Fuente: Listin diario
Creciente preocupación médica ante el aumento del rechazo a cuidados preventivos esenciales en recién nacidos
Médicos de todo el país expresan su inquietud porque el escepticismo, impulsado por el auge del sentimiento anticiencia y la desconfianza en el ámbito médico, está extendiéndose más allá de las vacunas hacia otros cuidados preventivos rutinarios y probados para los bebés.
En un hospital de Idaho, el doctor Tom Patterson observó en un día que la mitad de los recién nacidos no recibieron las inyecciones de vitamina K, una práctica instaurada desde hace décadas para evitar hemorragias potencialmente mortales. En otra jornada reciente, más de una cuarta parte tampoco recibió la inyección, ya que sus padres se negaron.
“Ver a un niño inocente y vulnerable cuyos padres rechazan una intervención simple que se realiza desde 1961 me genera mucha preocupación al pensar en su futuro”, comentó Patterson, quien ejerce como pediatra desde hace casi treinta años.
Médicos a nivel nacional manifiestan alarma porque esta desconfianza alimentada por el aumento del movimiento anticiencia está alcanzando no solo las vacunas sino otros cuidados preventivos comprobados para los bebés.
Un estudio publicado recientemente en la revista Journal of the American Medical Association, que examinó más de cinco millones de nacimientos en todo el país, reveló que los rechazos a las inyecciones de vitamina K casi se duplicaron entre 2017 y 2024, pasando del 2.9% al 5.2%. Otras investigaciones indican que los padres que se niegan a esta inyección tienen una mayor probabilidad de rechazar también la vacuna contra la hepatitis B y la pomada ocular para prevenir infecciones graves que pueden causar ceguera. La tasa de vacunación al nacer ha disminuido en años recientes, y los médicos confirman que cada vez más padres rechazan el medicamento ocular.
“Creo sinceramente que estas familias se preocupan profundamente por sus bebés”, declaró la doctora Kelly Wade, neonatóloga en Filadelfia. “Sin embargo, escucho a las familias decir que tomar decisiones resulta complicado debido a la información contradictoria que reciben”.
Numerosas publicaciones en redes sociales ponen en duda las recomendaciones médicas sobre medidas seguras y eficaces como la vitamina K y la pomada ocular. Además, durante el gobierno de Trump se debilitó repetidamente la ciencia establecida. Un comité asesor federal cuyos miembros fueron nombrados por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., reconocido activista antivacunas antes de asumir el cargo, votó para eliminar la recomendación histórica de vacunar a todos los bebés contra la hepatitis B. Un juez federal bloqueó temporalmente el lunes todas las decisiones adoptadas por este comité renovado.
El doctor David Hill, pediatra e investigador en Seattle, señaló que un punto común entre las posturas antivacunas y el rechazo creciente a otras medidas protectoras para recién nacidos es la falsa creencia de que lo natural siempre supera a lo artificial.
“La naturaleza permite que uno de cada cinco bebés muera durante su primer año”, explicó Hill. “Por eso, generaciones enteras de científicos y médicos han trabajado arduamente para reducir significativamente esa cifra”.
Los recién nacidos presentan niveles bajos de vitamina K, lo que los hace vulnerables porque sus intestinos no producen suficiente hasta comenzar a alimentarse con sólidos alrededor de los seis meses.
“La vitamina K es esencial para ayudar a coagular la sangre y prevenir hemorragias peligrosas en los bebés, como sangrados cerebrales”, aclaró la doctora Kristan Scott, del Hospital Infantil de Filadelfia y autora principal del estudio publicado en JAMA.
Antes de instaurarse las inyecciones como rutina, aproximadamente uno de cada 60 bebés sufría hemorragias por deficiencia de vitamina K, las cuales también pueden afectar el tracto gastrointestinal. Actualmente esta condición es rara; sin embargo, estudios demuestran que los recién nacidos que no reciben dicha inyección tienen 81 veces más probabilidades de sufrir hemorragias graves respecto a quienes sí la reciben.
Hill ha sido testigo directo de estas consecuencias.
