Fuente: Listin diario
Aunque solo el 12.1 % de las personas cuidadoras considera indispensable el castigo físico para la crianza o educación, el 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años ha sufrido algún método violento de disciplina, según la ENHOGAR-MICS 2025.
Con motivo del Día Nacional de los Derechos de la Niñez, la Oficina Nacional de Estadística (ONE), junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), revela que el 12.1 % de madres, padres o cuidadores de menores entre 1 y 14 años cree que el castigo físico es necesario para su crianza o educación, lo que equivale aproximadamente a una de cada ocho personas cuidadoras.
En esta conmemoración, UNICEF destaca los resultados de la ENHOGAR-MICS 2025, que evidencian la persistencia de prácticas violentas de disciplina en los hogares, a pesar de que un porcentaje mucho menor de cuidadores considera esencial el castigo físico para educar.
Los datos proporcionados por la ONE indican que el 54.9 % de los niños y niñas entre 1 y 14 años vivió algún tipo de disciplina violenta durante el mes previo a la entrevista. La tasa más alta se registra entre los menores de 3 a 4 años, con un 61.4 %, seguida por un 45.9 % en niños y niñas de 1 a 2 años, un 57.9 % en aquellos entre 5 y 9 años, y un 52.4 % en el grupo de 10 a 14 años.
Además, se observa que el 37.9 % de los menores experimentó algún castigo físico y el 43.0 % sufrió agresión psicológica. El castigo físico severo llegó al 2.5 %. En contraste, un 31.2 % fue disciplinado exclusivamente mediante métodos no violentos.
La discrepancia entre las actitudes expresadas por las personas cuidadoras y las prácticas reportadas es clave para entender por qué persiste la disciplina violenta. UNICEF señala que estas prácticas pueden estar vinculadas a normas sociales, experiencias previas de crianza y desconocimiento de alternativas no violentas para establecer límites y guiar el comportamiento infantil.
De igual manera, la evidencia internacional recopilada por UNICEF indica que la disciplina violenta resulta ineficaz y puede generar consecuencias negativas tanto inmediatas como a largo plazo en el bienestar y desarrollo infantil.
Para Carlos Carrera, representante de UNICEF en República Dominicana, el reto consiste en cambiar la percepción sobre la autoridad y la disciplina dentro del núcleo familiar.
"Todavía prevalece una idea muy arraigada que sostiene que para lograr respeto del niño es necesario infundirle miedo. El desafío es demostrar desde la familia, la escuela y la comunidad que poner límites y ejercer autoridad no implica recurrir a la violencia", afirmó Carrera.
Cuando se confunde violencia con corrección
En numerosos contextos familiares, acciones como golpear, gritar, amenazar o humillar son consideradas formas legítimas de corregir conductas. Sin embargo, la disciplina violenta vulnera el derecho de niños y adolescentes a crecer libres de toda forma de violencia.
Los datos de la ENHOGAR-MICS 2025 muestran que este fenómeno no se limita al castigo físico; incluye tanto formas físicas como psicológicas de agresión, pudiendo aparecer combinadas.
Para entender por qué estas prácticas continúan vigentes, UNICEF llevó a cabo en República Dominicana una investigación sobre los factores asociados al castigo físico y violencia psicológica, con el fin de profundizar en creencias, experiencias parentales, condiciones socioeconómicas y normas sociales que podrían sostener estas conductas en los hogares.
Creencias transmitidas como "a mí me criaron así" o "la letra con sangre entra" contribuyen a normalizar el castigo físico como método correctivo. Comprender estas dinámicas es esencial para diseñar estrategias que no solo promuevan el rechazo hacia la violencia sino que también brinden a madres, padres y cuidadores herramientas concretas para establecer límites, acompañar el desarrollo infantil, fomentar empatía y resolver conflictos sin agresión.
Estas cifras del ENHOGAR-MICS 2025 subrayan la urgencia de continuar fortaleciendo las capacidades familiares y comunitarias para impulsar métodos disciplinarios no violentos. Garantizar los derechos de niños y niñas implica también crear entornos seguros y protectores donde establecer límites sea compatible con respeto, diálogo y buen trato: criar sin violencia no significa ausencia de límites.








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