Fuente: Listin diario
Un valor esencial heredado de su familia fue la manera en que concibe el trabajo. Para Carla, laborar nunca representó un sacrificio, sino una fuente de placer.
Conversar con Carla Quiñones implica comprender que la moda dominicana no solo se lleva puesta: se transmite, se cuida y se proyecta. Como directora ejecutiva de la casa Jenny Polanco, no solo encabeza una marca icónica, sino que asume con firmeza el compromiso de preservar una historia estrechamente vinculada a la identidad cultural del país.
Desde el inicio del diálogo, su tono denota un propósito claro. “Este tipo de entrevistas es una oportunidad para seguir enamorando a más personas”.
Creció entre telas, arte y creatividad sin límites
Su trayectoria comienza en talleres, bocetos y sesiones fotográficas. En 1984, siendo apenas una niña, participó en Carajitos, una línea infantil impulsada por su madre junto a Minou Tavares, que rompió con los estándares tradicionales de la moda para niños en República Dominicana.
“Era ropa alegre, casual, diseñada para niños que no tenían opciones así en ese momento”, rememora. Más allá de las prendas, lo que perdura es la experiencia: crecer rodeada de creatividad, con una estética que ya apostaba por lo genuinamente dominicano y una narrativa visual propia.
Ese mundo no se limitaba al taller. Carla se desarrolló en un ambiente donde el arte, la música y la cultura formaban parte cotidiana. “Siempre se hablaba de identidad, danza y trabajo artesanal”, relata. Recuerdos como las visitas a Puerto Plata, donde su madre abrió una tienda en el hotel Eurotel, influyeron en su sensibilidad hacia los materiales, la artesanía y el valor local.
El trabajo como fuente de pasión
Una herencia profunda recibida de su familia fue la relación con el trabajo. Para Carla, laborar nunca fue entendido como sacrificio sino como disfrute.
“Desde pequeña comprendí que el trabajo de mi mamá era algo que le hacía feliz. Entonces para mí también debía serlo”, explica.
Tomar las riendas de Jenny Polanco no ha sido solo ocupar un puesto; ha implicado entender que el legado de la diseñadora va más allá de lo familiar.
“El legado no es solo mío ni de Luis Carlos. Es algo construido durante 41 años y que ahora pertenece también al país”, sostiene.
Esa conciencia se profundizó tras el fallecimiento de Jenny Polanco en 2020, un episodio que Carla describe como un duelo colectivo. “No estábamos solos. Fue un duelo nacional”, recuerda. Desde entonces, continuar con la marca se convirtió en una misión compartida, impulsada tanto por su equipo como por una comunidad que no quería perder ese referente.
Hoy en día el desafío es mayor aún. “Antes Jenny era quien marcaba el camino. Ahora nos corresponde a nosotros ser ese referente”, comenta. Y en ese proceso mantiene un diálogo constante con la memoria materna.
En este recorrido ha descubierto su propia fortaleza: una cualidad que su madre siempre le reconoció pero que solo ella entendió al asumir esta responsabilidad.
“Puse mi duelo a un lado porque había que seguir adelante; era necesario sostener a la familia y a la empresa”, confiesa. Esa resiliencia, junto al ejemplo de una mujer multifacética —empresaria, diseñadora y madre— ha forjado su carácter.
Fundación Jenny Polanco: sembrando el futuro de la moda dominicana
De esa misma visión nace la Fundación Jenny Polanco, un proyecto destinado a institucionalizar el espíritu colaborativo característico de la diseñadora.
“La fundación nació para apoyar, conectar y formar”, detalla Carla. Mediante programas como Saber Hacer y pasantías en la empresa, se enfocan principalmente en jóvenes mujeres que buscan incorporarse a la industria de la moda.
En un contexto donde las oportunidades para especializarse o acceder al primer empleo son limitadas, esta fundación funciona como puente. Desde formación en oficios como marroquinería y orfebrería hasta acompañamiento profesional, su meta es fortalecer la industria desde sus cimientos.
“Necesitamos más personas capacitadas, más mentores y más espacios donde aprender y equivocarse”, afirma.
Un diálogo permanente entre pasado y futuro
A pesar de su ausencia física, Jenny Polanco permanece presente en cada decisión tomada. Carla lo expresa sin dudas: “Yo le cuento todo todos los días”.
Este vínculo se refleja en la intuición, confianza para asumir riesgos y convicción sobre el crecimiento como parte del legado. Incluso cuando toma decisiones que quizás su madre no aprobaría completamente, Carla encuentra ahí una forma de honrarla: ampliando los límites que ella misma ayudó a establecer.
“Ella me enseñó a creer en mí”, afirma Carla; precisamente esa fe es hoy el motor de su liderazgo.
Más allá de mantener, evolucionar
A seis años desde que asumió este rol, Carla Quiñones no solo ha sostenido una marca; la ha llevado a replantearse, adaptarse y proyectarse hacia adelante.
Con un equilibrio entre respeto por la herencia y apertura al cambio, su gestión es un ejemplo claro de cómo los legados no permanecen intactos sino que evolucionan.
Porque finalmente —como ella misma insinúa— el verdadero reto no es simplemente continuar lo existente sino hacerlo crecer sin perder su esencia original. Y en ese balance entre memoria e innovación se escribe hoy un nuevo capítulo para la moda dominicana.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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