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La muerte en la poesía de Apolinar Núñez, trovador de Baitoa

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Nadie puede conjugar el verbo morir en primera persona en tiempo real, salvo de forma metafórica.

Fuente: Hoy Digital

Nadie puede conjugar el verbo morir en primera persona en tiempo real, salvo de forma metafórica. Expresiones como “yo muero”, “yo morí” o “yo moriré” y otras variantes no constituyen hechos, sino discursos improbables, ni falsos ni verdaderos. En Pasión por la muerte y la vida, desde el primer epitafio de Heriberto Pérez (p. 71) hasta el último de Sebastián Núñez (p. 124), los textos de las lápidas fueron dictados por los difuntos a sus familiares, y el narrador ficticio los inventó y reprodujo en su obra con nombre y apellido de los fallecidos. Esto le brinda al narrador la libertad de poetizar los epitafios, insertando discursos jocosos, irónicos, sarcásticos, hiperbólicos, grotescos e incluso filosóficos antes de la llegada de la quévedesca “hora de todos”. Los autores de estos epitafios fueron personajes de Baitoa, lengua común del poeta Núñez, pero en su obra poética adquieren una condición ficticia que busca verosimilitud. En el libro se hallan epitafios breves, medianos y extensos, según la voluntad necrofílica del narrador.

§ 14. Heriberto Pérez ordenó inscribir el siguiente texto: “Me duele no haber experimentado mi nacer ni mi muerte, no poder vivir antes de mi nacimiento y un poco más allá de mi muerte.” El deseo del epitafiero resulta absurdo, según la teoría de Camus, pues ni el nacimiento ni la muerte dependen del sujeto y carecen de sentido o lógica. Sin embargo, tiene sentido la personalidad del difunto que se define como servidor de otros en espera de “un pequeño destino”, es decir, un reconocimiento que quizás no alcanzó en vida. De ahí su decepción y tristeza. Sicogenealógicamente, Heriberto Pérez fue un muerto mal enterrado y sus familiares deberán sacarlo de ese estado doloroso con una buena ceremonia de duelo.

§ 15. A diferencia de la mala muerte de Heriberto Pérez, Leopoldo Núñez (p. 75) fue un hombre profundamente creyente y vio la muerte como un bálsamo pacificador, no como un alma atormentada: “Desde esta tumba, vencida mi Bestia, iré al Gran día de Yahveh, quien me llamará a su paraíso donde jamás habrá torturas y misterios. Allí mis oídos se llenarán de cantos triunfales y de voces suaves y tenues como las de los primeros ángeles.” No hay garantía de que la muerte plácida de Leopoldo difiera de la intranquila padecida por Heriberto; ambos practicaron a su manera los Evangelios: servir a los demás y vivir conforme a ellos en otra vida. Es una ilusión consoladora creer que existe premio o castigo tras la muerte. Nadie ha regresado para confirmarlo. La mayor aspiración humana sería que quien cree en una vida después de la muerte respete a quien no cree en castigo o recompensa post mortem. Ojalá se respete ese derecho a pensar diferente al consenso como símbolo de paz para evitar guerras e intolerancia.

§ 16. El epitafio de Eulalia Núñez (no la famosa “eterna risa de oro”) corresponde a una mujer engañada por su esposo (traicionada por una amiga) y sin saberlo fiel creyente en el Libro de los Muertos egipcio, pues fue enterrada con objetos para el viaje eterno y posible regreso a la vida mundana (según el paraíso egipcio donde el difunto puede metamorfosearse): “Al morir, además del llanto de mi hijo recién nacido y bautizado, dejé una esperanza de regreso. Por eso me enterraron con zapatos muy cómodos para que cuando pueda y quiera, regrese al mundo a vigilar las inocencias de mi hijo y los gestos ridículos de la que me reemplazó en el lecho nupcial.”

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§ 17. No pretendo hacer un análisis exhaustivo de todos los epitafios del libro; remito a quienes me lean a revisar textos posteriores porque considero que el último epitafio lo escribió el propio narrador en vida con el poema “Cuando yo muera”. En la música popular también existen epitafios similares escritos por Joseíto Mateo, Johnny Ventura, India Canela, Jandy Ventura y Diómedes con Grupo Mío, Ubanda y Geovanny Polanco — intérpretes del merengue Luis Kalaff— aunque dudo que sus familiares hayan cumplido esos deseos porque los muertos no se gobiernan y hay que seguir las costumbres sociales. De modo semejante ocurre con el narrador de Pasión por la vida y la muerte cuyo deseo nada garantiza: “Cuando yo muera, es mi fiel voluntad que me entierren junto a mis muertos porque necesito correr el mismo riesgo de los mismos gusanos que los hicieron estándares de miedos y recuerdos.” (P. 125).

§ 18. Sin embargo, el poeta Núñez a través del narrador ha elaborado —relacionando autor-vida-obra— textos emblemáticos que dialogan con un poeta vivo (Luis Manuel Ledesma, p. 48), políticos izquierdistas fallecidos (Óscar Santana p. 38; Amín Abel p. 39; Albizu Campos p. 42), así como con poetas y escritores muertos (Manuel Rueda p. 47; Juan Bosch p. 50; Rafael Herrera Cabral p. 52; Freddy Gatón Arce p. 53; Héctor Incháustegui Cabral p. 54; Joaquín Balaguer p. 55).

