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Por varios años, la catedral gótica de esta localidad fue reconocida como la construcción más elevada a nivel mundial

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Se trata de la catedral de Notre-Dame en la ciudad de Rouen, reconocida no solo como un centro religioso, sino también como un testimonio vivo de la evolución del arte gótico europeo.

Fuente: Alberto Gómez/alberto_gomez@eldiario.es

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En la histórica región de Normandía se erige un monumento que desafía el paso del tiempo y las dimensiones con su imponente perfil tallado en piedra. Se trata de la catedral de Notre-Dame en la ciudad de Rouen, reconocida no solo como un centro religioso, sino también como un testimonio vivo de la evolución del arte gótico europeo. Al caminar por las calles medievales de esta localidad francesa, el visitante se topa con una estructura cuya fachada parece un delicado encaje pétreo. Este edificio, que domina el panorama de Rouen, ha presenciado siglos de historia, resistiendo invasiones y desastres naturales con una fortaleza notable. Su presencia tan imponente atrae a viajeros de todas partes del mundo, deseosos de descubrir los secretos encerrados en sus muros centenarios.

Es considerada una de las catedrales góticas más famosas a nivel mundial, en gran medida gracias a su representación en diversas expresiones artísticas universales. Caminar por su plaza permite valorar la magnitud de una obra maestra que sigue siendo el corazón del centro urbano. La catedral simboliza una identidad que ha logrado mantenerse como el núcleo vital de la vida moderna en la ciudad. La historia de este colosal edificio se remonta mucho antes de que sus arcos apuntados se elevaran al cielo, pues fue edificada sobre una basílica del siglo IV. Sobre esos antiguos cimientos se levantó un conjunto románico en el siglo XI, cuyos vestigios aún pueden explorarse hoy en día en su cripta. Desde el siglo XII comenzó a tomar forma la construcción gótica, que se extendió hasta culminar definitivamente en 1506. Este prolongado proceso de siete siglos permitió que el edificio resumiera todas las fases del estilo gótico en un único lugar.

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La torre Saint-Romain, iniciada en el siglo XII, es uno de los vestigios más antiguos que permanecen de ese primer período. Cada generación de artesanos dejó su sello personal, creando una armonía singular entre las distintas perspectivas arquitectónicas propias de cada época. De esta manera, la catedral se convirtió en un excepcional recorrido cronológico que narra el ingenio humano a lo largo del tiempo. Sus piedras relatan historias de fe y ambición que permanecen vigentes para quienes las contemplan. Uno de los elementos más destacados es su majestuosa aguja de hierro fundido, que alcanza los 151 metros. Esta flecha, diseñada por el arquitecto Jean-Antoine Alavoine en el siglo XIX, sustituyó a otra anterior destruida por un rayo. En su inauguración oficial, esta estructura ostentó el título del edificio más alto del mundo entre 1876 y 1880.

El empleo del hierro fundido fue una decisión moderna y atrevida para aquel tiempo, buscando mayor ligereza y resistencia frente al fuego. Gracias a esta altura excepcional, la catedral continúa siendo hoy la construcción religiosa más alta de Francia. Su silueta puede verse desde grandes distancias y funciona como un faro espiritual y arquitectónico para toda la región normanda. Esta hazaña ingenieril del siglo XIX consolidó la fama internacional del templo como un referente mundial por sus récords. Su verticalidad extrema simboliza el eterno anhelo humano por alcanzar las alturas y tocar lo divino mediante la materia.

La fachada occidental destaca por su inusual amplitud de 61 metros y su marcada asimetría, lo que le confiere un carácter singular. Es conocida cariñosamente como “la más humana de las catedrales” debido a esa imperfección estética reflejo de su larga evolución histórica. Entre sus torres resalta la famosa Torre de la Mantequilla, financiada por aportes destinados a permitir el consumo lácteo durante la Cuaresma. La decoración exterior ofrece un verdadero festín visual con 70 figuras esculpidas que adornan detalladamente el portal principal. Cada escultura y relieve narra episodios bíblicos o relatos locales, convirtiendo la piedra en un libro abierto para los creyentes. Otros portales como los des Libraires o el de la Calende del siglo XIV aportan aún mayor riqueza artística al conjunto exterior. La mezcla entre elementos flamígeros y estructuras robustas crea un contraste visual fascinante para expertos en arquitectura medieval.

