Recientemente vimos cómo el Departamento de Estado de Estados Unidos, a través de Marcos Rubio, volvió a emitir nuevas sanciones que podrían estar afectando a República Dominicana. También hemos visto otro tema que podrían estar interconectados como el de aduanas, cuyas medidas revelan que estábamos a la intemperie en cuanto a la seguridad nacional del país. Pero antes de llegar a que motivo estas nuevas sanciones es necesario dar un recorrido por el tiempo. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, las tensiones entre las potencias vencedoras comenzaron a enfriarse. Una serie de acuerdos entre las partes dio paso a lo que la historia conocería como la Guerra Fría.
La Guerra Fría se libró principalmente a través del espionaje, las operaciones encubiertas y lo que se conoce como soft power o poder blando: el establecimiento de contactos e influencia sin confrontación directa. Bajo el orden mundial resultante, ese tipo de espionaje se convirtió en la herramienta más eficaz de la nueva lógica de confrontación. Con el tiempo, cada país delimitó sus fronteras, sus límites marítimos y su espacio aéreo, consolidando un control efectivo sobre su territorio. La tecnología disponible les permitía detectar cualquier movimiento por agua, aire o tierra, lo que garantizaba una seguridad razonable frente a invasiones u operaciones encubiertas.
Desde la década de 1950 y hasta aproximadamente 2010, Estados Unidos podía darse el lujo de tolerar, en países cercanos a sus fronteras, la presencia de simpatizantes de la izquierda y el comunismo, y más adelante de actores vinculados a Irán, Hezbollah o Hamás. Hoy, sin embargo, el panorama es distinto. Lo que antes Estados Unidos podía tolerar, amparado en el control pleno de su territorio marítimo, terrestre y aéreo, representa ahora un peligro real. Quienes mantienen acercamiento con células comunistas o extremistas parecen no comprender en qué época está entrando el mundo.
En cuanto al sentimiento antiyanqui, en República Dominicana basta con mencionar una canción de Silvio Rodríguez frente a un grupo de funcionarios políticos o personalidades conocidas para que ese sentimiento aflore de inmediato: está profundamente arraigado en las raíces del país. Buena parte de la transición dominicana hacia la democracia se dio bajo presidentes proestadounidenses, desde el dictador Rafael Leonidas Trujillo hasta Joaquín Balaguer. Durante ese período, Estados Unidos mantuvo una barrera constante frente a los comunistas y a los sectores de izquierda vinculados con Irán, Extremistas o Cuba.
No obstante, buena parte de la clase política que hoy gobierna y ocupa posiciones de relevancia, incluidos periodistas, comentaristas y medios tradicionales, se formó bajo la escuela de la izquierda y el comunismo a partir de 1950, en una época en que Estados Unidos toleraba ese tipo de dinámicas. Lo que transformó este escenario fue, en gran medida, la guerra de Rusia contra Ucrania: cuando Rusia invadió territorio ucraniano, calculaba una victoria rápida, y la propia comunidad internacional, incluido Estados Unidos, mostró preocupación ante ese avance, pero el surgimiento de nuevas tecnologías militares ha permitido a Ucrania sostener el conflicto durante años, sin que Rusia logre imponerse.
Esto demostró que un espacio territorial pequeño, con tecnología de drones, puede causarle un problema enorme a una potencia. Ya no se trata simplemente de enfrentar al enemigo con más soldados o tanques de guerra; todo ha cambiado. Un objeto pequeño puede llegar a una ciudad y causar estragos considerables. Muchas potencias se han visto reflejadas en ese espejo y han comprendido que, si un país pequeño con esta tecnología puede causar tantos problemas, deben anticipar lo que podría ocurrirles a ellas también. Todas, como quien dice, han puesto sus barbas en remojo.
El caso de Israel y Hezbolá es ilustrativo: contener ataques con drones exige tecnología más costosa que el propio dron. Es como si, para proteger una casa, hubiera que pagar un servicio de seguridad más caro que el valor de la vivienda: fabricar un dron kamikaze resulta relativamente barato, pero detectarlo es sumamente costoso. Esto ha reconfigurado la forma en que Estados Unidos observa a Latinoamérica, por ser la región con conexiones más inmediatas a su territorio. De un lado está Canadá y del otro México, que parece estar bajo control, pero preocupan especialmente Puerto Rico, República Dominicana, Haití y Cuba, por su cercanía geográfica.
