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De aquí podría venir el próximo golpe de EE.UU. contra Irán

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Mientras Washington evita por ahora una guerra terrestre directa contra Irán, Irak podría convertirse en el principal escenario para ejercer presión política, militar y de inteligencia sobre Teherán, opina el analista Farhad Ibragimov.
De aquí podría venir el próximo golpe de EE.UU. contra Irán

Irak podría convertirse gradualmente en una plataforma desde la cual Estados Unidos ejerza presión sobre Irán. Esto no significa que Bagdad vaya a participar directamente en el conflicto. Más bien, Irak podría ser utilizado como un corredor político, de inteligencia, logístico y fronterizo dentro de una estrategia más amplia contra Irán que actualmente están desarrollando Estados Unidos e Israel.

Los acontecimientos más recientes en Bagdad apuntan a la probabilidad de este escenario. A finales de junio, las fuerzas de seguridad iraquíes bloquearon los accesos a la ‘Zona Verde’, un área fortificada de Bagdad donde se encuentran las principales instituciones gubernamentales y las misiones diplomáticas extranjeras, y llevaron a cabo una serie de redadas. Varias figuras políticas fueron detenidas. Según los medios de comunicación, algunas de ellas están vinculadas al bloque del ex primer ministro Mohammed Shia al Sudani.

Oficialmente, estas acciones se presentan como una campaña contra la corrupción. Pero en Irak —y, en general, en Oriente Medio— los casos de corrupción rara vez tratan únicamente de corrupción. Muy a menudo están impulsados por luchas de poder, influencias externas, el control de las fuerzas de seguridad y el intento de alterar el equilibrio dentro de las élites.

Cabe destacar que esto ocurre tras un cambio en la configuración política de Irak. El primer ministro iraquí Ali al Zaidi, empresario y recién llegado a la política, fue presentado como una figura de consenso tras una prolongada crisis dentro del Marco de Coordinación (un consejo que agrupa a los principales partidos chiitas). Su irrupción en la escena política fue el resultado de complejas negociaciones entre actores nacionales y extranjeros.

Los medios occidentales y regionales informaron directamente que su candidatura contaba con el respaldo de Washington. Por lo tanto, lo que está ocurriendo en Irak puede interpretarse como algo más que una simple lucha interna contra la corrupción. Según otra teoría, podría tratarse de un intento de reformar la élite iraquí, debilitar a los grupos proiraníes, limitar la influencia de las organizaciones armadas vinculadas a Teherán y hacer que Bagdad sea más manejable en caso de que se reanude la presión sobre Irán.

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Aquí reside la cuestión principal: ¿se está preparando a Irak para una guerra contra Irán?

Probablemente no. Irak es visto como una plataforma para ejercer presión sobre Irán, no como un participante independiente en la guerra. Son cosas fundamentalmente distintas. El territorio iraquí podría utilizarse para operaciones de inteligencia, presión política, logística, operaciones especiales, trabajo con el factor kurdo y control de las zonas fronterizas. Sin embargo, esto no significa que Estados Unidos vaya a decidir lanzar una invasión terrestre a gran escala contra Irán. En este momento, esa opción parece demasiado arriesgada y costosa.

No obstante, Irak constituye un frente muy sensible para Teherán. Factores como la frontera compartida, la infraestructura estadounidense, la debilidad de determinadas instituciones estatales, la región autónoma del Kurdistán, la competencia entre las élites y la presencia de grupos armados convierten a Irak en un espacio idóneo para ejercer presión híbrida. En lugar de un ataque directo a través del golfo Pérsico, Estados Unidos podría optar por un enfoque más gradual, por ejemplo, creando nuevos focos de tensión alrededor de Irán sin declarar una guerra de gran envergadura.

Cabe mencionar especialmente el incidente ocurrido la semana pasada cerca de la ciudad de Piranshahr, en la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció la eliminación de cinco terroristas que habían penetrado en el país a través de las regiones montañosas fronterizas con el fin de cometer actos de sabotaje.

