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Travesías en yolas rumbo a Puerto Rico: resultados trágicos y perseverancia en las iniciativas

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Sin chalecos salvavidas y en botes improvisados, miles de dominicanos se trasladan de manera irregular rumbo a Puerto Rico.

Fuente: Listin diario

Motivos y peligros tras la travesía irregular de dominicanos hacia Puerto Rico

Emprender un viaje que supera las 24 horas, en compañía de desconocidos y a bordo de una pequeña embarcación, enfrentando la incertidumbre y la fuerza del mar, requiere valentía. Sin chalecos salvavidas y en botes improvisados, miles de dominicanos se trasladan de manera irregular rumbo a Puerto Rico.

Los dominicanos inician esta travesía impulsados por diversas razones, siendo la principal la búsqueda de una mejor calidad de vida. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), estos emigrantes buscan mejores oportunidades, condiciones laborales y de vida. La falta de oportunidades responde a factores políticos y económicos, entre ellos la inestabilidad del mercado laboral.

La OIM señala que el desempleo, los bajos salarios y la escasa posibilidad de progreso en sus trabajos actuales son elementos decisivos para migrar. Además, destaca que la búsqueda de mayor estabilidad económica y asegurar un futuro más prometedor para ellos y sus familias son incentivos fuertes que motivan la migración irregular.

“Las limitadas oportunidades en República Dominicana podrían estar empujando a la población a buscar mejores perspectivas en otros países”, indica el informe “Línea Base Perfil dominicanos en viajes irregulares hacia Puerto Rico y Estados Unidos” de la OIM.

Periodistas del Listín Diario conversaron con personas de Miches, Sabana de la Mar y zonas cercanas que han intentado o realizado viajes irregulares por mar. Al preguntarles por qué decidieron tomar ese camino fuera de la legalidad, las respuestas coinciden: “Me fui buscando una mejor vida”, “Quería darle un futuro mejor a mis hijos”, “Me fui porque estaba endeudado”, “Aquí no hay oportunidades y la situación está mala”.

Daniel Batista, de 37 años, vivió en carne propia las consecuencias trágicas de un viaje en yola; perdió a su pareja embarazada cuando la embarcación zozobró en ruta hacia Puerto Rico. Daniel, residente en Sabana de la Mar, explicaba que mantenía una relación con María, oriunda de Nagua, quien preocupada por su embarazo y dificultades económicas decidió intentar el viaje para empezar una nueva vida y asegurar un futuro para su hijo.

Batista contó al diario que ambos vendieron todas sus pertenencias para costear el traslado y llevar algo de dinero; en Puerto Rico los esperaba un tío suyo. Recuerda claramente el día del viaje: el 20 de octubre sintió miedo y dudas, aunque María estaba firme en seguir adelante.

“Tenía casi cinco meses de embarazo. Yo estaba nervioso y sentía que no debíamos ir en esa yola tan pequeña, pero ya habíamos vendido todo”, relató Daniel. El grupo consistía en unas 45 personas.

Mientras abordaban, Daniel intentó convencer a María para no partir, argumentando que la embarcación era demasiado pequeña para tanta gente. Ella lo llamó loco e insistió en continuar. Tras discutirlo, él decidió no subir; María optó por seguir adelante con el bebé en su vientre. Su última imagen fue verla entre manglares justo antes de zarpar hacia Puerto Rico.

“Le dije ‘con Dios’ y me quedé; me atormentaba no saber nada hasta que llegaran al destino. Estaba en casa cuando nos informaron que varios se habían ahogado porque la yola se rompió”, expresó con dolor.

La noticia llegó al día siguiente del viaje. La incertidumbre invadió a Daniel hasta confirmar dos días después que María fue una de las más de 15 víctimas fatales tras el naufragio.

“Se me partió el corazón; pensé que debía haberla detenido. Desde entonces nadie me puede hablar de viajar en yola. Murieron muchos; había gente cuyos familiares ni siquiera sabían que habían partido”, manifestó.

Historias como la de Daniel abundan: familias destrozadas y vidas truncadas al perseguir un sueño que puede tornarse pesadilla.

Para 2022, el proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM reportó 269 muertes o desapariciones en el Caribe. El ahogamiento por naufragios es la principal causa junto a fenómenos naturales adversos.

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El Centro para la Observación Migratoria y Desarrollo Social del Caribe (Obmica) registró 91 víctimas en 2023 durante rutas marítimas desde República Dominicana a Puerto Rico, ubicándola segunda en fallecidos o desaparecidos por naufragios en el Caribe, superada solo por Cuba-Estados Unidos con 142 casos.

La OIM también menciona los llamados “naufragios invisibles”, aquellos sin información ni registro alguno.

En Miches, Sabana de la Mar, El Valle y otras localidades se reportan numerosos casos donde personas partieron en yolas hacia Puerto Rico sin llegar ni regresar.

