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La mutilación en niñas indígenas: una tragedia que pasa desapercibida

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El tema es un tabú, aunque ella creció en medio de numerosas muertes relacionadas con esta práctica.

Fuente: Listin diario

En espacios cerrados, las parteras emplean una navaja o un clavo calentado para llevar a cabo la mutilación genital en recién nacidas.

Alejandrina Guasorna descubrió ya adulta que al nacer fue sometida a esta práctica. Es un procedimiento poco conocido en Colombia, pero que persiste en ciertas comunidades indígenas y ha causado la muerte de muchas bebés debido a hemorragias o infecciones.

En las montañas cafeteras del departamento de Risaralda (oeste), territorio ancestral de los pueblos embera chamí y katío, la ablación del clítoris afecta a cientos de niñas.

Aunque el origen exacto de esta costumbre no está claro, se cree que proviene de creencias arraigadas en África y que fueron transmitidas a algunas comunidades indígenas durante la época colonial.

Mujeres del resguardo embera chamí de Pueblo Rico, bajo jurisdicción indígena, cuentan a la AFP que las parteras realizan la mutilación genital a las recién nacidas usando una navaja o un clavo hirviendo dentro de cuartos cerrados.

Guasorna se enteró de que había sido víctima cuando comenzaron a surgir rumores. El tema es un tabú, aunque ella creció en medio de numerosas muertes relacionadas con esta práctica.

“Traían niñas muertas a cada momento”. Pensábamos “que era normal”, relata esta agricultora de 74 años que trabajaba como partera principalmente para mujeres de su familia, pero que no practicaba ablaciones.

Para eliminar esta práctica, algunas líderes embera y legisladoras presentaron por primera vez un proyecto de ley actualmente en discusión en el Congreso.

El propósito es prohibir la mutilación sin imponer penas de cárcel a las parteras, consideradas víctimas por la “falta de información”.

La iniciativa incluye especialmente planes preventivos. No enfrenta oposición, pero avanza contra reloj: debe superar su último debate en el Senado antes del 20 de junio, fecha en que concluye el periodo legislativo.

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Entre 2020 y 2025 se registraron 204 mutilaciones genitales en Colombia, único país latinoamericano donde se practica, según la ONG Equality Now. Oficialmente no existen cifras consolidadas.

– Sin registro y enterradas –

En las comunidades donde se realiza aún existe la creencia de que las niñas sin mutilación serán “fáciles” con los hombres o que el clítoris crecerá hasta convertirse en pene, explican las embera.

Sin este órgano, cuya función es brindar placer, las relaciones sexuales a veces se asocian con dolor.

Etelbina Queragama, ama de casa de 63 años con dibujos tradicionales en el rostro, relata que “nunca” sintió “nada” durante sus relaciones sexuales, solo “dolores”. Uno de sus siete hijos traduce sus palabras del embera al español.

La extirpación total o parcial del clítoris ocasiona graves daños a la salud, puede ser mortal y viola los derechos fundamentales de las niñas, según la OMS.

La lejanía y el secretismo sobre la mutilación dificultan contar los casos en Colombia.

“Hay un subregistro increíble”, comenta Sarita Patiño, médica en uno de los hospitales que recibe más casos de ablación en Pueblo Rico. Este año ya atienden seis casos.

Ella atendió el último caso en febrero: una bebé de seis meses con fiebre.

“La niña tenía una mutilación del clítoris, parecía pequeña, como si fuera una quemadura”, comenta.

Francia Giraldo, líder embera, señala que muchas niñas mueren sin llegar al hospital ni contar con registros de nacimiento o defunción.

Se “vacían de sangre” y “algunas madres no las llevan al hospital; las entierran” directamente, afirma.

Giraldo fue la primera mujer gobernadora de su comunidad y es una figura visible del proyecto de ley.

Su aspiración es que “mujeres defensoras de los derechos femeninos” lleguen a territorios remotos para concienciar contra esta práctica.

– Silencio –

Al tocar el tema muchas personas desvían la mirada o guardan silencio por incomodidad evidente.

Bajo jurisdicción indígena, la mutilación se sanciona con el cepo (instrumento físico de tortura), pero los casos permanecen ocultos.

Para Carolina Giraldo, congresista e historiadora creadora del proyecto, la teoría más fuerte sostiene que esta práctica llegó desde África, donde según la ONU se realiza en 33 países.

En 2024 el organismo estimó que unas 230 millones de mujeres han sido sometidas a mutilación genital femenina.

Estos rasgos culturales “se quedaron acá primero en la población afro y luego fueron transmitidos también a la población indígena”, explica.

Francia Giraldo sostiene que las parteras solo replican una costumbre y aboga por un plan estatal educativo dirigido a comunidades indígenas.

“Me duele mucho cuando nos llaman asesinas o ignorantes”, afirma.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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