Salud

UNICEF revela que el 63 % de los menores en República Dominicana enfrenta disciplina violenta

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La violencia contra la infancia en República Dominicana es un problema oculto pero profundamente instalado.

Fuente: Hoy Digital

La violencia contra la infancia en República Dominicana es un problema oculto pero profundamente instalado. Los datos más actuales evidencian que esta situación no es excepcional, sino que forma parte del día a día de la mayoría de los niños y niñas, superando los promedios regionales de América Latina y el Caribe.

En abril, Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, este escenario adquiere mayor relevancia y refuerza la necesidad de actuar ante una problemática que afecta tanto el presente como el futuro del país.

El informe regional “Violencia contra niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe: nuevos datos y soluciones” (2026), elaborado por UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), revela que más de seis de cada diez niños, aproximadamente un 60 % en América Latina y el Caribe, sufren disciplina violenta; en República Dominicana esta cifra llega al 63 %, ubicando al país por encima del promedio regional.

Este patrón evidencia que, tanto en la región como en República Dominicana, la violencia no es un hecho aislado, sino una experiencia acumulativa que se inicia desde edades tempranas, impactando negativamente el desarrollo, la salud y las oportunidades futuras de niñas, niños y adolescentes.

Los números coinciden con recientes alertas emitidas por UNICEF en el país, que describen una infancia marcada por prácticas violentas normalizadas en el hogar y riesgos constantes como la violencia sexual y psicológica.

Carlos Carrera, representante de UNICEF en República Dominicana, señaló: “La violencia contra la niñez y adolescencia tiene consecuencias profundas y duraderas en la etapa de crecimiento, aprendizaje y salud emocional. Pero es prevenible”.

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Más allá de las cifras, el problema radica en su aceptación social.

“Estamos hablando de niños y niñas que crecen con miedo, marcados por la exposición constante a prácticas de violencia arraigadas en su vida diaria”, advirtió Carrera.

El documento regional confirma que la violencia se da de manera acumulativa en distintos ámbitos (hogar, escuela y comunidad), afectando integralmente el desarrollo infantil.

La evidencia científica demuestra que su impacto va mucho más allá del aspecto social.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su estudio más reciente: Castigo corporal de niños: impacto en la salud pública (2025), la exposición temprana a violencia grave y prolongada puede provocar estrés tóxico, una activación del sistema de respuesta al estrés que altera el desarrollo cerebral.

Esto repercute en la regulación emocional, la memoria y la capacidad para aprender. Por lo tanto, la violencia no solo perjudica el presente sino que incrementa las probabilidades de que el niño o niña repita patrones violentos como víctima o agresor.

A nivel mundial, también se han cuantificado estos efectos: se estima que el 40 % de los niños expuestos a violencia sufren afectaciones en su salud mental; el 35 % desarrolla conductas agresivas; el 30 % presenta bajo rendimiento escolar; y el 25 % experimenta deterioro en sus relaciones sociales. Estos datos subrayan que el impacto es multidimensional y trasciende generaciones.

La serie “Violence against children” o “Violencia contra los niños”, publicada en 2016 por The Lancet —una referencia global— estableció que el maltrato infantil está vinculado a mayores índices de depresión y ansiedad; bajo desempeño educativo; y un riesgo superior de reproducir violencia en la adultez.

Además, advierte que estos efectos afectan directamente el desarrollo económico nacional al limitar el capital humano disponible.

Estos hallazgos se complementan con los datos publicados por la OMS el año pasado, los cuales confirman que prevenir la violencia infantil es una intervención altamente costo-efectiva para mejorar el desarrollo social.

“Los datos hablan por sí mismos: fortalecer los sistemas de protección y garantizar políticas públicas basadas en evidencia es fundamental para enfrentar la magnitud de la violencia contra la niñez”, enfatizó el representante de UNICEF.

En esa misma línea, la investigación regional divulgada este año por UNICEF y OPS resalta intervenciones eficaces ampliamente documentadas, tales como promover prácticas positivas de crianza y disciplina; fortalecer los sistemas protectores; y brindar apoyo integral a las familias. La evidencia es rotunda: existen soluciones probadas con resultados positivos.

En este contexto, UNICEF advierte sobre la urgencia de actuar. En República Dominicana, la violencia contra los niños persiste desde los primeros años y deja secuelas duraderas. El reto ya no es reconocerla sino tomar medidas firmes para cambiar esta realidad. Frente a esto, la campaña “Los Datos Cuentan” pone en primer plano la evidencia como motor para transformar. Porque más allá de estadísticas, los datos revelan realidades y contribuyen a impulsar acciones para prevenir la violencia.

A sus cinco años, Teresa (nombre modificado) ya sabía cuándo guardar silencio. En su hogar, los gritos formaban parte del día a día y los castigos parecían algo “normal”. En la escuela le costaba concentrarse y sonreír aunque nadie comprendía por qué. Como ella, miles de niños crecen aprendiendo a convivir con miedo, cargando heridas invisibles que afectan su desarrollo. Su historia no es un caso aislado sino un reflejo de una realidad que aún podemos cambiar.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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