Fuente: Listin diario
Podríamos iniciar mencionando las “locuras para la esperanza, (…), esas locuras donde el cuerdo no alcanza”, que canta Silvio, pero no. En esta ocasión, quiero referirme a la locura más devastadora: la depresión como una epidemia mundial.
Locura de una sociedad atrapada en los mandatos invisibles de un sistema donde todos somos, apenas, una mercancía, “un médalo en el mar, un espejismo” al estilo Cortez, y donde el gran sentido de la existencia no solo es tener para ser, sino que ahora también hay que aparentar, con Instagram como escenario.
Las locuras de las que hablo no se refieren a los locos de Ferrer y Piazzola, quienes asombrados ven pasar la luna “rodando por Callao”, sino a la “nube negra” del genial loco de Úbeda. Esa locura que aparece “cuando solo recibimos noticias de la muerte y deshojamos el triste racimo de la nada”.
Mientras tanto, hablamos de locura cuando el gobierno presenta su Plan de Salud Mental enfocado en la prevención, la integración social en las comunidades y el fortalecimiento de la atención primaria, junto con la habilitación de la línea de orientación psicológica 8-1-1. (Para dimensionar lo urgente que es atender la salud mental como epidemia social, basta saber que en nuestro país el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años).
En República Dominicana, demasiados factores conducen a la locura. El tránsito, por ejemplo. Conducir en este gran Macondo con Ferrari, donde las autoridades impiden a los agentes de la Digesett aplicar la ley de tránsito a motoristas, guagüeros y conchos, resulta un tormento que solo desemboca en una demencia esquizoide.
Una locura provocada por una república entrecomillada, donde los gobiernos temen a la cúpula pluripartidista de un sindicato docente convencido de que es rector y jefe de la educación no universitaria; como para volverse un maníaco desenfrenado es también constatar que continúa la Policía Nacional, en su versión analógica, asesinando supuestos delincuentes siempre pobres.
Entonces, ¿cómo mantenernos cuerdos en esta aldea de neón que a veces se convierte apenas en una incitación al delito… y a la locura?
Muy sensato ha sido el gobierno al presentar su Plan contra la locura, que nada tiene que ver con aquella romántica locura “que solo floreció una primavera/, que no pasó de ser una aventura y el viento del verano marchitó”. Perdón por la nostalgia.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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