“Atendí a un niño pequeño cuyos padres decidieron asumir ese riesgo”, relató el médico. El bebé sufrió un derrame cerebral al nacer y terminó con severos retrasos en su desarrollo y convulsiones persistentes.
En una reunión realizada en febrero por el capítulo de Idaho de la Academia Estadounidense de Pediatría, los médicos reportaron ocho muertes ocasionadas por hemorragia causada por deficiencia de vitamina K en ese estado durante los trece meses previos, informó Patterson, presidente del capítulo.
Las infecciones prevenibles mediante otras medidas para recién nacidos también pueden tener efectos graves. La pomada ocular con eritromicina protege contra la gonorrea adquirida durante el parto, infección que puede causar ceguera si no se trata. La vacuna contra la hepatitis B previene enfermedades que podrían desencadenar insuficiencia hepática, cáncer o cirrosis.
Aunque se realicen pruebas prenatales para detectar gonorrea y hepatitis B en mujeres embarazadas, ninguna es infalible; además existe riesgo de infección posterior al testeo, advirtió la doctora Susan Sirota, pediatra en Highland Park, Illinois. En cualquier caso, existe peligro de transmitir esos padecimientos al bebé.
Los padres justifican su rechazo a estos cuidados con temores sobre posibles efectos adversos o por evitar causar dolor al recién nacido.
“Algunos simplemente desean una filosofía de parto más natural”, señaló el doctor Steven Abelowitz, fundador de Ocean Pediatrics en el condado Orange, California. “Luego hay mucha desinformación… Influencias externas: amigos, celebridades, personas sin formación profesional y agendas políticas”.
Abelowitz trabaja en una zona con un electorado dividido casi equitativamente entre republicanos y demócratas.
“Existe mayor desconfianza entre conservadores pero también mucha entre liberales”, afirmó. “La desconfianza está presente desde todos los sectores”.
Las redes sociales agravan esta problemática al propagar mitos y promocionar gotas orales no reguladas de vitamina K que los médicos advierten no son bien absorbidas por los bebés.
Profesionales sanitarios en diversos estados señalan que quienes rechazan las inyecciones suelen declinar otras intervenciones. Sirota relató que atendió una familia que no permitió realizar una punción en el talón para medir glucosa en un bebé con alto riesgo de hipoglucemia grave y mortal.
Este tipo de rechazos no es nuevo. Wade mencionó haberlo observado durante dos décadas; sin embargo hasta hace poco era algo poco común.
Hace doce años Dana Morrison —actual doula en Minnesota— rechazó la inyección de vitamina K para su hijo recién nacido y optó por gotas orales.
“Mi intención era proteger nuestro tiempo de unión”, afirmó Morrison. “Quería evitar más pinchazos”.
El nacimiento posterior de su hija fue más complicado y dejó un moretón en su pierna; entonces sí accedió a aplicarle la inyección.
Con lo aprendido ahora reconoció que también habría administrado esa inyección a su hijo varón.
Los médicos buscan cambiar opiniones un padre tras otro; ese cambio comienza con respeto mutuo.
“Si entro juzgando vamos a perder completamente cualquier posibilidad de diálogo”, aseguró Hill. “Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos”.
Cuando surge cuestionamiento sobre la necesidad del pinchazo con vitamina K, la doctora Heather Felton intenta resolver dudas específicas explicando su función y riesgos asociados al rechazo. La mayoría termina aceptando aplicarla; Felton no ha notado aumento en rechazos.
“Tomarse tiempo para escuchar atentamente y brindar información educativa es fundamental”, afirmó Felton, pediatra en Norton Children’s Louisville (Kentucky).
En Idaho Patterson frecuentemente aclara malentendidos; algunos padres aceptan finalmente la inyección cuando comprenden detalles como que no se trata de una vacuna.
Estas conversaciones requieren tiempo porque usualmente son con padres desconocidos previamente para los médicos hospitalarios.
No obstante están dispuestos a invertir ese tiempo si así pueden salvar vidas infantiles.
“Cada conversación concluye con esto: ‘Comprendan que mi pasión radica en velar por el bienestar infantil’”, expresó Patterson. “Reconozco lo sensible del tema y respeto todas las opiniones; pero me duele profundamente ver cómo perdemos bebés innecesariamente”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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