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Javier Cutrona: “Continuaré apoyando el cine independiente”

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En nuestro caso lo conseguimos en el Tallinn Black Nights, un festival Clase A ubicado en Estonia.

Fuente: www.expreso.ec

El director argentino afincado en Ecuador detalla el trayecto de su película Alucina en festivales internacionales

La realización de un filme es un proceso largo y complejo que no culmina con la finalización de las grabaciones. Una vez terminada la obra, comienza otra etapa igual o más desafiante: la promoción.

No solo se busca que llegue a las pantallas de cine, sino también que participe en festivales, donde puede obtener premios y, sobre todo, ser vista por una audiencia diversa que no solo la observe, sino que la comente, recomiende y adopte como propia.

En el caso de Alucina, ópera prima del director Javier Cutrona, tras su debut en la 28.ª edición del Festival de Cine de las Noches Negras de Tallinn, Estonia, a fines de 2024, el filme ha recorrido destacadas citas cinematográficas alrededor del mundo, acumulando diversos galardones.

Este recorrido continúa este año con su selección para competir en el Beverly Hills Film Festival en Estados Unidos.

El cineasta argentino, establecido en Ecuador desde hace diez años, nos habla sobre el trabajo detrás de la gestión que permitió a su largometraje recorrer festivales, información valiosa no solo para directores y productores audiovisuales sino para cualquier profesional dedicado a la difusión cultural.

Además comparte su perspectiva como creador de cine de autor en una época dominada por pantallas verticales y fórmulas propias del streaming, donde parece que la tecnología está opacando las cualidades humanas.

También adelanta detalles sobre su nuevo proyecto: un segundo largometraje dentro del drama fantástico con toques de cine de terror, fruto del aprendizaje obtenido durante el camino de Alucina, que incluyó desafíos y muchas satisfacciones.

Siempre resulta interesante conocer cómo se gestiona la visibilidad de una película en festivales.

Lo fundamental es buscar un estreno mundial en un festival relevante. En nuestro caso lo conseguimos en el Tallinn Black Nights, un festival Clase A ubicado en Estonia.

¿Cómo lo lograron?

Fue muy complicado. No contábamos con distribuidor, pero gracias a una proyección privada en Los Ángeles con amigos, Giovanni Labadessa, representante de Lumiere Lab, vio Alucina, se enamoró del proyecto y decidió convertirse en productor ejecutivo. Él empezó a mostrarla en festivales importantes y así conseguimos el estreno mundial en Tallinn Black Nights.

Ese logro abrió muchas puertas.

Allí encontramos distribuidores y otros festivales comenzaron a invitarnos. Desde entonces combinamos inscripciones propias en eventos acordes a nuestro perfil y otras invitaciones recibidas.

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No todos aceptan participar.

En ocasiones nos decían: “Es muy buena pero no podemos incluirla”. Alucina es un drama con tintes fantásticos; encaja bien en ambos géneros o a veces no termina de encajar plenamente en ninguno.

La ruta por los festivales somete al filme al juicio de públicos variados provenientes de distintas partes del mundo.

Nuestro objetivo fue asistir al mayor número posible de festivales, grandes o pequeños; buscábamos generar conversación y recibir impresiones sobre la película.

Alucina ha tenido muy buena recepción y ha ganado varios premios.

Así es. Un año entero en festivales ayuda a cosechar reconocimientos para que cuando llegue a salas comerciales el público ya esté familiarizado con el título. Luego se facilita la negociación para ventanas digitales porque los compradores muestran más interés.

Después de todo el esfuerzo invertido en Alucina, ¿ya piensa en volcar su energía hacia otro proyecto?

Después de ese año intenso entre foros y entrevistas, aunque siempre acompañando la película, llega un momento para concentrarse en otro proyecto mientras los distribuidores continúan su labor.

¿En qué fase está ahora?

Estoy trabajando en otro largometraje, nuevamente dentro del drama fantástico pero añadiendo elementos del horror, género donde me siento cómodo.

¿Podría adelantarnos algo?

Se trata de una historia narrada desde la perspectiva subjetiva de una mujer con un don: puede ver cuándo alguien va a morir. Es un relato sobre su venganza contra la muerte, muy vinculado con raíces ecuatorianas y con una trama hermosa.

Suena fascinante.

La producción cinematográfica es un proceso largo; hay que buscar apoyo estatal o privado e inscribirse en concursos y laboratorios. Es un camino que uno quisiera acortar pero debe avanzar paso a paso sin saber qué puede suceder.

Van respaldados por lo aprendido con Alucina.

Alucina fue fundamental para nuestro aprendizaje; aunque parezca un cliché, realmente uno aprende más con los errores y dificultades que con los aciertos. La idea es aprovechar esta segunda oportunidad para mejorar algunos aspectos.

Se dice que el consumo doméstico del cine está cambiando cómo se escriben los guiones porque hay muchas distracciones en casa.

Recientemente un guionista explicó que para una película hecha para Netflix había una escena clave a los cinco minutos destinada a captar al espectador; sin embargo, el director quería incluir un flashback sobre esa misma escena a los 15 minutos para facilitar la comprensión del público.

El guionista objetó: “Si acaban de verla hace poco ¿por qué repetirla?”. Nuevas reglas rigen ahora el trabajo creativo para guionistas y directores debido a estos cambios en hábitos audiovisuales.

Usted propone otra mirada con su cine más onírico e introspectivo.

Mi apuesta sigue siendo el cine tradicional y de autor; mi próximo proyecto va por esa línea aunque a veces los productores ejecutivos quieran imponerte otro camino más comercial.

Otro tema actual es el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la producción cinematográfica.

Inevitablemente la IA desplaza a muchos trabajadores; si quienes hacemos cine no defendemos esos puestos laborales esto podría desaparecer rápidamente. No se trata de idealizar el pasado sino simplemente de sobrevivir profesionalmente.

Creo que los fotógrafos están entre los más afectados por esta tecnología pero también otros trabajos como catering, scouting o transporte sufren las consecuencias junto con sus familias.

Sin embargo tampoco podemos negar la utilidad de la IA ni negarnos a usarla.

He utilizado herramientas basadas en IA para tareas gráficas que quizá antes hubiera encargado a un diseñador; aunque duele porque perder ese contacto humano significa perder redes colaborativas valiosas donde se comparten momentos además del trabajo mismo.

El contacto personal sigue siendo fundamental para construir equipos creativos fuertes.

Exacto; está claro que hay impactos negativos pero no podemos rechazar esta tecnología; lo importante es lograr una transición paulatina que minimice daños evitando cambios bruscos porque negar lo inevitable no sirve de nada ahora que ya está presente. ¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!


Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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