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Miguelina Henríquez: de callar el dolor a expresar la sanación

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Por años, la presidenta de la Fundación Alzando Nuestras Alas vivió una experiencia en la que aprendió a guardar silencio para poder sobrevivir.

Fuente: Listin diario

Por años, la presidenta de la Fundación Alzando Nuestras Alas vivió una experiencia en la que aprendió a guardar silencio para poder sobrevivir. El miedo y la violencia formaron parte de su existencia desde la adolescencia, influyendo en sus rutinas y decisiones.

Miguelina Henríquez enfrentó la violencia desde joven, y esta persistió durante mucho tiempo, incluso tras separarse de su agresor. “Aunque ya estaba lejos de esa persona y tenía una nueva relación, seguía conviviendo con el miedo y la amenaza”, relata.

Fue entonces cuando entendió que solo distanciarse emocionalmente no era suficiente: necesitaba protección real. En 2017 decidió dar un paso que cambiaría su vida por completo: emigrar desde República Dominicana hacia Estados Unidos.

“Nací en Santiago de los Caballeros, un lugar que amo y que es parte fundamental de mi identidad”, afirma. Madre de tres hijos, Miguelina optó por partir no solo pensando en ella, sino también en ellos.

“Emigrar no fue una escapatoria, sino una decisión valiente. Implicó reconstruirme en otro idioma y cultura, y aprender que la resiliencia no entiende de pasaportes”, sostiene.

El momento decisivo no ocurrió en público, sino en la intimidad personal. “Lo más crucial fue mirarme al espejo y aceptar que no podía seguir definiéndome por lo que había soportado”.

Ese día, Miguelina modificó la pregunta que la había acompañado durante años. “Pasé de preguntarme ‘¿por qué me pasó?’ a cuestionar ‘¿para qué puedo usar esto?’. Ese cambio de enfoque transformó mi vida”.

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Durante la pandemia, cuando parecía que todo estaba detenido, Miguelina se animó a contar su historia. Así surgió “Mariposa de Acero”. “Cuando haces pública tu vida, ya no escribes solo para ti; escribes para mujeres que aún no pueden o no están listas para expresar lo suyo”, explica.

El libro no nació como una catarsis personal, sino como una responsabilidad social. “No quise idealizar el dolor ni quedarme en el papel de víctima. Mi compromiso era ofrecer esperanza real, herramientas concretas y una narrativa digna”.

La obra alcanzó el estatus de Best Seller en Amazon y Miguelina comprendió que su historia trascendía lo personal. “Cuando otras mujeres me dijeron: ‘Tu historia me dio fuerzas’, entendí que la herida sanada se vuelve un puente”. Eso marcó el inicio de una misión.

De esa certeza proviene la Fundación Alzando Nuestras Alas, organización que dirige con la visión de empoderar a mujeres sobrevivientes de violencia desde un enfoque estructural y sostenible.

“La ayuda es necesaria, pero insuficiente”, afirma. “El sistema suele quedarse en reaccionar y no en prevenir. Brindar apoyo sin acompañamiento psicológico, legal y económico fomenta la dependencia”.

Para ella, profesionalizar el trabajo social implica “medir resultados, crear procesos claros, establecer alianzas estratégicas y diseñar rutas definidas para la reintegración”. Su meta es que cada mujer deje de verse como víctima para transformarse en agente de cambio. “La caridad puede aliviar, pero solo la estructura transforma”, enfatiza.

Esa idea se profundiza con su segundo libro, “Sobreviví al maltrato: ¿Ahora qué?”. También Best Seller en Amazon, parte de una premisa sólida: “Sobrevivir no es el final, es el principio”.

Miguelina aclara que esta obra no reemplaza la terapia psicológica, pero sí busca ser “un recurso complementario, accesible y cercano para quienes sienten que sus fuerzas flaquean y necesitan recordar que no están solas”.

Reconocida por Index New York e Index Panamá como una dominicana destacada en el exterior, Miguelina Henríquez insiste en no querer ser vista únicamente como sobreviviente. “No deseo ser mirada solo desde la herida, sino desde el liderazgo”.

Considera que hoy todavía cuesta aceptar a las mujeres que convierten el dolor en propuestas públicas. “Cuando una mujer transforma su experiencia en voz crítica incomoda. Y una mujer con voz es una mujer con poder”.

Su visión futura incluye crear un refugio integral para mujeres víctimas de abuso. “Un refugio no puede limitarse a brindar techo; debe ser un ecosistema transformador”.

El modelo propone integrar terapia especializada en trauma, asesoría legal estratégica, formación en liderazgo y emprendimiento, acompañamiento con propósito y un plan sostenible de reinserción económica.

Mientras avanza ese proyecto, la Fundación Alzando Nuestras Alas ya ha impactado directa e indirectamente a cientos de mujeres en Estados Unidos, Panamá, Chile, Guatemala y República Dominicana. Además sostiene el grupo virtual Mariposas de Acero, donde decenas reciben acompañamiento profesional.

Al pedirle definir su proceso con una sola palabra, Miguelina responde sin dudar: “Transmutación”. Y explica: “No fue solo resistir; fue transformar el dolor en rumbo, la vulnerabilidad en liderazgo y el miedo en propósito”.

Hoy sus hijos hablan con madurez y orgullo sobre el camino recorrido. “No crecieron viendo a una mujer vencida sino a alguien que decidió levantarse”, dice ella. Para Miguelina ese es su legado más valioso: “Demostrar que la dignidad siempre puede reconstruirse y que cada mujer sanada es un nuevo eslabón para romper la cadena del maltrato”.

Su historia trasciende lo personal; es una invitación colectiva a creer que sin importar las circunstancias, las alas femeninas siempre están listas para volar.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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