Fuente: okdiario.com
Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Desde 2017 trabaja profesionalmente para medios y blogs en español.
Cada año repetimos el mismo ritual: una nueva presentación acompañada de una promesa, la de la cámara más avanzada que jamás haya tenido un smartphone. Más megapíxeles, mayor zoom, más inteligencia artificial. La búsqueda de la cámara ideal se ha convertido en el argumento principal para persuadirnos de renovar el móvil, aunque el anterior funcione perfectamente.
La batalla sin fin de los megapíxeles
Durante mucho tiempo nos convencieron de que más megapíxeles significaban automáticamente mejores fotografías. Luego aparecieron sensores gigantes, módulos periscópicos con zoom 5x o 10x y una fotografía nocturna casi mágica. Todo suma, por supuesto. La tecnología ha progresado enormemente.
El inconveniente es que esta mejora continua genera una sensación constante de insuficiencia. Parece que si no contamos con el último modelo, nuestras fotos ya no están a la altura, lo cual no es del todo cierto.
Para la mayoría de usuarios, la diferencia real entre un gama alta actual y uno del año anterior es mínima. Más aún cuando esas imágenes terminan comprimidas en WhatsApp, Instagram o TikTok.
Una buena fotografía depende mucho más de la luz, el encuadre y el instante que del número de megapíxeles. La regla de los tercios, la dirección de la luz natural, la distancia al sujeto o el fondo influyen más que cualquier avance incremental del sensor.
He probado móviles de más de 1.500 euros con cámaras impresionantes y también he visto fotos extraordinarias hechas con dispositivos mucho más modestos. La diferencia no estaba en el hardware sino en la intención y en la mirada del fotógrafo. La obsesión por la cámara perfecta nos ha llevado a creer que la tecnología puede reemplazar al aprendizaje. Pero no es así.
Nunca fue tan sencillo aprender fotografía
Aquí reside el punto interesante. Hoy existen tutoriales gratuitos excelentes en YouTube, cuentas de Instagram que explican composición en 30 segundos y fotógrafos que comparten trucos prácticos día a día.
Aprender a aprovechar la luz que entra por una ventana, usar el modo retrato con sentido o evitar disparar siempre desde la altura de los ojos cambia radicalmente el resultado. Y no cuesta nada.
Seguir a creadores que enseñan fotografía con móviles aporta más mejora real que sumar 12 megapíxeles extra al sensor. Dedicar una semana a comprender cómo funciona la exposición transforma más tus imágenes que cambiar de smartphone cada año.
Nunca antes habíamos hecho tantas fotografías: comidas, viajes, mascotas, conciertos… El problema es que muchas veces disparamos sin mirar realmente. Confiamos en que la inteligencia artificial corrija el encuadre, el color o la iluminación.
La tecnología ayuda, claro. El procesamiento automático salva situaciones difíciles y mejora resultados mediocres. Pero también nos ha vuelto más pasivos. En vez de cuestionarnos qué queremos comunicar con esa imagen, dejamos que el algoritmo decida por nosotros.
Mirar antes de actualizar
La innovación en cámaras móviles es sorprendente y continuará avanzando. No se trata de negarlo ni restarle mérito. Se trata de recuperar cierta perspectiva. Antes de obsesionarnos con la próxima lente, quizás convenga preguntarnos si estamos sacando provecho a la que ya tenemos; si entendemos cómo funciona la luz, si cuidamos el encuadre y si esperamos el momento oportuno.
La cámara perfecta no garantiza una buena foto; sí lo hace la mirada. Y en un mercado que vive convenciendo de que siempre necesitamos algo mejor, detenerse a aprender puede ser el gesto más revolucionario de todos.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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