Fuente: La Jornada/la_jornada@jornada.com.mx
Washington y Nueva York. El presidente Donald Trump desestimó las acusaciones que señalan que sus amenazas de arrasar completamente la infraestructura civil de Irán, o incluso “devastar el país entero”, constituirían crímenes de guerra internacionales, a pesar de que un número creciente de voces dentro y fuera de Estados Unidos han denunciado que Washington, junto con Israel, han infringido las Convenciones de Ginebra.
En una conferencia de prensa en la Casa Blanca el lunes, el mandatario aseguró que su administración e Irán están negociando mediante intermediarios para lograr un cese al fuego, pero advirtió que, si Teherán no acepta sus condiciones antes de las 20 horas del martes (hora de Washington, 18 horas en México), las fuerzas armadas estadounidenses destruirán todos los puentes y plantas eléctricas en Irán. “Tenemos un plan basado en nuestro poderío militar; cada puente en Irán será diezmado para la medianoche de mañana, y toda planta eléctrica quedará fuera de servicio, incendiada, explotando y para nunca más usarse”, declaró ante los periodistas.
Su primer comentario fue aún más alarmante, asegurando que todo el país iraní “podría ser devastado en una sola noche, y esa podría ser la noche de mañana”.
Al ser cuestionado por un reportero sobre si le preocupaba que ataques intencionales contra infraestructura civil violarían las Convenciones de Ginebra y otras normas del derecho internacional, Trump respondió “para nada”, argumentando que las acusaciones de que Irán sigue intentando desarrollar armas nucleares justifican su postura —olvidando que él mismo afirmó previamente que esa capacidad ya había sido eliminada.
Sin embargo, exabogados militares sostienen que el presidente y los altos mandos castrenses deberían estar alarmados. “Tales declaraciones retóricas —si se llevan a cabo— serían algunos de los crímenes de guerra más graves, por lo cual las palabras del presidente colocan a los militares en una situación sumamente riesgosa”, escriben las abogadas militares retiradas Margaret Donovan y Rachel VanLandingham en Just Security. “La ley bélica prohíbe ‘actos o amenazas de violencia cuyo propósito principal sea difundir terror entre la población civil’”.
La semana pasada, más de 100 expertos en derecho internacional emitieron una advertencia pública afirmando que la guerra estadounidense contra Irán viola la Carta de las Naciones Unidas y podría constituir un crimen de guerra —esto incluso antes de las amenazas contra objetivos civiles hechas este lunes.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, recordó este lunes que atacar infraestructura civil está prohibido por el derecho internacional. “Aunque cierta infraestructura civil específica pueda ser considerada como objetivo militar”, un ataque sigue estando prohibido si implica “daño civil incidental excesivo”, declaró Stephane Dujarric, vocero de la ONU, a la agencia AP.
No obstante, el derecho internacional no parecía ser una prioridad para el mandatario estadounidense. Trump comenzó su día acompañado por su esposa y un asistente vestidos con disfraces del conejo de Pascua en la tradicional búsqueda anual de huevos en la Casa Blanca con niños y sus familias, para luego presentarse inmediatamente después a hablar sobre ataques militares capaces de devastar a otro país —y a sus niños—. En ese acto estuvo acompañado no por el conejo sino por el jefe del Estado Mayor, el secretario de Defensa y el director de la CIA para celebrar el rescate de dos pilotos del avión F-15 derribado en Irán. Como es habitual, Trump proclamó que la operación fue algo “que nunca nadie ha visto antes”. Luego advirtió a Irán que todo su país podría ser destruido “en una sola noche”.
Los líderes militares ofrecieron detalles sobre el rescate de los pilotos, presentándolo como resultado del valiente liderazgo del comandante en jefe Trump. Cuando se le preguntó si tenía un plan para poner fin a la guerra contra Irán, respondió: “tengo el mejor plan de todos, pero no les voy a decir cuál es”.
Entre sus comentarios mientras posaba junto al conejo de Pascua, afirmó que le “gustaría tomar el petróleo iraní”, aunque reconoció que la opinión pública estadounidense favorece retirar tropas y terminar con el conflicto armado.
Soñando con Venezuela
Durante la conferencia posterior, Trump reiteró su anhelo y volvió a destacar lo que considera su gran logro en Venezuela. Comentó que tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, Estados Unidos obtuvo acceso al petróleo venezolano. “Como saben, la guerra terminó en unos 45 minutos”, dijo con cierto tono nostálgico. “Somos socios con Venezuela y hemos tomado cientos de millones de barriles, cientos de millones; más de 100 millones están ya en Houston, refinados y enviados”. Añadió que antes se permitía a los vencedores en guerras apropiarse de los recursos del país derrotado y lamentó que eso no ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial.
Varios altos funcionarios del gobierno Trump han señalado que el presidente esperaba una guerra rápida contra Irán, similar al caso venezolano, y se frustró cuando eso no sucedió. Este lunes volvió a ensalzar la “victoria” estadounidense en Venezuela como su modelo favorito para intervenciones externas. “Dicen que si me postulara para presidente de Venezuela tendría niveles de aprobación más altos que cualquier otro allí”, afirmó con una sonrisa. “Después de esto podría ir a Venezuela; aprendería rápido español, no tomaría mucho tiempo —soy bueno para los idiomas [aunque solo habla inglés]— e iría allá; me lanzaría para presidente”. Sin embargo agregó que actualmente Estados Unidos está “muy contento” con el gobierno vigente en Caracas.
Pero dentro del propio país crecen las voces preocupadas por las declaraciones presidenciales. “Eso no está haciendo América grande otra vez; esto es maldad”, escribió en redes sociales Marjorie Taylor Greene, exdiputada republicana ultraderechista quien hasta hace poco fue admiradora de Trump. Por su parte, el senador demócrata Chris Murphy señaló: “Si yo estuviera en el gabinete… estaría consultando abogados constitucionales sobre la 25ª Enmienda [de la Constitución], que aborda la destitución presidencial por incapacidad”. Añadió: “Esto es completamente loco; ya ha causado miles de muertes y va a causar muchas más”.
El senador Bernie Sanders coincidió mediante sus redes sociales ante las declaraciones presidenciales: “Estos son los delirios peligrosos e inestables mentalmente de un individuo. El Congreso debe actuar ahora mismo; pongan fin a esta guerra”.
Sin embargo, hasta ahora esa oposición no incluye figuras políticas dentro del partido del presidente ni otros altos cargos estadunidenses; tampoco se observa un pronunciamiento claro —más allá del discurso— por parte de la mayoría gobiernos mundiales que suelen defender el derecho internacional y sus principios.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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