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Alerta para turistas: lo esencial que debes conocer antes de recorrer el Gran Cañón del Colorado

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Estados Unidos, un destino costoso para vivir y recorrer Estados Unidos se caracteriza por ser un país con altos costos tanto para residir como para visitar.

Fuente: Andrea Jiménez/andrea_jimenez@elpais.com

Estados Unidos, un destino costoso para vivir y recorrer

Estados Unidos se caracteriza por ser un país con altos costos tanto para residir como para visitar. Por ello, lo ideal es contar con ahorros suficientes para cubrir las tasas, propinas obligatorias y el elevado precio de elementos básicos como las botellas de agua. La realidad es que casi todo tiene un costo. Planificar un itinerario, como en cualquier viaje, resulta esencial para prever los gastos y decidir qué actividades descartar o incluir según el presupuesto disponible. Sin embargo, ni siquiera la mejor planificación puede anticipar ciertos imprevistos en la época de Donald Trump.

Durante dos semanas a finales de enero, viajamos a Los Ángeles. “Ven más de 10 días, si no, el viaje no valdrá la pena”, nos advirtió nuestra anfitriona con anticipación, y tenía razón. El plan era concentrar la mayor parte del viaje en esta ciudad californiana y desde allí desplazarnos a otras cercanas como Las Vegas, San Francisco y San Diego. Organizamos todo meticulosamente: compramos los vuelos con antelación, reservamos hoteles y adquirimos entradas para distintas experiencias. Pero un obstáculo inesperado apareció y frustró nuestra intención de visitar el Gran Cañón desde Las Vegas: una orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense.

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El 3 de julio de 2025, el republicano promulgó la orden denominada Making America Beautiful Again by Improving Our National Parks, que busca aumentar ingresos y mejorar la experiencia en los parques nacionales, pero a costa del turista. Esta norma abarca los 11 parques nacionales más visitados de Estados Unidos: Acadia, Bryce Canyon, Everglades, Glaciares, Gran Cañón, Gran Tetón, Montañas Rocosas, Secuoyas, Yellowstone, Yosemite y Zion. La ley entró en vigencia el 1 de enero de 2026, apenas veinte días antes de nuestro viaje. Esta suerte me acompañó también meses atrás en Grecia: tras reservar un crucero para agosto de 2025 se aprobó una tasa por desembarque en cada puerto (entre 5 y 25 euros por persona según la isla).

¿Quiere decir esto que el Gran Cañón no se puede visitar? Para nada, aunque implica un gasto adicional considerable. En síntesis, todos los visitantes extranjeros deben pagar una tarifa fija de 100 dólares solo por acceder a cualquiera de estos once parques nacionales. A este costo —antes inexistente— se suman las entradas específicas a cada parque, transporte y si se desea contratar guía turístico. Eso sí: si se va acompañado por un residente que posea la tarjeta anual (80 dólares al año para residentes y 250 para no residentes), esa tasa no se cobra al titular ni a tres acompañantes en el mismo vehículo privado, según explicaciones disponibles en la web oficial con las nuevas regulaciones.

Nuestro plan —sugerido por alguien habituado a viajar al Gran Cañón— era realizar un tour guiado hasta South Rim. Aunque no es la entrada más cercana desde Las Vegas, es considerada la zona más hermosa para visitar. Normalmente al turista extranjero se le lleva a West Rim; así lo comprobamos comparando precios en webs como Civitatis o GetYourGuide. El bus partía desde algún punto del Strip y tras cuatro horas llegaba al destino. Esta excursión de día completo costaba 90 euros e incluía transporte ida y vuelta desde Las Vegas. Sin embargo, comidas y guía eran extras que podían reservarse pagando otros 30 euros adicionales. En total calculábamos alrededor de 120 euros por persona (sin incluir comida), un gasto que estábamos dispuestos a asumir para conocer ese lugar único. Ya que estábamos allí, ¿cómo no ir al Gran Cañón?

Esperamos hasta una semana antes para reservar asegurándonos buen clima. Fue entonces cuando llegó la sorpresa: “Desde el jueves 1 de enero de 2026, conforme a la Orden Ejecutiva del presidente Trump, el Servicio de Parques Nacionales cobrará 100 dólares a todos los visitantes no residentes. Esta tarifa adicional no está incluida en el precio del tour”, informaba la página web del operador turístico. Al revisar meses atrás esa misma web ni siquiera aparecía esa información pese a estar la ley aprobada. Tampoco figuraba nada similar en otras plataformas consultadas ya estando en Estados Unidos. No vimos anuncios en redes sociales ni medios; incluso nuestra anfitriona local —también periodista— desconocía esta medida. Ante esto nos preguntamos: ¿vale realmente la pena? ¿Queríamos pagar más de 200 euros por persona para pasar ocho horas en autobús (ida y vuelta) y solo dos horas en el sitio? Tras mucho pensar y buscar opciones alternativas decidimos renunciar. El Gran Cañón sin duda merece una visita pero no a costa de sacrificar todo lo demás del viaje controlando cada dólar debido a un gasto imprevisto e importante. Nosotros éramos dos; imaginemos entonces cómo afecta esto a familias numerosas.

Con la decisión tomada debíamos reorganizar los dos días previstos en Las Vegas. La ciudad ofrece opciones para todos: tirolinas, montañas rusas que parten desde hoteles temáticos, subir al High Roller, paseos en góndola estilo Venecia o conciertos como el de Backstreet Boys… y claro está, jugar en miles de máquinas tragamonedas repartidas por toda la ciudad. No faltaban alternativas.

Al llegar hicimos check-in en el hotel Excalibur —un lugar que parece sacado de una película medieval— y comenzamos a caminar sin parar… Entre tanta oferta destacaba una actividad repetida constantemente: excursiones al Gran Cañón en autobús, helicóptero o vehículos privados. Había muchas opciones pero ninguna advertencia sobre esos $100 adicionales al llegar al parque nacional. Esa tarifa no puede cobrarse por adelantado porque corresponde a una recaudación oficial; las empresas turísticas intentan minimizar su impacto comercial ocultándola o evitando mencionarla con claridad. Los medios ya reportan largas filas en accesos debido al tiempo extra requerido para verificar residencia, controlar identidades y cobrar el importe extra. En definitiva, esta nueva política busca controlar la masificación turística pero repercute directamente sobre los visitantes.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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