Fuente: Listin diario
Tres afecciones que suelen presentarse juntas y se agravan mutuamente.
Las enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la diabetes mellitus tipo 2 (DMT2), la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal crónica, afectan a millones de personas en todo el mundo, generando una creciente carga para los sistemas sanitarios.
Según cifras oficiales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), su incidencia ha aumentado de forma acelerada en las últimas décadas; además, representan la principal causa de muerte y discapacidad a nivel global.
Estas enfermedades, caracterizadas por un desarrollo lento, requieren un manejo clínico integral y cuidados prolongados en el tiempo, lo que incrementa considerablemente los costos médicos y afecta gravemente la calidad de vida de quienes las padecen.
Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF Diabetes Atlas, 11ª edición, 2025), en 2024 se estimó que 1,2 millones de dominicanos vivían con diabetes mellitus. De estos casos, el 42.8% permanecen sin diagnóstico y la prevalencia ajustada por edad es del 17.6%. En el país, se calculan 7,156 muertes anuales en adultos entre 20 y 79 años atribuibles a esta enfermedad.
Alejandro Salvatierra, gerente médico de Metabolismo, Diabetes y Obesidad en Adium Centroamérica y Caribe, indica que la incidencia de esta enfermedad sigue aumentando en el país, impulsada no solo por factores genéticos sino también por hábitos de vida que impactan a toda la población.
Entre ellos mencionó dietas altas en sodio, grasas saturadas y trans, el consumo excesivo de bebidas azucaradas y un estilo de vida cada vez más sedentario. “La herencia familiar es el punto de partida, pero son estos excesos alimenticios y la falta de actividad física los que están acelerando esta epidemia a nivel nacional”, enfatiza el especialista.
En cuanto a la insuficiencia cardíaca (con o sin DMT2), señala que es la principal causa de hospitalización en personas mayores de 65 años y su prevalencia crece en América Latina, especialmente debido al envejecimiento poblacional y al aumento de factores de riesgo como hipertensión y diabetes.
Las mujeres son más afectadas en edades avanzadas, mientras que en hombres la incidencia es mayor en etapas más tempranas.
En sus fases iniciales, la mayoría no presenta síntomas; sin embargo, la dificultad para respirar (disnea) y el cansancio aparecen gradualmente durante días o meses.
“Cuando el corazón pierde eficacia para bombear sangre, esta puede acumularse en áreas como pulmones, hígado, tracto gastrointestinal así como en brazos y piernas; a quienes presentan estos signos se les diagnostica con insuficiencia cardíaca congestiva”, señala un comunicado oficial.
Por otro lado, respecto a la enfermedad renal crónica (con o sin DMT2), describe que se trata de una reducción lenta y progresiva (durante meses o años) en la capacidad renal para filtrar los desechos metabólicos presentes en sangre.
Los síntomas pueden incluir micción nocturna, fatiga, náuseas, picazón que induce rascado (prurito), espasmos y calambres musculares, pérdida del apetito, confusión mental, dificultad respiratoria e hinchazón corporal —sobre todo en las piernas—.
“Estas tres enfermedades suelen coexistir con frecuencia y cada una empeora el pronóstico de las otras; sin embargo, no todos los pacientes presentan las tres simultáneamente. En quienes ya padecen alguna de ellas es crucial seguir las indicaciones médicas y controles periódicos para mantener bajo control los factores que puedan influir en las demás”, explicó Salvatierra.
En República Dominicana existen terapias con triple impacto que mejoran integralmente la calidad de vida en pacientes con DMT2, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica.
La dapagliflozina y empagliflozina —dos potentes inhibidores selectivos y reversibles del SGLT2— favorecen la eliminación urinaria de glucosa en pacientes con DMT2; alivian la sobrecarga cardíaca y retrasan el progreso del daño renal tanto en personas con como sin DMT2.
Ambas moléculas están disponibles como monoterapia. Además, hay una combinación entre empagliflozina y metformina que incrementa la sensibilidad a la insulina, reduce la producción hepática de glucosa y potencia su captación periférica en pacientes con DMT2.
Estas alternativas brindan un abordaje multidimensional que regula los niveles de azúcar sanguíneo, protege el sistema cardiovascular y preserva la función renal.
El especialista señala que “entre los beneficios observados en estos tratamientos para insuficiencia cardíaca se incluyen menos hospitalizaciones y visitas a emergencias. En insuficiencia renal crónica evitan que avance hasta requerir trasplante o diálisis; mientras que en DMT2 previenen complicaciones especialmente relacionadas con corazón y riñones”.
Considera que el envejecimiento poblacional, el aumento de obesidad y una mayor supervivencia tras diagnóstico han elevado considerablemente la prevalencia conjunta de estas tres enfermedades.
Para detener su avance es fundamental la prevención: realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, adoptar una dieta basada en frutas, verduras y cereales integrales; manejar eficazmente el estrés; evitar el tabaco y consumir alcohol con moderación.
Además es recomendable tratar y controlar afecciones como enfermedad coronaria, hipertensión arterial u obesidad; así como acudir regularmente al médico para evaluaciones preventivas ante estas enfermedades tan comunes.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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