La luz que ilumina la piedra de Rouen capturó la atención del pintor Claude Monet, quien inmortalizó este edificio con una serie magistral. Entre 1892 y 1893, el maestro impresionista realizó más de treinta cuadros mostrando la fachada bajo diferentes luces y momentos del día. Monet se instaló frente a la catedral para estudiar cómo las variaciones lumínicas alteraban la percepción del arte gótico. Estas obras maestras viajaron por todo el mundo, convirtiendo el portal occidental en un ícono reconocido globalmente. El artista logró plasmar el juego entre luces y sombras sobre el encaje pétreo revelando una faceta cambiante del templo. Gracias a su pincel, la catedral dejó ser solo un edificio para transformarse en una experiencia sensorial atmosférica. Hoy día los turistas pueden ubicarse en los mismos puntos desde donde pintó Monet para intentar captar esa esencia intangible.

En sus naves sagradas conserva restos y memorias de personajes clave para la historia europea. En el coro descansa el corazón de Ricardo Corazón de León, depositado allí como símbolo de su profundo amor por Normandía. También alberga la tumba de Rollon, líder vikingo fundador del Ducado normando que modificó el destino regional. Además estos reyes y nobles están vinculados al trágico juicio contra Juana de Arco en el siglo XV. Estos nexos históricos convierten al edificio en un panteón identitario normando y testigo directo de eventos cruciales. El palacio arzobispal junto a edificios anexos conservados refuerzan su rol como centro político relevante. Cada espacio interior desde capillas hasta ambulatorios respira ecos vivos provenientes las voces que forjaron Francia.

Pese a su grandiosidad, la catedral ha sufrido heridas profundas durante siglos debido a conflictos bélicos. Fue destruida durante la invasión vikinga en 841 y tuvo que renacer posteriormente desde sus ruinas. Sin embargo, el golpe más severo ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial especialmente con los bombardeos aliados en 1944. Durante aquella “semana roja”, los ataques causaron graves daños estructurales debilitando pilares que sostenían la aguja central. Incendios devastadores provocaron caída campanas y pérdida valiosa parte arquitectónica poniendo al edificio entero en riesgo total. Milagrosamente muchas vidrieras antiguas fueron retiradas previamente para protegerlas salvando así tesoros artísticos invaluables. Tras concluir la guerra empezaron arduas labores restaurativas permitiendo reabrir sus puertas al público nuevamente en 1956.

Actualmente sigue siendo un edificio vivo que se adapta a nuevas tecnologías así como necesidades culturales actuales cada verano al anochecer transformando su fachada en pantalla gigante para espectáculos multimedia impresionantes con luz y sonido donde narran historias acerca vikingos Juana Arco o movimiento impresionista desplegándose mágicamente . Más allá eventos festivos mantenimiento constante garantiza que futuras generaciones admiren esplendor gótico . En 1999 tormenta fuerte volvió poner prueba estructura obligando obras consolidación arbotantes . Vida espiritual continúa servicio regular llenando espacio vasto cantos oraciones resonando fuerte . Entorno catedral casas entramado madera mercado Navidad corazón social .

Para completar experiencia sensorial visita imprescindible escuchar sonido carillón más imponente Francia restaurado recientemente instrumento posee 64 campanas audibles hasta cinco kilómetros distancia torre . Subir 150 escalones torre Saint-Romain permite observar cerca prodigiosa mecánica gigante musical . Visitas guiadas brindan oportunidad descubrir secretos ocultos como cripta románica o capilla Virgen . Desde cimientos siglo IV hasta aguja siglo XIX cada piedra narra historia superación . Catedral Rouen permanece testimonio eterno fe arte e ingeniería humana ambiciosa joya arquitectónica definitoria identidad Normandía cautiva quien se detiene a admirarla .

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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