Fuente: Hoy Digital
La obesidad es reconocida como una enfermedad crónica, inflamatoria, recurrente y multifactorial, que se distingue por el incremento del tejido adiposo.
Por esta razón, también se clasifica como una adipopatía, es decir, una alteración del tejido graso con repercusiones sistémicas.
Así lo explicó el nutriólogo Osvaldo Peña Tió, del Centro Guardianes de la Salud.
“Suele ponerse atención en sus complicaciones médicas más conocidas: hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, eventos cerebrovasculares, diabetes tipo 2 —lo que actualmente se denomina ‘diabesidad’— e incluso varios tipos de cáncer.
No obstante, hay otras manifestaciones frecuentes que suelen pasar desapercibidas”, comentó.
Destacó que estas incluyen problemas con la vesícula biliar, trastornos osteoarticulares, hernias (especialmente lumbares y umbilicales), alteraciones en la función sexual, infertilidad, limitaciones para moverse, insuficiencia respiratoria, apnea del sueño y dolor crónico en articulaciones como cuello, rodillas y tobillos. También es común la fatiga constante y dificultades para conciliar un sueño reparador.
“Pero más allá de las complicaciones clínicas, es crucial visibilizar los efectos sociales, económicos y emocionales de la obesidad”, subrayó.
En el ámbito laboral, quienes padecen obesidad pueden experimentar menor productividad, mayor ausentismo por enfermedades y a menudo discriminación. No es extraño que personas con obesidad tengan menos oportunidades laborales a igualdad de condiciones. Además, en la vida diaria pueden enfrentar exclusión en el transporte público o limitaciones al viajar.
Tió señaló que desde el punto de vista económico, el impacto también es considerable. Se requiere un mayor uso de servicios sanitarios, consultas médicas frecuentes y numerosos tratamientos farmacológicos. Esto sumado a gastos en transporte y posibles adaptaciones en el hogar (como barras de apoyo o cambios estructurales) incrementa la carga financiera.
“Otro aspecto poco abordado es la dificultad para encontrar ropa y calzado adecuados, algo que aunque parezca menor afecta directamente la autoestima y la calidad de vida”, afirmó.
En el plano emocional, las consecuencias son profundas. Las personas con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión, baja autoestima e insomnio. En niños y adolescentes esta situación es aún más grave debido al acoso escolar (bullying), que puede dejar secuelas psicológicas importantes e incluso derivar en conductas autolesivas en casos extremos.
“Esto nos recuerda que la obesidad no es únicamente una enfermedad metabólica, sino una condición compleja que impacta múltiples áreas de la vida. Por ello su tratamiento debe ser integral y multidisciplinario”, sostuvo.
Advirtió que resulta esencial que los profesionales de salud entiendan que la obesidad no es cuestión de falta de voluntad, sino un trastorno de regulación biológica influenciado por factores genéticos, ambientales y sociales.
En este escenario cobra gran relevancia la medicina de precisión y especialmente la nutrición personalizada. Cada persona tiene un recorrido diferente, frecuentemente marcado por estigma, frustración e intentos fallidos.
No necesitan más juicios; requieren acompañamiento. Nuestra función es brindar estructura, educación, empatía y soporte.
Señaló que tratar al paciente con respeto, paciencia y humanidad es tan importante como cualquier intervención clínica.
Al fin y al cabo, “no solo alimentamos el cuerpo; también debemos aprender a nutrir la dignidad, la autoestima y la salud emocional de quienes conviven con esta condición”.
La palabra muchas veces representa nuestra primera herramienta terapéutica”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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