República Dominicana preocupa por sus conexiones a través del canal de la Mona con Puerto Rico, una vía por donde podría cruzar cualquier persona o incluso un dron. En el caso de Cuba, la preocupación radica en su cercanía con Florida, ubicada a apenas cien kilómetros, lo que significa que un objeto pequeño podría llegar allí en menos de una hora y causar daños considerables. El problema de fondo es que no existe tecnología suficiente para detectar drones. Cabe entonces preguntarse qué ocurriría con República Dominicana si las bandas terroristas de Haití llegaran a equiparse con drones no detectables. La administración actual, sin embargo, ha optado por adquirir vehículos blindados, cuando las guerras recientes han demostrado que ese enfoque ya no tiene sentido: lo que realmente se necesita es un sistema antidrones.
Toda esta introducción es necesaria para que ustedes entiendan cuál es el temor que tiene Estados Unidos, el que debería tener República Dominicana por su frontera con Haití, y el que podría tener cualquier país: que República Dominicana y Cuba, al igual que otras naciones, estén siendo utilizadas como nodo logístico, ya sea para financiamiento o incluso como base para atacar a Estados Unidos. Ahí es donde muchas personas no se dan cuenta de que podrían estar participando en una especie de entramado terrorista, fungiendo como célula o como parte de una operación de conspiración contra Estados Unidos. Ya no estamos en los años cincuenta ni en el 2010; estamos en tiempos completamente distintos.
Es posible que quienes tengan vínculos con Cuba o con grupos extremistas se enteren, tarde o temprano, de que serán tratados como terroristas, y que la tolerancia hacia esos grupos sera cada vez menor que en el pasado.
Se hizo pública una información bastante relevante, publicada directamente en el sitio web del Departamento de Estado de Estados Unidos, con fecha del 20 de agosto de 2026, titulada: “Imposición de sanciones a los actores del régimen cubano asociados con redes marxistas y tratos económicos corruptos”. Hay palabras clave que debemos identificar para comprender el trasfondo de la noticia. El documento señala que, hace apenas unos días, el régimen cubano intentó utilizar el centenario de Fidel Castro para rehabilitar redes subversivas, transportando una nueva brigada de simpatizantes internacionales hacia La Habana con el fin de establecer contactos con funcionarios del régimen.
Cuando el documento habla de “redes marxistas”, se refiere a personas de izquierda vinculadas al comunismo. Las nuevas sanciones recaen sobre ciudadanos cubanos y empresas específicas señaladas por sostener tratos económicos corruptos, un punto donde, como veremos, entra en juego República Dominicana. El texto también menciona la búsqueda de “simpatizantes internacionales” llevados a La Habana bajo la excusa del centenario de Fidel Castro. Esto confirma que Cuba viene jugando un papel de conexión entre grupos extremistas de Irán y Hezbollah con Latinoamérica; esas relaciones con Irán son muy antiguas.
Cuba, con décadas de vínculos y relaciones consolidadas, además de contar con agentes que dominan el árabe, el ruso o el chino, resulta el socio ideal para agencias de inteligencia extranjeras que buscan operar sin enviar directamente a un espía propio. En lugar de eso, negocian con Cuba para que sea esta quien espíe, ejerza influencia y, sobre todo, capte simpatizantes de Irán y Hezbollah en su nombre. El dato más preocupante llegó del periódico Acento , que el mismo día publicó: “Informe de Estados Unidos sobre Cuba menciona a dos activistas de origen dominicano”. El documento, encabezado por Marcos Rubio, atribuye a Cuba décadas de espionaje, influencia ideológica y respaldo a movimientos radicales. Omitimos los nombres mencionados por tratarse de un análisis geopolítico.
Acento destaca que ya existen células dominicanas detectadas y presuntamente reclutadas por Cuba. Ante el avance de tecnologías como los drones Shahed-136, que Rusia ha empleado contra Ucrania, no puede descartarse que estos simpatizantes colaboren activamente para facilitar el ingreso de este tipo de armamento a la isla. Además, este fenómeno no es nuevo. Ya en un documento del portal oficial de transparencia GovInfo, fechado el 17 de mayo de 2012 y titulado “Cuba: Global Network, Terrorism, Intelligence and Warfare” (Cuba: la red global del terrorismo, la inteligencia y la guerra), se abordó este mismo tema durante una audiencia en el Congreso de Estados Unidos.
