentales modernas, diversos cambios han difuminado la frontera entre ser activos y lograr objetivos; y la necesidad compulsiva de mantenerse constantemente ocupados. Para Torrejón Pérez, “la consolidación del individualismo y el protagonismo del discurso meritocrático” son factores clave para esta cultura de hiperproductividad/hiperactividad.

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“Ambos elementos enfatizan la responsabilidad individual y el esfuerzo personal como causas principales del estatus social y económico alcanzado. Así, cada momento del día se convierte en una posible inversión en uno mismo”, añade.

Disponer de tiempo libre o disfrutar un rato de descanso ya no es visto como algo habitual; tener una agenda saturada y estar siempre activo sí lo es. Cuanto más hacemos y producimos, mayor es nuestro valor social. Como señala Soraya Sánchez Ruiz: “Vivimos en una sociedad que premia la productividad constante y los resultados, lo cual genera un cansancio generalizado que intentamos ocultar para encajar”. En otras palabras, “se nos acepta e integra si operamos dentro del marco productivo establecido”, precisa.

El rol de las redes sociales.

Esta fijación con ser productivos y mantenernos activos ha sido —y sigue siendo— impulsada por las redes sociales. “La presión para demostrar que uno está haciendo cosas, viajando o acumulando vivencias es mucho mayor que en épocas sin referentes constantes que marquen estilos de vida deseables”, comenta el sociólogo.

Sin embargo, señala una paradoja: “Las redes nos empujan a estar siempre activos, pero en realidad dedicamos parte considerable del día a actividades improductivas como el ‘scrolling’. Esto indica que la hiperactividad no solo es real sino también performativa: mostramos estar más ocupados que nunca mientras gastamos más tiempo en tareas sin productividad”.

Los inconvenientes ocultos tras la hiperproductividad/hiperactividad.

Dentro de esta cultura donde el trabajo continuo y la autooptimización ocultan presiones por alcanzar la perfección, surgen problemas como agotamiento físico y mental. Entre ellos destacan baja autoestima condicionada a resultados, autoexigencia excesiva, hipervigilancia constante, estrés prolongado, deterioro en la concentración, sensación de inquietud o desconexión emocional. En casos graves puede llevar a “estados persistentes de ansiedad e incluso depresión provocados por el cansancio acumulado”, según Sánchez Ruiz.

Respecto a los peligros para la salud mental derivados de esta productividad extrema, la experta afirma: “Si el cerebro cree que debe estar siempre en modo productivo para sobrevivir en esta sociedad, no percibiremos gradualmente el estrés ni fatiga hasta que las señales físicas sean imposibles de ignorar manifestándose en enfermedades psicosomáticas. O aprendemos a detenernos o será nuestro cuerpo quien lo haga”.

Además del agotamiento físico y mental, este exceso genera adicción basada en recompensas constantes y validación social difícil de abandonar. El mundo hiperproductivo tiene dos caras: no tolera el descanso pero tampoco permite disfrutar verdaderamente del ocio porque sus momentos acaban sintiéndose como obligaciones”, explica la psicóloga.

Torrejón Pérez añade: “La obsesión por mantenerse siempre ocupado y conectado con lo que sucede en redes deteriora nuestra capacidad para relajarnos, gozar del tiempo libre y enfocar nuestra atención en lo realmente importante”.

La productividad no es negativa per se.

“No pretendo criticar ser productiva ni cuidar de uno mismo ni tener rutinas; pero el bienestar debe hacernos sentir bien. La productividad debería ayudar a alcanzar tus metas sin generar sentimientos inferiores solo porque no tienes un apartamento estilo Instagram o la última cafetera”, escribió Poorva Misra-Miller sobre ‘That Girl’ en Medium.

Con ideas similares coincide Soraya Sánchez Ruiz: “La productividad saludable es necesaria porque necesitamos desafíos que nos motiven. Sin embargo hay que reconocer nuestros límites mentales y físicos mediante autoconocimiento para identificar necesidades reales (no impuestas) y actuar acorde a ellas”. Considerando además que “el éxito significa algo distinto para cada persona”.

Por último, un fenómeno emergente durante las primeras semanas de 2026 es el regreso a lo analógico —uso renovado de cámaras digitales antiguas, zines o walkmans— especialmente entre generaciones criadas en lo digital. Para el sociólogo esto representa “una señal clara del cansancio hacia este modelo: estamos tomando conciencia de que nos han robado tiempo y atención y queremos recuperarlos cambiando hábitos”.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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