Fuente: ABC Digital
MADRID. Omar Hatamleh, exdirector de innovación en la NASA, alerta sobre el impacto de la inteligencia artificial: su influencia podría transformar el mercado laboral y generar una crisis de identidad, dependiendo de las decisiones sociales que se tomen actualmente.
Omar Hatamleh es una figura destacada a nivel mundial en el ámbito de la inteligencia artificial (IA), una tecnología que posee “capacidades sorprendentes”, tanto positivas como negativas, y que tiene el potencial de provocar “una crisis de identidad”. Según él, el rumbo dependerá de las elecciones que hagamos como sociedad.
Recientemente, Hatamleh ha publicado junto a Michael Lewrick el libro ‘Inteligencia artificial e innovación’, una guía práctica para que las empresas puedan aprovechar esta tecnología, en la cual también analizan su futuro y su capacidad transformadora.
Originario de Granada (sureste de España), aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos, Hatamleh, ya jubilado, ha ocupado cargos en la NASA como director de innovación e ingeniería y asesor principal en IA.
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En una entrevista con EFE, al analizar las perspectivas de esta tecnología, afirma: “No existe un solo futuro, sino varios, y todo depende de las decisiones que tomemos hoy. Todos los escenarios son posibles, aunque algunos más probables que otros”.
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Algunos escenarios parecen “muy, muy negativos”, pero confía en que podamos encauzarlos hacia un futuro más favorable para la humanidad, “potenciando lo bueno y reduciendo lo malo” de la IA, algo que está en nuestras manos.
La IA puede colaborar en la solución de problemas como el cambio climático y ya representa grandes avances en medicina; sin embargo, también podría causar trastornos sociales, principalmente por la pérdida de empleo.
Actualmente, la IA complementa al trabajador —aunque ya implica la eliminación de algunos puestos— y hacia finales de esta década, la IA general (con habilidades intelectuales y cognitivas similares a las humanas) “podría transformar radicalmente varias áreas”, llegando a sustituir a médicos generales o ingenieros.
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Para 2050 habrá alrededor de 10.000 millones de personas en el planeta y “solo una pequeña parte podrá desempeñar los trabajos actuales”; la IA será capaz de reemplazar tareas tanto manuales como intelectuales. “Se está formando un ecosistema que impactará absolutamente todos los empleos”.
Hatamleh considera necesario comenzar a discutir “de manera seria sobre la renta básica universal y sobre una renta computacional básica”, que garantizaría el acceso a la IA para aprender, emprender y gestionar actividades diarias.
El experto estima que habrán recursos suficientes para vivir, pero no descarta “una crisis de identidad” en las próximas décadas. “Cada individuo encuentra su valor en el trabajo y lo que aporta a la sociedad; cuando eso desaparezca, muchas personas enfrentarán dificultades”.
Será imprescindible hallar colectivamente soluciones para “esa gran crisis”, con el fin de integrar a las personas “en un tejido social que será radicalmente distinto”. Es necesario cambiar del pensamiento lineal al exponencial, potenciar el pensamiento crítico y emocional, promover la innovación y adaptarse a los cambios.
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¿Supera el rápido avance de la IA nuestra capacidad para gestionarla responsablemente? Hatamleh sostiene que deberíamos dedicar más tiempo a estudiar su seguridad antes de liberarla completamente al público.
Sin embargo, dado que todas las empresas compiten entre sí, “no creo que tengamos suficiente tiempo para analizarlo adecuadamente y garantizar la seguridad necesaria”.
Compañías, gobiernos e incluso Naciones Unidas deberían coordinarse para identificar dónde puede causar disrupciones y establecer límites claros sobre hasta dónde avanzar.
“Si un asteroide estuviera a punto de chocar contra la Tierra, todos trabajarían juntos. Ese asteroide es la inteligencia artificial, sabemos que va a transformar nuestra vida por completo”.
Aunque nunca habrá una pausa en su desarrollo ni tendría sentido detenerse, sería fundamental que todos comprendan “el inmenso potencial y enorme impacto que puede tener la IA; cuando eso ocurra y estemos alineados”, se podrá implementar algo “transversal y global”.
La IA no es solo algo del futuro; ya está aquí y genera debates actuales sobre su uso para crear pornografía incluso con menores. ¿Estamos entregando a los niños una herramienta potencialmente peligrosa?
Además, destaca un aspecto sutil pero esencial: “Las personas pasan cada vez más tiempo con IA, que será tu mejor amiga y te conocerá profundamente como nadie más. Se creará un vínculo muy fuerte con esta inteligencia artificial, que educará a las nuevas generaciones… imagina su influencia sobre esos menores en cuanto al pensamiento crítico”.
Otro posible escenario es que llegue un momento en que humanos e IA “dejen de estar alineados”, donde lo beneficioso para ella no lo sea para nosotros. “¿Cuándo se ha visto una especie más inteligente controlada por otra menos inteligente?”, se pregunta.
Un sistema de IA podría volverse tan avanzado e inteligente que resulte “imposible comprenderlo”, como intentar explicar física cuántica a un niño pequeño: “no tendría ni idea de lo que le estás diciendo”.
De todas formas, los humanos contamos con pensamiento crítico, empatía e inteligencia emocional —características ausentes en los sistemas de IA—. “Tal vez lleguen a desarrollarlas en el futuro; ya veremos cómo evolucionan—pero por ahora no las tienen”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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