En esa audiencia, el congresista Rivera le preguntó a la señora Van Cleave, exfuncionaria de contrainteligencia durante el gobierno de George W. Bush, sobre los vínculos entre la dictadura cubana y organizaciones terroristas como ETA (España), las FARC (Colombia), Hezbollah (Líbano) y Hamás (Gaza), y sobre qué actividades de inteligencia realizaban contra Estados Unidos. La señora Van Cleave respondió que ciertamente esas organizaciones llevan a cabo operaciones terroristas contra amigos y aliados de Estados Unidos, y que podrían encontrar útil obtener información sobre defensa nacional o sobre las relaciones de Estados Unidos con países como República Dominicana, todo ello a través de una red de espionaje compleja que podría canalizarse mediante el DGI, la agencia de inteligencia cubana.
En resumen, lo que se discutió en 2012 fue que Cuba ofrece directamente servicios de espionaje, influencia y negocios a organizaciones terroristas. Por esta razón, Estados Unidos ya no observará con indulgencia a quienes mantengan relaciones con espías cubanos o simpaticen con Hezbollah, Hamás o Irán, pues existe una alta probabilidad de que dichas conexiones se usen para causarle daño mediante actos terroristas. A esto se sumó el periódico digital Washington Times, que el 2 de junio de 2026 publicó un artículo titulado “Desde Teherán hasta La Habana: Cuba y el vínculo con islamistas, extremistas y activistas en Estados Unidos”, donde se destacan nuevamente los lazos entre Cuba y estos grupos extremistas, incluido Hezbollah.
Desde Osinthink venimos alertando desde hace tiempo que República Dominicana está siendo utilizada como nodo logístico para el financiamiento del terrorismo de Hezbollah, organización con sede en el Líbano, con quien el Cuba y Santo Domingo mantienen vínculos que hemos documentado previamente. ¿Por qué exponemos todo esto? Porque en República Dominicana ha surgido información sobre presunto espionaje orientado a reclutar simpatizantes proiraníes y prohezbollah. De hecho, en programas de radio y medios tradicionales dominicanos es frecuente escuchar discursos que presentan a Irán como víctima y a Estados Unidos como agresor, evidenciando una línea marcadamente crítica hacia este último.
Recientemente se realizó en República Dominicana un acto que fue reseñado por el medio cubano Cuba información tv, señaló que más de dos mil personas se reunieron en el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) para una gala cultural por el centenario de Fidel Castro, un evento de tres horas en el que gran parte del público dijo “sí a Cuba y no a las agresiones yanquis” y al gobierno dominicano. Gran parte de los asistentes rindió homenaje a la figura de Fidel Castro y reprodujo la idea de que República Dominicana está siendo agredida por Estados Unidos, en un contexto de aparente adoctrinamiento.
El dato más llamativo es que este evento en homenaje a Fidel Castro fue, según diversas fuentes, el más grande de toda Latinoamérica por su centenario. Asistieron figuras políticas, empresarios e intelectuales con incidencia en el ámbito público dominicano, lo cual generó atención sobre el perfil de los presentes. Si se recuerda lo señalado por Marcos Rubio sobre el uso del centenario de Fidel Castro para revitalizar redes subversivas y trasladar simpatizantes hacia Cuba, resulta pertinente preguntarse si hubo asistentes que viajaran después hacia La Habana, en el contexto de lo señalado por el Departamento de Estado sobre el traslado de simpatizantes internacionales.
No puede descartarse que la sanción del Departamento de Estado guarde relación con lo ocurrido en República Dominicana, aunque hasta el momento no existe confirmación oficial de un vínculo directo entre ambos hechos. En redes sociales se replicó ampliamente el mismo mensaje: que el país estaría bajo ataque de Estados Unidos, narrativa que busca sembrar la idea de que simpatizar con Hezbollah, Hamás o Irán equivale a resistir dicha agresión. Aquí es donde entra el tema de los Drones Shahed-136: hasta qué punto una persona, convencida de que Estados Unidos es su enemigo, podría llegar a colaborar con este tipo de operaciones.
Si EEUU entrara en un conflicto de drones similar al que vive Ucrania frente a Rusia, es difícil imaginar estabilidad regional, o que el petróleo, los alimentos y el dólar se mantengan accesibles; el escenario sería de caos total.