Desde 2021 Rosebel, hoy con 19 años, junto a sus hermanos no tienen noticias sobre su madre desaparecida tras emprender un viaje irregular hacia Puerto Rico.

Ada Guzmán vivía con sus tres hijos en Magua, Sabana de la Mar; su esposo había migrado previamente ilegalmente a Puerto Rico buscando mejorar su calidad de vida mediante trabajo allí.

Rosebel narró que su madre decidió seguir ese camino ilegal hacia Puerto Rico dejando a sus hijos menores bajo cuidado familiar. Ada nunca llegó ni volvió; cuatro años después nadie sabe qué pasó con ella.

Los primeros días tras su desaparición fueron llenos de angustia e incertidumbre; aunque reportada como desaparecida, no hubo pistas sobre su destino.

La familia confrontó al capitán del viaje sin obtener información sobre Ada o los pasajeros.

Rosebel evita hablar del tema debido al dolor e interrogantes sin respuesta sobre lo ocurrido.

Tras este hecho su padre permanece en Puerto Rico mientras los hijos fueron separados: el menor vive con tía materna; ella y otro hermano están al cuidado de su abuela.

Casos como el de Ada son numerosos: dominicanos parten con esperanza buscando prosperidad pero desaparecen sin rastro alguno.

Jóvenes y adultos extraviados en alta mar dejan familias rotas sin responsables ni justicia por estas tragedias reiteradas.

“Uno nunca olvida ni encuentra paz porque no sabe si murió o sigue viva. Siempre se aferra a la esperanza”, expresó un familiar.

Otro caso sin resolver es el de Alexander Fulgencio (23) y Héctor Fulgencio (19), quienes partieron ilegalmente rumbo a Puerto Rico el 25 de febrero de 2024 desde Miches.

Cinco días sin contacto hicieron alertar a sus familiares quienes solicitaron ayuda oficial. Más de un año después Yaneisi Fulgencio sigue esperando noticias sin cesar.

Parientes describen a los jóvenes como amables; buscaban mejores condiciones laborales y educativas pero tomaron esta decisión fatal.

Se cree que no fueron los únicos desaparecidos ese día: dos mujeres provenientes de Samaná y un joven del Cedro también desaparecieron sin identificar.

Pese a los riesgos del tránsito irregular, muchos jóvenes ven Puerto Rico como lugar con mayores oportunidades laborales y académicas.

Una encuesta realizada por la OIM revela que más del 30% cree improbable alcanzar metas educativas o laborales dentro del país; esta percepción refuerza su motivación para migrar buscando cumplir objetivos profesionales fuera.

Juan José tiene 26 años y ha intentado llegar a Puerto Rico ilegalmente ocho veces; siempre fue detenido por autoridades dominicanas o estadounidenses.

Su primera travesía fue a los 16 años sin informar a su familia; gracias a un amigo cercano consiguió espacio gratis pero fueron capturados al salir de costas dominicanas junto a unas 27 personas.

“Cuando mi mamá supo del viaje lloró desesperada; nos llevaron al M2 en Santo Domingo donde estuve un día. En casa ella gritaba angustiada”, relató Juan José.

No desistió pese a repetir intentos fallidos; nueve meses después estuvo cerca pues junto a 36 personas llegaron cerca tierra firme en Aguadilla pero fueron detectados por helicóptero guardacostas.

“Muchos saltaron al agua para escapar nadando; otros quedamos en la yola pero nos atraparon. Nos enviaron luego a San Pedro”, detalló.

Siguió intentando dos veces más pagando hasta US$3,000 o trabajando para organizadores como moneda para obtener lugar seguro.

“Quiero ayudar a mi madre porque aquí no hay oportunidades ni futuro para nosotros los campesinos”, expresó Juan José decidido a seguir intentando si surge oportunidad.

Para él montar una yola exige fortaleza pues “estar perdido entre tanta agua genera desesperación e incluso uno imagina cosas”.

Yoel Bastardo relató su experiencia: viajó con unas 27 personas hacia Puerto Rico en 2021. Allí trabajó construcción pintando casas bajo estatus irregular ganando más que en RD pese a dificultades iniciales.

“Me fui porque tengo dos hijos; quería ayudarles terminando nuestra casa”, dijo Yoel quien pagó RD$100 mil por intermediario conocido.

Tras dos años fue arrestado afuera de un local por autoridades puertorriqueñas y repatriado al país natal donde ahora trabaja agricultura pero piensa volver a intentar cruzar el Canal porque considera que “aunque sea ilegal allá se progresa”.

“No he vuelto a pensar mucho en viajar pero últimamente evalúo hacerlo para pagar mis cuentas y apoyar familia. A quien quiera ir le digo que lo haga”, concluyó Yoel.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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