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Exceso en la comida y bebida: vivir “como si el mañana no existiera”

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Mantener horarios regulares, incluir proteínas y fibra en comidas principales y evitar largos periodos sin comer disminuye significativamente episodios voraces”.

Fuente: Hoy Digital

— Nicolas Dhondt, psicólogo clínico y neuropsicólogo especializado en trastornos alimentarios, miembro de Yazen, plataforma digital para lograr y mantener un peso saludable, aclara en una entrevista con EFE que “en psicología no hablamos de ‘gula’ desde una perspectiva moral”.

— Según Dhondt, las personas comúnmente etiquetadas como ‘glotonas’ o ‘voraces’ “suelen comer más allá de lo que les indica su hambre fisiológica, impulsadas por emociones como el estrés, la ansiedad, tristeza o aburrimiento, o bien por aprendizajes anteriores”.

— Este experto advierte que “cuando alguien interpreta su conducta de comer en exceso como un defecto moral en lugar de un comportamiento modificable, se genera un ciclo de culpa y vergüenza que provoca malestar, incrementa el riesgo de episodios descontrolados de ingesta emocional y aumenta la culpa misma”.

De acuerdo con la tradición cristiana, la gula es entendida como uno de los siete pecados capitales, considerados fuentes de otros pecados; Santo Tomás de Aquino los definió como “aquellos vicios a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”, según especialistas.

A diferencia de otros pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, pereza, envidia e ira), la gula es vista como un pecado más doméstico y común. El escritor y gestor cultural Manuel Mateo Pérez señala que al escuchar esa palabra se evoca automáticamente “un bodegón flamenco”.

No obstante, aunque puede parecer una forma placentera y benigna de disfrutar la vida, la glotonería está en la raíz de otros vicios y comparte dinámicas conductuales con ellos, como el consumo excesivo de alcohol o las adicciones a sustancias, según apunta el filósofo y jesuita italiano Giovanni Cucci en ‘La Civiltà Cattolica’.

Cuando las emociones desencadenan el exceso alimentario.

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Nicolas Dhondt insiste en la entrevista con EFE que “en psicología no abordamos la gula desde un enfoque moral”, reafirmando su especialidad en trastornos alimentarios dentro del equipo de Yazen (www.yazen.com).

Los profesionales del área se refieren a estas conductas como “ingesta emocional o impulsiva y conductas alimentarias desreguladas”.

Dhondt explica que estas pautas implican que la persona come más allá de su hambre fisiológica habitualmente motivada por estados emocionales como el estrés, ansiedad, tristeza o aburrimiento, además de aprendizajes previos.

Entre las causas psicológicas comunes detrás de la supuesta gula o glotonería están una regulación emocional ineficaz —donde la comida funciona como alivio inmediato del malestar— y condicionamientos aprendidos desde infancia que vinculan alimentos con recompensa, consuelo o celebración.

Esta conducta también suele estar relacionada con una “restricción previa excesiva” (dieta muy estricta que provoca pérdida posterior del control) así como con autoexigencia y perfeccionismo (un patrón ‘todo o nada’ que favorece atracones tras pequeños deslices), detalla Dhondt.

El psicólogo destaca que “no se trata de un ‘vicio’, sino de una conducta aprendida susceptible de modificación mediante apoyo profesional y educación en hábitos saludables”.

Un hábito susceptible de transformación.

Respecto al tratamiento psicológico, Dhondt señala que “para ayudar al paciente es fundamental evitar estigmatizar la comida y fomentar la conciencia sobre cuándo se come por hambre real y cuándo se utiliza para compensar emociones”.

Afirma que “en personas católicas creyentes el componente moral puede agregar culpa o vergüenza extra, emociones que paradójicamente elevan el riesgo de ingestas descontroladas”.

Recalca: “Interpretar esta conducta como un fallo moral ligado a la identidad personal en vez de como un patrón modificable activa un círculo vicioso de culpa, malestar e ingesta emocional”.

Aunque tradicionalmente la gula es considerada pecado capital dentro del cristianismo, también se promueven valores como compasión, templanza y cuidado corporal; por ello “centrar el enfoque terapéutico en el autocuidado responsable más que en el castigo o culpa suele ser mucho más beneficioso”, argumenta Dhondt.

“La salud se construye desde la conciencia y el equilibrio, no desde la autocondenación”, subraya este especialista quien propone tres estrategias para controlar impulsos voraces o glotonería cuando surgen.

“Antes de comer impulsivamente detente cinco minutos y pregúntate: ¿Siento hambre física o emocional? ¿Qué emoción estoy experimentando ahora? ¿Qué otra acción podría realizar además de comer? Muchas veces solo pausar reduce el impulso”, explica.

“Si emociones como estrés o aburrimiento motivan tu ingesta excesiva, planifica alternativas tales como caminar brevemente; llamar a alguien cercano; practicar respiración diafragmática; o tomar una infusión caliente sin distracciones”, recomienda.

“No se trata de prohibirte alimentos sino ampliar tus respuestas ante el impulso emocional por comer; para esto puedes acudir a un especialista”, añade.

Finalmente subraya: “La prevención es clave. Mantener horarios regulares, incluir proteínas y fibra en comidas principales y evitar largos periodos sin comer disminuye significativamente episodios voraces”.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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