La geografía desempeña un papel clave en este asunto. Piranshahr se encuentra muy cerca de la frontera con Irak. En sus proximidades está el paso fronterizo de Tamarchin, por donde transitan los flujos de mercancías desde Irak hacia Irán y posteriormente a lo largo de las rutas regionales. Se trata de mucho más que un simple centro comercial, es una zona sensible donde convergen cuestiones fronterizas, logística, el factor étnico y los problemas de seguridad.

La zona alberga una importante población kurda a ambos lados de la frontera. Además, en la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental surgen periódicamente tensiones internas e intercomunitarias entre los kurdos iraníes y los azerbaiyanos iraníes, aunque Teherán procura no llamar la atención pública sobre este asunto. Las áreas fronterizas resultan especialmente atractivas para los actores externos: allí es mucho más fácil generar tensiones, organizar provocaciones, poner a prueba la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad y cargar al Estado con problemas adicionales.

En esta situación, el factor kurdo podría convertirse en una de las principales herramientas utilizadas contra Irán. En primer lugar, es bien sabido que los kurdos son utilizados por Estados Unidos e Israel. Además, la zona fronteriza entre Irán e Irak alberga desde hace mucho tiempo grupos armados, contradicciones históricas, una compleja situación etnopolítica e influencias externas. Precisamente por ello, los enfrentamientos cerca de Piranshahr no pueden analizarse por separado de los procesos políticos en Bagdad.

Por un lado, Irak está presenciando una depuración de figuras políticas vinculadas a las anteriores fuerzas proiraníes. Por otro, la frontera kurda está cobrando mayor actividad. En conjunto, esto crea la impresión de que se está formando una red de presión alrededor de Irán. Irak, el Kurdistán, el golfo Pérsico, los servicios de inteligencia, las sanciones, las amenazas contra las infraestructuras y los intentos de desestabilización interna forman parte de ella.

Al mismo tiempo, una invasión terrestre a gran escala contra Irán sigue siendo poco realista. Irán no puede ser sometido rápidamente mediante una invasión terrestre debido a su enorme territorio, su relieve difícil, su poderoso aparato de seguridad, sus importantes recursos de movilización, su potencial misilístico y su red de estructuras aliadas en la región. Cualquier intento de utilizar Irak como base para una invasión directa conduciría casi inevitablemente a ataques de represalia contra las instalaciones militares estadounidenses en Irak, la infraestructura energética de los Estados del Golfo y la logística de los aliados de Estados Unidos.

Por esa razón, es poco probable que las monarquías del Golfo, pese a sus vínculos con Washington, se involucren abiertamente en una guerra a gran escala contra Irán. Pueden proporcionar infraestructura, apoyo de inteligencia y logística, espacio aéreo o cobertura política, pero una participación directa entraña riesgos mucho mayores. La respuesta de Teherán podría ser dolorosa y tendría como objetivo los puertos, las instalaciones petroleras, las bases aéreas, los centros financieros y los corredores de transporte de los Estados del Golfo.

En otras palabras, Irak se asemeja menos a un participante independiente en una futura guerra y más a una plataforma conveniente para ejercer presión sobre Irán; podría utilizarse para una reorientación política, actividades de inteligencia y logística, trabajo con las fuerzas kurdas y los grupos armados, así como para operaciones limitadas contra Teherán.

Este escenario parece, a día de hoy, el más probable. Estados Unidos podría mostrarse reacio a iniciar una guerra terrestre a gran escala contra Irán, pero muy bien podría utilizar Irak como territorio desde el cual debilitar gradualmente la influencia iraní. Los acontecimientos en Bagdad y Piranshahr demuestran que los preparativos para una nueva guerra contra Irán avanzan de manera discreta y sistemática.

Por Farhad Ibragimov, profesor de la Universidad de la Amistad de los Pueblos de Rusia

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