Fuente: Listin diario
Temprano en la madrugada, esta joven de 32 años se ocupa de su puesto donde vende bebidas calientes. Sin embargo, lamenta no estar en las aulas transmitiendo sus conocimientos.
A las 3:00 de la mañana, Soranyi Leonardo Lora inicia su jornada laboral: preparar té y café para quienes, como ella, comienzan el día muy temprano para enfrentar sus retos.
Esta tarea no le resulta pesada. Gracias a este trabajo sostiene a su hermana Suleyca, quien tiene una condición especial, y también cumple el deseo de su madre fallecida de continuar atendiendo a los clientes.
Aunque cualquiera puede dedicarse a vender té y café —una labor honesta que requiere gran esfuerzo— lo que destaca es que Soranyi, a pesar de las dificultades, es una maestra graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con muchas ganas de ejercer su profesión.
Obtuvo la licenciatura en Educación con honores Cum Laude, soñando con ser motivo de orgullo para su familia y desarrollarse como profesional. Aunque las circunstancias no han sido favorables, no pierde la esperanza.
“Soñaba con que mi mamá me viera graduar, y no fue así, y también con poder trabajar en lo que estudié. Hasta ahora no lo he logrado, pero no dejo de esperar por una oportunidad”. Mientras hablaba, seguía atendiendo a sus clientes con una sonrisa.
Su temple es evidente “por encima de la ropa”, como se dice en buen dominicano. Todo el mundo la respeta y habla bien de ella. “Esa es una muchacha seria y trabajadora”, era el comentario común mientras Soranyi servía a quienes se detenían en su vehículo por un cafecito o un té.
La vida le ha presentado momentos difíciles, pero ella no se deja vencer. Es de esas personas que si les caen limones del cielo, sabe hacer limonada.
“Por ahora solo puedo vender té y café para mantener a mi hermana y ayudar en casa; por eso me levanto temprano y cumplo con este compromiso”. Avanza sin rendirse.
Mientras honra el deseo de su madre Andrea —conocida en el barrio como Gori— de que mantenga el puesto abierto, le duele no estar en las aulas aplicando lo aprendido y creciendo como docente.
Con lágrimas en los ojos reconoce que muchas veces la impotencia casi apaga su voluntad de seguir adelante, pero se levanta con fuerza y continúa.
“No es fácil lograr una carrera cuando te faltan tantas cosas. A veces sin pasaje y pasando calamidades. Recuerdo que un día le dije a un chofer que no tenía dinero, y él me dijo que subiera. Me dejó cerca de casa. Otro día me monté con él y le pagué el pasaje, pero me dijo que no era necesario porque a cualquiera le pasa”. Ni esa vergüenza le impidió seguir tras la meta de graduarse.
Finalmente, el año pasado pudo usar toga y birrete, aunque aún no ha conseguido empleo en un centro educativo.
Para entrevistar a Soranyi Leonardo Lora hubo que madrugar. Comenzar tan temprano vendiendo té y café implica también recoger pronto el puesto instalado en la acera de la calle La Isabela, en Perantuén.
Cuando llegaron los reporteros de LISTÍN DIARIO ya quedaba poco por vender. Sin embargo, mientras más dura la jornada, mayor es su clientela cautiva: unos caminando y otros desde sus vehículos.
La higiene está presente. Con una toallita impecable limpia cada gota caída. Soranyi es simpática pero sin exagerar; atenta pero con límites. Brinda un buen servicio bajo sus propias reglas. Así logra llevar al menos 2,000 pesos diarios a casa; en días muy buenos gana hasta 2,500.
Es conocida desde adolescente porque ayudaba a su madre Gori. Claro está que hay diferencia entre echar una mano y asumir toda la responsabilidad que implica este oficio comprometido cuando uno sabe que debe seguir luchando por sus objetivos.
Lo positivo es que para esta joven profesional los valores son fundamentales. Gracias a cómo la educaron hoy atiende orgullosa su puesto mientras espera que su título profesional se materialice.
A pesar del sacrificio enorme que representa esta labor diaria, ella agradece: “Puedo decir que con este trabajo y el esfuerzo de todos pudimos construir nuestra casa propia”. Lo dice sonriendo con orgullo por haber aportado a ese logro. Vive con su hermana y padre; sus otros dos hermanos ya formaron familia.
Como estudiante universitaria al final de la carrera tuvo que asumir el negocio familiar. “Se lo prometí a mi mamá, quien me pidió no abandonar a sus clientes; tuve que tomar las riendas. Al principio me daba vergüenza e intentaba pasar desapercibida… Después sentí una fuerza muy grande de parte de ella”. Llorar fue inevitable; aún no ha superado el duelo por la partida hace casi dos años.
Desde entonces vende té y café como homenaje a la memoria de su madre. Claro está que no desea vivir así para siempre.
“Hay días en los que lloro por impotencia, tristeza o nostalgia…, pero sigo adelante”. No quiere fallarle a su mamá, quien tanto luchó para verla convertirse en profesional pero falleció antes de verla con toga y birrete.
Mientras va y viene entre tareas Soranyi continúa vendiendo té y café; al terminar recoge sus cosas para montar en un motor.
El peligro queda en segundo plano porque su lucha por darle mejor calidad de vida a su hermana y superarse profesionalmente está por encima del riesgo al trasladar bultos llenos de termos, mesita y todo lo necesario para instalarse en la acera de calle La Isabela, en Perantuén.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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