Primera Plana Salud

Las carencias en la salud mental

9105009781.png
Juzgar a alguien por su apariencia, discapacidad, defectos o carencias… es un grave error moral Escribir este pensamiento me llena de tristeza.

Fuente: Listin diario

Juzgar a alguien por su apariencia, discapacidad, defectos o carencias… es un grave error moral

Escribir este pensamiento me llena de tristeza. Por eso decidí irme enseguida a una ciudad maravillosa donde estoy convencida de que no existe tal “trastorno”.

Llegué con la esperanza de hallar comprensión. No me equivoqué. En esa comunidad lo que prevalece son los valores, los principios y, sobre todo, el amor y respeto hacia los demás.

Nadie permite que su mente se ensucie con trivialidades que no aportan al progreso social. De hecho, no hay registros de problemas de salud mental en esa población.

La igualdad que reina allí contribuye directamente al bienestar general. Las personas son valoradas por su esencia, no por sus bienes ni por su aspecto físico.

TRA Podcast Studios

En aquella ciudad encantadora, desde la infancia se enseña a no fijarse en lo exterior. Su visión de la vida se basa en la humanidad misma, no en lo material que se posee o carece.

Discriminar a alguien por su imagen, discapacidad, defectos o limitaciones… es un pecado capital. Saben que esas actitudes reflejan pobreza mental, y allí no tienen lugar.

Las virtudes son abundantes en ese espacio donde se crece en todos los ámbitos: personal, profesional, emocional y mental.

Sentirse en esa ciudad fantástica fue tan gratificante que quise invitar a otros a visitarla para dejar atrás las frustraciones causadas por la discriminación que sufren en países como República Dominicana, donde la pobreza mental impacta gravemente.

A diferencia de lo que ocurre allí, en este lugar ideal nunca se atenta contra la integridad mental de una persona simplemente porque sus condiciones físicas no sean del agrado de alguien.

Más allá de su apariencia está lo que esa persona lleva dentro y desde el amor, la empatía y el respeto se le brinda apoyo en sus necesidades.

Visitar esa ciudad fabulosa me hizo reflexionar aún más sobre lo poco desarrollada que está la empatía en mi querido país. Volver fue un duro golpe para mis emociones. Allí sentía vivir en un mundo tan humano, tolerante, comprensivo y, sobre todo, tan “rico” de mente.

Pero no fue así. Solo tuve que poner “un pie” en mi realidad para sentir cómo se me encogía el corazón y lloraba mi alma al ver la pobreza mental que predomina en la humanidad.

Me duele observar a personas detenerse en detalles insignificantes para criticar mientras ignoran las grandes necesidades que otros enfrentan para sobrevivir bajo la mirada acusadora de un mundo corrompido por la vanidad.

Ojalá algún día encuentren la cura para sanar esta grave enfermedad llamada pobreza mental.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

TRA Digital

GRATIS
VER