Fuente: www.eluniversal.com.co
Estados Unidos ya no genera simpatía. En ciertas regiones del mundo nunca ha sido así, para qué negarlo, pero la diferencia ahora es que, actualmente (y salvo quizás en la Casa Rosada de Milei), no lo es en ningún lugar. ¿Cómo podría serlo cuando bombardea países a su antojo, hostiga a sus propios ciudadanos según el color de piel y deporta como si fueran criminales a niños de cinco años solo por ser latinos y no contar con documentos? Hay que repetir este mensaje una y otra vez para que nuestras élites colombianas lo comprendan: en el EE. UU. actual bajo Trump, tener dinero no garantiza respeto. Si tu piel no es suficientemente blanca o tus apellidos son muy hispanos, corres un serio riesgo de ser discriminado y maltratado.
En este marco, otros países comienzan a aceptar que la situación es grave; quizás mañana Trump se vaya, pero quien lo reemplace será igual o incluso peor, y en ningún caso significativamente mejor que él. Hace un par de semanas se registraron dos noticias que pasaron desapercibidas para el gran público pero que podrían resultar clave a largo plazo: la Unión Europea firmó dos acuerdos de libre comercio, uno con el Mercosur y otro con India. Por supuesto, estos pactos están sujetos a controversias en sus detalles (algunos agricultores europeos denuncian que los suramericanos podrán exportar alimentos sin cumplir los mismos controles sanitarios europeos), pero si confiamos en la historia, el libre comercio conduce al desarrollo y prosperidad de todos los involucrados. Imaginen las consecuencias a largo plazo de un tratado comercial entre una región con casi 500 millones de habitantes (UE) y otra con cerca de 1.500 millones (India). EE. UU. no alcanza los 400 millones.
Estos dos acuerdos no son los únicos movimientos que buscan adaptarse a una nueva realidad con un EE. UU. cada vez más hostil e imprevisible. Reino Unido y Canadá se acercan progresivamente a China. Latinoamérica se reunió hace un mes en Panamá para intentar actuar de manera coordinada. Quizás lo que objetivamente es una mala noticia —la llegada de un movimiento populista, xenófobo y antiliberal en EE. UU.— pueda paradójicamente impulsar en las próximas décadas una mayor cooperación entre países y pueblos, así como el crecimiento del libre comercio. Ojalá así sea. Ojalá los estadounidenses y su presidente ‘naranja’ nos lo permitan.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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