Fuente: Listin diario
Aunque proceden de diversos entornos sociales, estos cinco artistas comparten una historia marcada por un gran esfuerzo para vencer las dificultades de su profesión.
Forjar una carrera en el ballet clásico dentro de la República Dominicana suele requerir emigrar a otros países, un camino que han seguido Johan Mancebo, Gabriela Checo, Rosa Lidia Cabrera, Jennifer Ulloa y Sherly Belliard para poder dedicarse plenamente a su vocación.
La base de su formación está en la Escuela Nacional de Danza (Endanza), que depende de la Dirección General de Bellas Artes y se ha consolidado como una plataforma para proyectar el talento dominicano, brindando a sus estudiantes las herramientas técnicas indispensables para ingresar con éxito a reconocidas compañías internacionales.
Pese a venir de contextos sociales distintos, estos cinco artistas coinciden en haber enfrentado grandes retos en su profesión y comparten una preocupación común por la falta de respaldo laboral dentro del sistema cultural dominicano, situación que los llevó a construir su carrera fuera del país.
Rosa Lidia Cabrera Nuesi
Creció en un ambiente rodeado de músicos y entró a Endanza a los siete años gracias al incentivo de su madre, donde aprendió la importancia de la disciplina.
Para llegar a Europa logró integrarse a una compañía tras enviar videos con sus audiciones, recibiendo el apoyo fundamental de su maestra Stephanie Bauer y la coreógrafa Annabel López Ochoa.
Al afrontar las exigencias del mercado internacional, recordó que el ballet demanda entregarlo todo en escena pese al cansancio físico.
"Creo que lo más difícil es aprender a escuchar tu cuerpo, y también cuidar tu mente, porque esta carrera exige muchísimo de ambas", confesó acerca de su proceso de adaptación, donde tuvo que superar barreras como el idioma y la presión de bailar junto a profesionales internacionales sin perder el nivel.
Además, reconoció que avanzar en esta carrera muchas veces depende de los recursos económicos familiares.
Sobre la situación cultural en su país, la bailarina señaló que aunque existen buenos proyectos, faltan espacios para ensayar, patrocinadores, publicidad y una compañía estable de danza, lo que hace que el arte sea visto solo como un pasatiempo.
"No importa cuánto talento tengas o qué tan buena sea esa producción, si el público no la conoce, no sirve absolutamente de nada", advirtió.
Johan Mancebo
Ingresó a Endanza en 2006 desde el sector Cristo Rey mediante un programa destinado a captar varones.
"Nos dijo (Rafael Morel, recepcionista de Bellas Artes): 'los vamos a llevar a un lugar donde harán actividad física' (…) no nos dijeron que era ballet", recordó el bailarín.
Al principio ocultaba a sus amigos del barrio lo que hacía por miedo a las burlas y estuvo cerca de abandonar las clases debido a presiones religiosas, pero continuó siguiendo las indicaciones de su madre.
A los 17 años ingresó como pasante al Washington Ballet Studio Company en Estados Unidos y después obtuvo una beca para estudiar Pedagogía de la Danza en España.
Durante su trayectoria sufrió la dureza física a los 21 años cuando una fractura en la pierna lo mantuvo sin bailar durante nueve meses, llevándolo a rehabilitarse ante el temor de tener que regresar a su país sin estabilidad económica.
Al analizar la realidad nacional, Mancebo coincidió en señalar la escasez de audiciones públicas y la carencia de espacios formales.
"Si tú no tienes dónde trabajar, ¿cómo ejerces la carrera?", cuestionó.
Gabriela Checo
Comenzó desde muy pequeña con clases de danza desde los tres años en la academia de Doris Infantes antes de formalizar sus estudios.
En 2015 tuvo que convencer a su padre para pausar sus estudios en Santo Domingo y aprovechar una beca que le permitió graduarse en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
Cuando empezó a trabajar en el Sibiu Ballet Theatre de Rumanía en 2019, experimentó el impacto de no tener un profesor que le exigiera diariamente.
"Ese fue como el mayor choque: ya no tengo a alguien pinchándome (…) como profesional yo tengo que brindar mi talento", recordó sobre ese cambio.
Para ella, mantener este ritmo no depende únicamente de la motivación.
"La motivación es inestable; sin embargo, el trabajo constante es lo que te lleva poco a poco a la meta", aseguró.
Para cuidar su salud mental escucha testimonios de atletas de alto rendimiento que le ayudan a manejar las inseguridades propias del ballet y complementa sus ensayos con gimnasio y pilates.
Actualmente trabaja en el Cleveland Ballet junto con Johan y, tras siete años de noviazgo con planes boda próximos, han establecido una rutina para apoyarse mutuamente frente al cansancio y las lesiones.
Al igual que sus colegas, Gabriela aboga por más oportunidades laborales y porque el arte no se concentre exclusivamente en un sector capitalino.
Jennifer Ulloa
Después de formarse en Endanza y ser integrante del Ballet Nacional Dominicano (2013-2015), Ulloa desarrolló su carrera fuera del país.
Se consolidó en Sudamérica al asumir papeles principales con el Ballet Nacional de Sodré en Uruguay durante seis años. Esta experiencia la impulsó hasta el Royal New Zealand Ballet, donde fue promovida a Primera Artista en 2026.
Sherly Belliard
También formada en Endanza, Belliard alcanzó reconocimiento internacional al ganar el concurso "Estrellas del siglo XXI" en Panamá en 2013. Esto le abrió puertas para obtener becas y graduarse en Europa.
Luego interpretó roles protagónicos con la Compañía de Ópera y Ballet de Breslavia en Polonia antes de incorporarse al Ballet de Halle en Alemania para la temporada 2024-2025.
PALABRAS DE MARIANELA SALLENT
"Ser testigos del éxito de nuestros alumnos en compañías internacionales reconocidas nos llena de orgullo y nos impulsa a continuar formando artistas sobresalientes", expresó Marianela Sallent, directora general de Bellas Artes.
Para Sallent, esta presencia del talento dominicano en prestigiosas compañías mundiales confirma que el sistema público educativo dependiente de la Dirección General de Bellas Artes —con su enfoque hacia la excelencia— es una herramienta clave para el desarrollo integral de nuestros estudiantes.
"De esta manera reafirmamos nuestro compromiso con formar mejores ciudadanos mediante el arte y la cultura", afirmó.
Las trayectorias internacionales de estos artistas dominicanos constituyen un ejemplo del alcance que puede tener la educación artística cuando existe una formación especializada, acompañamiento docente continuo y espacios adecuados para potenciar el talento, destacó Sallent.








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