Fuente: Listin diario
El pasado martes, Día Nacional del Folklore, nos reunimos en mi casa, oportunidad que aproveché para charlar con ella acerca del acordeón y los libros que ha publicado sobre este tema, mientras disfrutábamos de un pan de maíz con historia familiar que preparé y una bebida refrescante de flor de Jamaica.
Hace unos días contacté a Yokaira Martínez (La Doncella del Acordeón) para consultarle si aún conserva el trabajo que realicé en este periódico en 2015 sobre la Escuela Típica Perico Ripiao, dirigida por su padre Ramón Martínez junto a ella. Dudó al responder, pues parece tenerlo guardado junto a otros documentos cuyo paradero desconoce debido a una mudanza reciente.
Mi intención era obsequiarle ese material, tal como hice con otros portadores de tradiciones, ya que dejaré de contar con un espacio para exhibirlos; considero que lo mejor es entregarlos a quienes protagonizan esas historias, con el fin de continuar mi proyecto “Preservando la memoria historia familiar de los portadores de tradiciones”.
Así fue como se dio el encuentro el martes pasado, Día Nacional del Folklore, en mi hogar. Aproveché para conversar con ella sobre el acordeón y las publicaciones que ha realizado en esta área, mientras degustábamos un pan de maíz con historia familiar que elaboré y una bebida refrescante de flor de Jamaica.
En la sala típica rural, la pared o el “seto” es el lugar más valioso para colgar no solo fotografías del árbol genealógico (matrimonios, graduaciones, bautizos), sino también reconocimientos a sus logros, tales como diplomas, trofeos y recortes periodísticos como el mío.
Estos trabajos reflejan su avance, su esfuerzo cotidiano y el orgullo que generan en la familia, la comunidad y la provincia. Al estar colgados allí, se transforman en faros de memoria, accesibles para que sus descendientes los observen y se inspiren.
Eso es justamente lo que busco: concienciar a esos portadores que desconocen la gran importancia de sus prácticas, además de contribuir a la sociedad con orgullo familiar, vecinal y provincial.
Cuando comencé este proceso hace años entregaba a cada uno el escrito publicado en el periódico; luego noté que lo doblaban y guardaban sin cuidado, muchas veces debajo del colchón, donde se deterioraban.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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