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Andreu Escrivà: La crisis de biodiversidad que enfrentamos es tan apremiante e importante como la del cambio climático

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Madrid.- Si los humanos dejáramos de considerarnos especiales —o lo que es igual, el centro del universo— comprenderíamos que la vida es una "maravilla absoluta".

Fuente: Mari Navas/mari_navas@efeverde.com

Madrid.- Si los humanos dejáramos de considerarnos especiales —o lo que es igual, el centro del universo— comprenderíamos que la vida es una “maravilla absoluta”. Entonces, nos apartaríamos y dejaríamos de ser “la mayor amenaza para la diversidad biológica del planeta”, poniendo en peligro “el presente y el futuro, no solo de nuestra especie, sino también de todas las que nos rodean”, según expresa el divulgador ambiental Andreu Escrivá.

Un “pesado climático” incluso para sí mismo —como reconocía en una entrevista con EFE en 2023—, este ambientólogo y doctor en biodiversidad amplía su enfoque más allá del cambio climático en su reciente obra, La Tierra no es tu planeta. Publicado por la editorial Arpa, el libro examina cómo los humanos se relacionan y entienden la naturaleza.

Partiendo de la idea de que la vida es “un maravilloso accidente” del cual carecemos de conciencia, y por ello ocupamos un espacio excesivo, Escrivá admite en una entrevista con EFEverde que es un texto “muy riguroso”, pero también “duro” y “difícil”, con páginas que resultaron complejas tanto para leer como para escribir.

Y precisamente eso es lo que impresiona: expone los hechos “tal cual son” y deja claro que, como sociedad, enfrentamos un momento sumamente complicado para la biodiversidad global.

“Estamos inmersos en una crisis de biodiversidad profundamente arraigada, tan urgente e importante como la climática. Es decir, enfrentamos un problema gravísimo causado por nuestras acciones y, sobre todo, por nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza”, sostiene el ambientólogo.

Desde su perspectiva, existe “una relación disfuncional con la naturaleza” que lleva a los humanos a creerse “superiores” y olvidar que somos “una especie más, aunque con una responsabilidad enorme en este momento particular”.

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Aunque no llegaría a calificar al ser humano como asesino, Escrivá opina que es, “con mucha diferencia, la especie que más altera todos los ecosistemas terrestres y causa más muertes”, ya que básicamente ocupa todo el espacio disponible y provoca “una ausencia tremenda de diversidad biológica”.

“Al final es muy triste, pero gran parte de la huella humana se puede deducir por la ausencia de vida. Por eso es cierto que en este momento somos sin duda alguna la mayor amenaza para la diversidad biológica del planeta en un amplio rango de especies”, afirma.

Para él, no se trata solo de extinguir ciertos tipos de especies sino que se produce un cambio en los ecosistemas terrestres “tan vasto, tan amplio, tan sustancial y profundo” que termina impactando a todos.

“Actualmente contamos con un sistema social y civilizatorio basado principalmente en parámetros capitalistas que exacerban aquellas características que llevan al agotamiento de recursos y a una escasez vital para vivir y respirar”, lo cual podría conducir a los humanos a “un colapso demográfico”.

Sin embargo, luego de describir esta cruda realidad, Escrivá plantea “caminos de esperanza” basados en establecer una nueva relación con la naturaleza: “entender que formamos parte de ella, que somos naturaleza y no estamos separados”.

Defiende eliminar las barreras entre el mundo vivo y los humanos para saber actuar conforme a lo que realmente somos: parte de la vida.

De la ecoansiedad a la acción climática en el libro más reciente de Andreu Escrivá

“Lo que propongo es un plan de desaceleración y repliegue. Es decir, una desaceleración clara de nuestro sistema productivo y económico para vivir mejor. Una desaceleración que implique mejor calidad de vida, mayor justicia e igualdad y una retirada tanto espacial como metabólica para disminuir nuestro impacto”.

“La Tierra es un planeta compartido. Debemos aprender a convivir; no a turnarnos su uso ni arrebatárnoslo o destrozarlo. Tenemos que aprender a convivir porque así nosotros viviremos mejor y también esa maravilla que nos acompaña: toda la vida existente en el planeta”, continúa Escrivá. Además, considera que no es tarde porque “queda mucho más por salvar de lo perdido”.

Lo evidente a lo largo del libro y la entrevista es el amor profundo de Escrivá hacia la naturaleza y la vida, “que tiene capacidad para volver a florecer, ocupar espacios y darnos mucho más de lo que le hemos dado”, justo cuando muchos parecen haber olvidado algo tan fundamental.

“Creo que en un momento donde la situación geopolítica resulta tremendamente preocupante —donde estamos en guerra con nosotros mismos y con la vida— necesitamos hallar vías para reconectar con la naturaleza, comprenderla desde una perspectiva también científica”, afirma.

Por eso escribe dirigido a quienes inicialmente rechazan sus planteamientos o niegan “la crisis de biodiversidad”, pues considera esto último una razón por la cual persisten estos problemas.

“Ojalá este libro pueda ser leído no por Trump por cuestión del idioma, pero sí por otras personas que comparten muchos puntos de vista con Trump”, asegura.

Todo esto con el fin de que las futuras generaciones puedan ver volar luciérnagas en los pueblos valencianos sin tener que lamentar aquello que nunca conocieron. Una biodiversidad —concepto que Escrivá aclara desde el inicio del libro va más allá de plantas y animales— que ante todo deberíamos querer conservar. EFEverde

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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