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La contradicción que preferimos ignorar

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No huía de nada, sino que era la manera para que mis padres pudieran ejercer su papel como tales simultáneamente.

Fuente: Cartas Al Director/cartas_al_director@elpais.com

Emigré a España cuando tenía 13 años. No huía de nada, sino que era la manera para que mis padres pudieran ejercer su papel como tales simultáneamente. Aquí crecí, estudié y formé mi vida. Con el tiempo comprendí que el racismo cotidiano muchas veces no se manifiesta explícitamente, sino bajo la apariencia de normalidad. Estamos en una época en la que el odio se incrementa: en las redes sociales, en las calles, en los silencios y en las miradas. Se culpa al diferente como causa de todos los males. Me asombra escucharlo incluso de quienes deberían servir a la ciudadanía: policías, docentes, trabajadores sociales… Personas que tendrían que proteger y apoyar, pero que en ocasiones reproducen prejuicios. Existe un círculo vicioso: sin papeles no hay empleo, sin empleo no hay vivienda y sin vivienda no hay empadronamiento. No se trata de quién llega, sino de a quién responsabilizamos. Suprimir las vías de regularización no frena la inmigración; solo incrementa la irregularidad y facilita señalar al recién llegado en lugar de cuestionar si somos coherentes. El mundo no se desmorona por la llegada de personas; se desmorona cuando dejamos de tratarnos como iguales. La convivencia significa compartir un mundo, no competir por quién merece existir en él.

Carla Pires. Logroño

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Recientemente, un presidente que envía flotas “bonitas” por el mundo para imponer sus designios, al ritmo de Village People, ofreció un discurso sobre el estado de su país que, aunque no alcanza a los discursos de Lincoln o Carney, dejó frases memorables. Como aquella sobre la reducción del precio de los medicamentos desde que el nuevo sheriff llegó a la ciudad… ¡un 600%! Las palmas de sus seguidores parecían arder. Un nuevo enfoque matemático comenzaba a emerger ante los ojos de la ciudad y del mundo, para asombro de Leibniz, Euler y Gauss.

Francisco Javier Santos. Santiago de Compostela

El fallecimiento de El Mencho marca el inicio de un choque inevitable entre los cárteles y los Estados que durante años estuvieron controlados o paralizados por ellos. El aumento de la violencia —y lo que está por venir— es la respuesta de un sistema criminal que se niega a perder su poder. Solo enfrentando a los narcotraficantes que han secuestrado la soberanía popular se podrá comenzar el doloroso pero necesario saneamiento de un país que durante años vivió bajo su dominio.

Antoni Aliana Cano. Barcelona

Dientes y más dientes. Como decía la pareja de una famosa tonadillera. No soporto la moda de lucir esos dientes brillantes, porcelánicos, con un blanco nuclear que parece deslumbrar al acercarse. Con ellos sucede igual que con muchas noticias actuales: nuestra realidad cotidiana supera muchas veces con creces a la ciencia ficción. Ríamos un poco con temas intrascendentes, porque hay mucho por lo cual llorar y además con tristeza.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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