Existe, sin embargo, una corriente de medios financiados por el gobierno y periodistas de izquierda que intentan minimizar lo sucedido, asegurando que el evento estuvo relacionado únicamente con un tema deportivo, vinculado a los Juegos Centroamericanos, y que la presencia de presuntos agentes cubanos solo buscaba evitar la deserción de atletas. Sin embargo, el periódico Hoy publicó una investigación sobre los Juegos Centroamericanos 2026 en la que se mencionaba la presencia de agentes de seguridad cubanos infiltrados. Luisín Jiménez Oviedo, presidente de Centro Caribe Sports, respondió el 19 de agosto de 2026 que no habían recibido ninguna información ni requerimiento sobre este tipo de situaciones, ni de las autoridades locales ni de la delegación cubana presente en los Juegos.
Esto sugiere que no hubo irregularidad alguna registrada oficialmente. De hecho la embajadora de Estados Unidos asistió al evento deportivo, lo cual añade un elemento de interés, aunque la evidencia disponible apunta más bien a que el verdadero objetivo era el reclutamiento de simpatizantes prohezbollah, prohamás y proiraníes entre las clases sociales e intelectuales dominicanas con acceso a información sensible. Otro medio, el periodico Panorama, reporto que la Universidad Autónoma de Santo Domingo presentó, durante la gala cultural, un documental dedicado a la vida y legado de Fidel Castro. Uno de los testimonios señaló que Castro “enseñó a luchar combinando inteligencia con principios y patriotismo con visión estratégica”, y que sus ideas permanecen vigentes en amplios sectores populares de Latinoamérica.
Durante la presentación, un intelectual cubano, cuyo nombre omitimos por tratarse de un análisis geopolítico, destacó el legado de Fidel Castro y calificó de positiva la celebración organizada por el llamado “comité de honor centenario”. Poco después del evento, el periódico El Dia reportó que presuntas labores de inteligencia motivaron la salida de nuevos diplomáticos cubanos del país, aunque fuentes diplomáticas negaron que hubiesen sido declarados persona non grata o que su salida tuviera relación con la deserción de cuatro atletas cubanos.
Según las fuentes consultadas, las autoridades dominicanas determinaron que algunos de estos diplomáticos realizaban actividades vinculadas a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado cubano. Lo criticable es que el Estado dominicano optara por no declararlos persona non grata, pese a que el nuevo Código Penal dominicano establece una pena de treinta años para quien realice labores de espionaje a favor de otro país. Debido a la inmunidad diplomática, el gobierno no podía procesarlos judicialmente, pero tampoco quiso declararlos persona non grata, lo que habría implicado revelar sus nombres. Esto debería preocupar a todos los dominicanos, pues el gobierno debe actuar con la mayor transparencia posible en materia de seguridad nacional.
Pareciera que República Dominicana está jugando un doble papel: por un lado, se posiciona junto al escudo de las Américas y muestra preocupación geopolítica junto a Estados Unidos; por otro, mantiene una actitud demasiado condescendiente hacia Cuba, pese a que se conoce su papel activo en el reclutamiento de simpatizantes prohezbollah, prohamás y proiraníes.
Decimos esto porque el medio cubano Martí Noticias publicó, el 24 de junio de 2026, en un artículo titulado “De Teherán a La Habana: nuevos actores en la red que conecta a Cuba con grupos prohezbollah y activistas occidentales”, lo cual refuerza la preocupación sobre lo ocurrido en el evento dominicano de dos mil asistentes, con presencia de funcionarios, políticos e intelectuales, para la conmemoración de Fidel Castro. Ante esto, resulta necesario que República Dominicana investigue quiénes viajaron a Cuba tras este evento.
Este tema tampoco se limita a ahí, pues el comunicador Julio Martínez Pozo hizo declaraciones que consideramos relevantes, ya que nuestro medio ha investigado ampliamente la presencia de células vinculadas a Hezbollah en el país, con un costo considerable en el proceso.
El 17 de agosto de 2026, en el programa “El Sol de la Mañana”, Julio Martínez Pozo se refirió a la salida de los nueve diplomáticos cubanos, señalando que Dominicana actúa como un país servil y subordinado a Estados Unidos, pero advirtió que ese servilismo no debería ser aprovechado por Cuba para evadir las restricciones económicas y comerciales impuestas por Washington. Según Martínez Pozo, esto en gran medida ya estaría ocurriendo, pues República Dominicana estaría vendiéndole productos no solo a Haití, sino también, de forma indirecta, a un “Haití y medio”, incluyendo un trasiego de combustible y otras mercancías. Advirtió que Cuba se beneficia del servilismo dominicano, y que República Dominicana podría terminar pagando las consecuencias cuando la situación salga a la luz.
