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Reportan descuido en el antiguo Cementerio de Baní

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Actualmente, esa estructura es solo un esqueleto corroído por el óxido y a punto de desprenderse de la columna que la sostiene.

Fuente: Listin diario

Patrimonio cultural e histórico neoclásico que guarda restos de próceres.

Diariamente, numerosos habitantes de Baní alzan su voz desde diversos ámbitos para exigir la restauración del antiguo cementerio de Baní, conocido así por el estado de abandono y deterioro en que lo han dejado las administraciones municipales durante los últimos cuarenta años.

Critican el descuido evidente desde la entrada principal, considerada una obra artística elaborada en hierro forjado adquirida en Estados Unidos a finales del siglo XIX, según relatan las crónicas locales. Actualmente, esa estructura es solo un esqueleto corroído por el óxido y a punto de desprenderse de la columna que la sostiene.

Ubicado en el corazón de la ciudad, al sur y cerca del estadio de softball, la construcción del portal y la verja perimetral de este histórico cementerio comenzó en 1890 y concluyó en 1895.

Dentro del camposanto se encuentra una situación aún más grave; casi todas las tumbas y nichos están destruidos, con grandes agujeros, muchos sin identificación visible ni cruces o lápidas debido al deterioro, además de estar cubiertos por coralillo, maleza y basura que impiden incluso caminar entre un sepulcro y otro.

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Los textos históricos señalan que los entierros terminaron en 1960 cuando se llenó el espacio disponible; sin embargo, los familiares continuaron visitando para rendir homenaje a sus difuntos, limpiando y pintando las tumbas, llevando flores y manteniendo los caminos hasta mediados de los años noventa, narran con nostalgia algunas familias.

Desde entonces, el lugar ha sido víctima del abandono por parte de las autoridades y se ha convertido en refugio para indigentes que viven allí en condiciones precarias.

A comienzos del siglo XXI, según relata Fabio Herrera Miniño en un artículo publicado en medios nacionales, se realizó una limpieza y se pintaron muros y cruces del cementerio. Pero “esa atención se abandonó para convertirlo en un lugar vergonzoso para la comunidad”, afirma.

Ninguna administración municipal durante estas cuatro décadas ha considerado que este cementerio no es solo un conjunto de tumbas en ruinas cubiertas de maleza y basura, sino que posee un valor histórico, cultural, arquitectónico y artístico destacado dentro de Baní.

El arquitecto Ismael Díaz Melo (Manolo) detalla estos aspectos en su obra “Historia de los asentamientos humanos y la arquitectura de Baní”, primera edición (agosto 2010). Allí señala que este cementerio viejo, cuya construcción comenzó en 1890 y finalizó en 1895 con el portal y las verjas, marca supuestamente el inicio del gusto por la arquitectura neoclásica en Baní.

En su otro libro “Baní y Ocoa, Independencia y Restauración”, Díaz Melo enumera a los próceres de la Independencia sepultados allí, aumentando así su valor histórico. Entre ellos se encuentran Juan Francisco Peña Guerreo, Felipe Peña Tejeda, Daniel Báez Tejeda, Basilio Echavarría Vilaseca, Félix Echavarría Vilaseca, Manuel de J. E. Vilaseca, José Joaquín Obvio Bernal, Manuel Ubrí, Pedro Vittini Peña y José Donato Andújar de Soto Fernández.

También figuran Remigio Andújar de Soto Fernández, Faustino Ortiz Tejeda, Celedonio Ortiz Tejeda, Manuel Perelló Andújar, José Abalo de la Cruz, Marcos Aguasvivas de Soto, Manuel Román Pimentel Guerrero, José María Dumé Guerrier, Esteban Billini Hernández y José Altagracia Billini Mota.

Por estas razones muchas voces autorizadas en Baní exigen que esta necrópolis sea restaurada: identificando las tumbas de esos próceres e implementando rutas internas para convertirlo en un monumento que preserve la memoria histórica y cultural local con miras a fomentar el turismo necro-cultural.

El cementerio ubicado en el Kilómetro 2 del barrio Escondido colapsó desde 1990, lo cual obligó a construir uno nuevo en el barrio El Fundo al norte de Baní. En el interior del Escondido predominan maleza abundante junto con basura y escombros entre tumbas, panteones y nichos.

Varias familias manifiestan su descontento no solo por la falta de higiene y mantenimiento sino también por “el abuso que implica permitir construir tumbas sobre otras ya existentes debido a la escasez de espacio”, comenta molesta María Peña mientras limpiaba y colocaba flores frescas en la tumba de uno de sus hijos fallecido hace aproximadamente diez años.

El cementerio El Fundo es el más reciente; fue construido en 1998. Se mantiene limpio y cuidado; no hay hierbas silvestres; las tumbas y nichos están bien pintados e incluso algunos cuentan con murales vistosos sobre sus criptas.

Un hombre que caminaba entre las tumbas e indicó trabajar allí explicó a Listín: “Aquí todo está muy limpio porque los familiares vienen a limpiar, barren y pintan. Además el Ayuntamiento enviaba una brigada para desyerbar; ahora aplican un líquido que quema la hierba”, aseguró.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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