§ 19. Un punto común entre algunos poemas tanto de Núñez como Ledesma son temas como la secretaria y el antibalaguerismo. Pero es Núñez quien lanza guiños directos a Ledesma en “Carta a Luis Manuel Ledesma” (p. 48: “Por aquí conferenció Manuel Rueda sin boina, con el Tambor de las Islas”). Rueda viajó a Santiago para promover su pluralismo entre finales del ’75 e inicios del ’76; Apolinar formó parte del movimiento registrado en p.161 del libro fundador Con el tambor de las islas (Santo Domingo: Taller, 1975). Ledesma fue algo así como secretario-albacea del pluralismo). En esa misma carta Núñez vuelve a guiñar a Ledesma cuando copia casi literalmente tres versos del poema “Problema” del primero: “El Secretario de Estado tiene a su secretaria en estado” (p. 87). Al final escribe refiriéndose a Rueda en Santiago: “…y lo acompañaba un subsecretario de Estado sin su secretaria en estado.” (Pasión por la vida… p.48). El último guiño lo produce Núñez en “Mi secretaria” (“Carta…” p.64), título muy parecido al “La secretaria” (Facturas p.33) del bardo maeño.

§ 20. ¿Qué teoría sobre muerte, literatura y política presentan estos poemas necrofílicos? El antibalaguerismo fue una posición política predominante entre jóvenes izquierdistas —y también conservadores como PRD y PRSC— surgidos en movimientos estudiantiles, clase media obrera vinculada a esas tendencias. No sorprende entonces que tanto Ledesma como Núñez reflejen esa rebeldía política conectando así sus obras poéticas en ese punto común. Ledesma expresa claramente esta rebeldía desde 1974 en Facturas y otros papeles (inédito entonces), ganador del primer premio poético patrocinado por Editora La Razón con suplemento Aquí dirigido por Mateo Morrison: “Elecciones” (p.76): “Ese pueblo allá indefenso sobre el nivel del mar celebra elecciones con el solo privilegio de elegir a sus verdugos”; “Telón” (p.77): “Caído el telón el Gran César moverá los peones Los poetas iniciarán sus elegías”; “Ministros” (p.78): “Los ministros preparan sus discursos(sic) Alabanzas los jerarcas Han comenzado a cincelar las estatuas”; “Fauna” (p.79): “…los que hablaron hace 15 horas 45 minutos con su Excelencia el Presidente”; “Quien se crea” (p.82), aborda trampas presidenciales: “Quien se crea madera de presidente…”; finalmente “Carta a mamá desde penal blanco y negro” (p.88): “… leer aquí es atentar contra seguridad interna…”.

§ 21. Por su parte Apolinar Núñez es más frontal señalando directamente a Balaguer mediante anáfora en “Carta a nuestro dictador” (p.55), similar al contenido previo en En tiempos de un dictador (Santiago: Papeles Mimeografiados,1976). En este poema expresa su rabia: “Si huyes… si te arrastran para el escarnio… entonces te juro que estaré al frente levantando alegría con algún poema insultante para despedir tu vida.” En carta a Ledesma resalta relación Poder-dictador-poeta: “Vi a Manolito Mora Serrano (El Sol). Jamás imaginé escritor tan feo tirándole brazo con cigarrillo al Presidente tan sonriente…”

§ 22. Cabe destacar coincidencias entre concepciones poéticas tanto en Ledesma como Núñez; este último vincula poesía siempre con muerte e indecisión sobre utilidad del poema; igual ocurre con Ledesma quien hacia final aborda muerte en “Canción buena muerte” (p.103); mientras Núñez convierte epitafios y poemas finales en celebración simbólica: resurrección tras morir (“Cuando yo muera” p125; “El poeta habla con la muerte…” p128).

§ 23. Respecto al poema hay rechazo hacia Leopardi y románticos afines (p29) y en “Visiones modo réquiem” (p63) reflexiona sobre inutilidad verbal: “…en mi gaveta quedarán gérmenes verbales… toda esa inutilidad poesía.” En letanía “Sentencias” (p11) contradice Celaya: “Un poema no es fusil”, pero se aproxima más bien a Poemas una sola angustia (“Invitación…” Incháustegui Cabral) o poesía social Freddy Gatón Arce — homenajeados ambos— acercándose también a antipoesía chilena Nicanor Parra (“Antipoemas” p65). Para Núñez poema equivale concepto celayano: “…al poema cómplice revueltas que reafirman lucha revolucionaria.” Con su idea inutilidad poesía Ledesma se distancia para acercarse más bien ideas Denis Roche (“La poesía es inadmisible…” ) o Marcelin Pleynet (“La poesía debe tener por finalidad”) ambos grupo Tel Quel difundidos entre ’73-’74 vía Última Hora/Bloque5 leídos posiblemente por vate maeño; ideas alejadas teoría Meschonnic vigente aquí quien afirmaba poesía no existe sino poema concreto orientado políticamente contra Poder/ideologías época.(FIN).

C: Hoy colabó: A: areíto sábado 11 de abril de 2026 apolinar núñez 2 de 2.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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