Que estas declaraciones provengan de un comunicador de larga trayectoria, resulta significativo. También afirmo que República Dominicana estaría colaborando para evadir sanciones de Estados Unidos hacia Cuba, lo cual es un señalamiento grave, ya que ayudar a evadir una sanción constituye en sí mismo un delito, y hasta ahora Estados Unidos no ha sancionado a figuras dominicanas por este motivo. El punto más delicado es la mención de que se estaría moviendo combustible y mercancía, posiblemente en contenedores, hacia Haití. Esto podría conectarse con investigaciones previas del Departamento de Estado, el Congreso y la ONU, que han señalado que organizaciones terroristas haitianas trasladan armamento a través de territorio dominicano, aunque se trata de una hipótesis que aún requiere confirmación.
El experto en relaciones internacionales Iván Gaton aportó un elemento adicional a este panorama. En declaraciones publicadas por el periódico Hoy el 23 de septiembre de 2024, reveló el creciente temor de Washington ante una posible presencia de Hezbollah y sus miembros en Haití. De confirmarse, dichos contenedores podrían estar transportando armas o incluso Drones Shahed-136. El financiamiento de estas bandas o grupos suele consolidarse a través de una estrategia de triangulación conocida como el sistema hawala, mediante el cual el dinero obtenido se transfiere posteriormente a Turquía, Qatar o directamente al Líbano. El tema de las aduanas resulta clave dentro de esta cadena de financiamiento del terrorismo.
Diario Libre reportó, el 20 de agosto de 2026, que la aduana dominicana exigirá que los camiones (patanas) con mercancía declarada hacia Haití efectivamente crucen la frontera, luego de que se detectara que algunos de estos envíos, declarados en tránsito, no llegaban a su destino final y permanecían dentro de territorio dominicano sin pagar los impuestos correspondientes. Esto representa un problema de seguridad considerable, pues un contenedor registrado como enviado a Haití podría en realidad quedarse en el país cargado con Drones Shahed-136, armas u otro tipo de mercancía, para luego ser trasladado de forma clandestina, ya sea hacia Haití, donde existe preocupación por presuntas células de Hezbollah, o incluso hacia Cuba.
Este esquema también podría prestarse para el enriquecimiento ilícito de políticos o empresarios locales, mediante el lavado de dinero en suelo dominicano antes de que esos fondos financien operaciones terroristas a través del sistema hawala hacia Turquía, Qatar o el Líbano, sede de Hezbollah. Por ello, resulta necesario que el sistema bancario dominicano endurezca los controles sobre el movimiento de capitales.
En julio de 2020, Estados Unidos detuvo un buque tanquero cargado de combustible con destino a Venezuela, vinculado a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, lo cual evidencia que esta organización también mueve combustible en Latinoamérica como forma de generar y transferir fondos hacia organizaciones terroristas. Este antecedente conecta con la denuncia de Julio Martínez Pozo sobre el trasiego de combustible no declarado desde territorio dominicano hacia Haití. A esto se suma lo reportado por el portal GlobalSecurity org publicó, el 21 de junio de 2023, que Irán había concertado acuerdos petroleros favorables con países como Cuba, Venezuela y Nicaragua. Según esta información, Cuba, pagaría con medicamentos u otros servicios no identificados.
Asimismo, un artículo publicado en 2015 recordó que Gebran Bassil, entonces canciller del Líbano y posteriormente sancionado por Estados Unidos por sus vínculos con Hezbollah, viajó a La Habana para fortalecerlas relaciones históricas entre ambos países. Se le señala también de haber buscado captar a empresarios adinerados de origen libanés en Latinoamérica, incluyendo República Dominicana. Según Martí Noticias, tras esa visita, empresarios libaneses mostraron interés en invertir en Cuba, apenas un mes después de que Bassil firmara un acuerdo diplomático histórico, siendo esta la primera visita oficial de un canciller libanés a la isla desde 1970.
Que alguien decidiera depositar cien mil dólares en uno de los países más inestables de la época resulta, cuando menos llamativo








Agregar Comentario