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Casi un año después del Jet Set

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En rigor, no podemos afirmar que exista injusticia, parcialidad o impunidad, pues ya se está en el terreno de la justicia penal...

Fuente: Listin diario

En la República Dominicana de la Impunidad, donde en lugar del lema “Dios, Patria, Libertad” que aparece en su escudo debería leerse “Ná’ e’ ná”, no resulta extraño el grado de permisividad social que ha surgido en torno al caso Jet Set.

Es importante reconocer que se trata de un proceso penal en el que, tanto la parte privada como la pública, no pueden aspirar a una sanción superior a la prevista por el Código Penal vigente en el momento de los hechos.

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Partiendo de ahí, aceptemos que desde la presentación formal de la acusación por parte del Ministerio Público, el caso Jet Set dejó el ámbito mediático para ingresar a la jurisdicción penal, quedando sujeto, desde la perspectiva del Estado de derecho, a las dinámicas, plazos, formalismos y legalidades propios de los procesos judiciales. En rigor, no podemos afirmar que exista injusticia, parcialidad o impunidad, pues ya se está en el terreno de la justicia penal… si ese terreno está despejado o embarrado es otra cuestión.

Como señalamos antes, no podemos hablar de impunidad en el sentido tradicional, aunque sí cabe referirse a facilidades, letargo, complacencia o negligencia -entre otros-, siempre bajo comprobación. A la fecha, apenas conocemos el informe definitivo de la ONESVIE y mucho menos el que supuestamente debe elaborar una comisión presidencial independiente designada para ello; mientras tanto, los abogados defensores -en uso de sus derechos- solicitan otro informe.

A once meses de la tragedia (¿podemos aún llamar así a lo ocurrido o alguien se siente ofendido por su uso reiterado?), el caso ni siquiera ha llegado a juicio oral. Esto revela mucho sobre la calidad del sistema judicial del país; la lentitud procesal; y un sistema incidental diseñado para que, mediante desgaste, tecnicismos y recursos para contratar buenos abogados, una parte pueda imponerse sobre la otra sin necesidad de llegar a un tribunal.

Casos como este hay muchos. Decenas, cientos o miles. “Justicia tardía es justicia negada”, dice el adagio. Dejando a un lado a Kelsen, Durkheim o Rawls, y parafraseando al inconfundible Marx (o Foucault), el derecho es la voluntad de la clase dominante expresada en las leyes… o en las sentencias.

El problema no radica en este caso particular sino en los muertos… los cientos de muertos. La sociedad dominicana estaría gravemente afectada si este proceso sigue los tiempos habituales; o si finalmente se imparte justicia como suele hacerse con los privilegiados. El juicio es más una catarsis que un juicio; la sentencia más una sanación social que una condena.

El espectro de la impunidad ronda las ruinas del Jet Set. Mientras tanto, padres, huérfanos, viudos y dolientes esperan sin siquiera tener un monumento donde recordar y llorar a sus muertos… y eso sí es responsabilidad exclusiva del Estado dominicano. De nadie más.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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