Fuente: Listin diario
El color juega un papel fundamental en el resultado final. Siguiendo el principio de “menos es más”, los tonos blancos, crema o crudos representan elecciones seguras y versátiles.
En un artículo previo exploramos el origen del mantel y el mensaje de cuidado y hospitalidad que transmite. No obstante, esa intención debe ir acompañada de criterios claros de orden, proporción y coherencia estética.
Respecto a su caída, lo habitual es que el mantel baje entre treinta y cincuenta centímetros por lado, una medida vinculada a un montaje equilibrado. Para lograr un efecto más elegante, se pueden usar manteles de mayor longitud, procurando generalmente que no toquen el suelo. Sin embargo, en banquetes formales es común emplear manteles hasta el piso, recurso que añade solemnidad y continuidad visual al conjunto.
En estas ocasiones, es importante que la caída permita un desplazamiento cómodo para los invitados y el personal de servicio. La elección dependerá del estilo del evento y del gusto del anfitrión, considerando siempre que la mesa quede adecuadamente cubierta y proporcionada.
Colores
El color influye notablemente en el resultado final. Bajo la idea de “menos es más”, los tonos blancos, crema o crudos son apuestas seguras y versátiles. Sobre fondos neutros, cualquier vajilla combina fácilmente. Si el mantel tiene color o estampados, conviene equilibrarlo con vajillas lisas y claras, preferiblemente de porcelana fina, que aporten sobriedad.
La elección del textil también responde al tipo de evento. En montajes clásicos predominan el lino, la seda o las organzas; mientras que el algodón estampado o los linos de color suelen estar vinculados a ambientes más modernos. Las tendencias actuales permiten combinar texturas dentro de una misma gama cromática, siempre cuidando la coherencia visual.
El estado del mantel es fundamental: debe estar limpio y perfectamente planchado, especialmente si se trata de hilo o lino. Un textil descuidado arruina cualquier montaje.
En línea con una mayor conciencia ambiental, han aparecido opciones como manteles resinados o fabricados con materiales reciclados. Ofrecen practicidad al facilitar la limpieza y se adaptan a diferentes estilos sin perder presencia.
En contextos más informales se ha popularizado el uso de mantelitos individuales. Estos protegen la superficie, delimitan el espacio de cada comensal y permiten apreciar la mesa cuando tiene un acabado especial. Están hechos en diversos materiales —como telas, nácar, plástico o resina— y su elección depende tanto del estilo de la mesa como del tipo de servicio. En términos de etiqueta, reemplazan al mantel en ambientes informales o modernos, pero nunca se colocan sobre él. En montajes formales, el mantel completo sigue siendo la opción adecuada por la unidad visual que aporta.
En una próxima entrega hablaremos sobre otro elemento esencial dentro de la mantelería: la servilleta, pieza clave en el servicio de mesa.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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