Fuente: as
Nacido en Madrid en 1998, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. En 2020 comenzó su trayectoria en Diario AS como becario en la sección de Actualidad, aunque también ha colaborado en Directos y Más Deporte, donde cubrió eventos de ajedrez. Desde agosto de 2022 forma parte del equipo de Tikitakas.
Pocas experiencias profesionales resultan tan gratificantes como lograr combinar con éxito el trabajo y las pasiones personales. El británico Archibald Vivian Hill desarrolló un profundo interés por el atletismo que, curiosamente, lo llevó en 1922 a ser galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, compartido con Otto Meyerhof.
Más de un siglo después, Vivian Hill es reconocido como uno de los pioneros en medicina deportiva y fisiología debido a sus aportes en esta área. En efecto, la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska le concedió el premio por descubrir cómo medir el calor generado por los músculos.
Hill comprendió que los músculos convierten la energía química proporcionada por el organismo en trabajo mecánico y calor. Su famosa Ecuación de Hill ilustra que al aumentar la carga que se levanta, disminuye la velocidad de contracción muscular. Tanto durante la contracción como tras finalizarla, el músculo sufre variaciones térmicas que evidencian su recuperación posterior al esfuerzo.
Para ilustrar este fenómeno, Hill comparó los músculos con un automóvil. En esta analogía, el corazón y los pulmones funcionarían como una bomba de gasolina. Si el motor demanda más combustible del que la bomba puede suministrar, el sistema falla y el vehículo se detiene o se avería. Algo similar ocurre cuando el cuerpo alcanza su volumen máximo de oxígeno, un límite infranqueable que acerca al organismo a su tope funcional.
Además, el científico introdujo el concepto de deuda de oxígeno. “El cuerpo es capaz de endeudarse para hacer ejercicio y pagarlo después”, explicó, destacando cómo los músculos consumen energía no disponible mediante la vía anaeróbica y luego la recuperan oxidando lactato y reponiendo glucógeno.
La importancia de Hill es aún mayor si consideramos que utilizó su prestigio para ayudar a numerosos colegas científicos a escapar de campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial —18 de ellos recibieron premios Nobel posteriormente—. “La ciencia es un lenguaje universal que no entiende ni de fronteras ni de razas”, afirmó sobre esta labor.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








Agregar Comentario