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Kurt Russell en The Madison: “Jamás había dado vida a un personaje tan parecido a mí”

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Hay producciones que capturan tu atención por sus giros inesperados o sus elevados presupuestos.

Fuente: Listin diario

La química entre Preston y Stacy, interpretada por Michelle Pfeiffer, destaca como uno de los aspectos más valorados de la serie de Paramount+, reuniendo nuevamente a Russell y Pfeiffer tras Tequila Sunrise (1988).

Hay producciones que capturan tu atención por sus giros inesperados o sus elevados presupuestos. “The Madison” no encaja en ninguna de estas categorías. Su fuerza radica en algo más complejo de lograr: una historia que duele porque se siente genuina. Y el actor que da vida a Preston Clyburn, el padre ausente sobre quien gira toda la trama, lo supo desde la primera lectura del guion.

“Tuve dificultades para terminarlo porque me impactó profundamente. Me tocó a nivel personal”, confesó Kurt Russell durante la presentación global de la serie para Paramount+.

Con 65 años frente a las cámaras, Russell rara vez se expresa así sobre un proyecto. Pero esta vez había algo diferente.

A sus 73 años, ha interpretado todo tipo de personajes: héroes de acción, antihéroes peculiares y figuras icónicas del cine estadounidense. Snake Plissken. Jack Burton. R.J. MacReady. Individuos muy alejados de su propia experiencia, creados mediante observación y oficio. Preston Clyburn es distinto.

“Nunca antes había interpretado un personaje tan próximo a mi vida y a mí mismo”, declaró Russell con una sinceridad poco común. “Quería transmitir eso a Michelle y llevarlo al conjunto del show.”

Preston es el eje emocional de The Madison, no por su presencia constante en pantalla, sino justamente por su ausencia. La serie, creada por Taylor Sheridan (Yellowstone, 1883), comienza con una pérdida inesperada que sitúa al espectador en la misma situación que los personajes: aturdido y sin tiempo para prepararse.

“El impacto de lo ocurrido coloca inmediatamente al público en los zapatos de Michelle”, explicó Russell.

“Para ellos es tan extraño e impactante como para ella en su vida real. Eso aporta una autenticidad desde el primer instante.”

Una de las relaciones más alabadas en la serie es la que une a Preston con su esposa Stacy, encarnada por Michelle Pfeiffer, con quien Russell no trabajaba desde Tequila Sunrise (1988). Casi cuarenta años después, la complicidad sigue intacta, pero con una profundidad renovada.

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“Hace mucho tiempo que no veo una relación así”, comentó Russell. “Estas dos personas realmente se amaban profundamente. Y eso es lo que genera la gran tragedia.”

No existen artificios ni dramas exagerados en esa relación. Solo dos personas que se quieren y el vacío que queda cuando uno ya no está.

Para Russell, esa sinceridad es la mayor fortaleza del guion de Sheridan. “Es una relación verdaderamente amorosa, y eso provoca la gran tragedia”, insistió, como si le pesara decirlo.

Muchos de sus momentos más intensos junto a Pfeiffer suceden por teléfono, sin compartir el mismo espacio físico. Lejos de considerarlo un obstáculo, Russell lo aprovechó como recurso.

“He tenido muchas conversaciones así con Goldie y con mis hijos. Por eso creo que el público puede identificarse si logras capturar esa sensación de comunicarse a distancia pero con mucha intimidad.”

En Hollywood los guiones suelen cambiar continuamente; las páginas nuevas llegan incluso la noche antes del rodaje y las tramas se ajustan en montaje. Trabajar con Taylor Sheridan es diferente.

“No recuerdo cuándo fue la última vez que participé en un proyecto sin modificaciones. Lo que lees es lo que haces”, contó Russell. Esa particularidad —un guion casi definitivo— le permitió enfocarse en algo más delicado que actuar: plasmar fielmente lo que el escritor quería expresar. Y parece haberlo conseguido.

“Hablé recientemente con Taylor y me alegró descubrir que sentía que el 95 por ciento de lo que tenía en mente pudo ser plasmado en papel y ejecutado tal cual deseaba.”

The Madison no solo narra un duelo, sino también el encuentro entre dos mundos: la familia Clyburn, profundamente neoyorquina, enfrentándose a la Montana amada por Preston. Russell, residente en Colorado desde los 26 años, comprende esa tensión desde dentro.

“Estas mujeres son muy fuertes, pero fuertes como la ciudad”, dijo entre risas. “Los hombres son fuertes también, pero como el campo. Y cuando combinas eso surge una oportunidad maravillosa para mucho humor. Sin embargo, siempre hay un trasfondo agridulce porque está anclado en tanto dolor.”

Nueva York y Montana no son meros escenarios en la historia; según Russell, tienen su propia identidad como personajes.

“Son dos personajes muy importantes: Nueva York es uno con su gente; Montana es otro con su gente propia. Y ese choque permite desplegar todo tipo de emociones humanas.”

La relación de Russell con estos lugares es personal: nació en Maine, creció en Los Ángeles y se trasladó a Colorado cuando decidió dejar atrás solo hablar de la vida que quería vivir para comenzarla realmente.

“O decidía vivir esa vida o quedarme hablando sobre ella. Me alegra haber elegido lo primero.”

Una escena recurrente en The Madison funciona como metáfora: la pesca con mosca en las aguas del río Madison. Para Russell no es un simple decorado; es algo conocido desde su infancia, cuando su abuelo tenía el primer lago exclusivo para pesca con mosca en Maine.

“Cuando estás concentrado y enfocado profundamente creo que te lleva a un lugar donde puedes reflexionar sobre ti mismo”, explicó. “Y las aguas del Madison eran hermosas; un gran sitio para hacerlo.”

En esencia, eso es lo que propone toda la serie: un espacio para mirar hacia adentro; no para hallar respuestas fáciles sino para enfrentar preguntas dolorosas.

Al final de la conferencia, Russell resumió con pocas palabras la cuestión central de The Madison:

“En cada circunstancia tienes la oportunidad de perderte en lo que podrías llamar victimismo o superarlo y aprender más sobre la vida, sus placeres y sus tragedias”, dijo.

No es una enseñanza sacada de un libro motivacional; es la conclusión de alguien que ha vivido mucho, leyó un guion que lo detuvo a mitad del camino y decidió compartir esa incomodidad porque valía la pena hacerlo.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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