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Johan Mancebo, alumno de Cristo Rey que conquista escenarios del ballet mundial

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Desde 2019 hasta 2023, Mancebo formó parte del Teatro de Ballet Sibiu en Rumanía, participando en giras por países como Turquía, Italia, Alemania y Bélgica.

Fuente: Listin diario

Desde 2019 hasta 2023, Mancebo formó parte del Teatro de Ballet Sibiu en Rumanía, participando en giras por países como Turquía, Italia, Alemania y Bélgica.

Hace tres décadas, en el sector Cristo Rey, nació un niño cuyo futuro parecía estar destinado al béisbol, pero que finalmente cambió el guante por las zapatillas del ballet clásico.

Proveniente de una familia con recursos limitados, donde su padre y su hermano mayor intentaron sin éxito ser lanzadores profesionales, Johan Mancebo no tenía la complexión típica de un atleta; pasaba sus días jugando en las calles y desarrollando un profundo interés por el arte.

"Desde muy pequeño me encantaban las combinaciones de colores, tenía mucha imaginación para hacer bocetos… y siempre fui un gran amante de la música", recordó el bailarín, quien hoy brilla como primer bailarín en el Cleveland Ballet de Estados Unidos.

Su acercamiento a la danza ocurrió en 2006, cuando Ninoska Velázquez, directora entonces de la Escuela Nacional de Danza (Endanza), impulsó un proyecto basado en el modelo cubano con el objetivo de formar varones desde temprana edad y rescatar a niños provenientes de instituciones como Fe y Alegría o Canillitas con Don Bosco.

Mancebo ingresó a esta iniciativa gracias a Rafael Morel, recepcionista de Bellas Artes y hermano de un vecino suyo, quien reclutó a varios niños del barrio con una promesa.

"Nos dijo: 'los vamos a llevar a un lugar donde harán actividad física, y si aguantan bien, los recompensaremos'. No nos dijeron que era ballet", relató el artista.

Durante los primeros meses, aquel grupo inicial de 55 niños se dedicó únicamente a ejercicios de resistencia y abdominales hasta comenzar formalmente las clases de ballet.

"Fue la primera vez que nos pusimos frente a la barra con una licra puesta… Para nosotros fue terrible, porque te colocan una barra, empieza la música con violines y pianos, y ya tú decir que bailabas ballet en República Dominicana sabía que iba a ser motivo de burla", expresó.

Para evitar las burlas de sus compañeros, el preadolescente solía mentir diciendo que sus tardes las dedicaba al estudio de percusión y música.

A este estigma social se sumó una fuerte presión religiosa en su familia, luego que el pastor de la iglesia evangélica que frecuentaban declarara que esa disciplina no provenía de Dios.

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Estas afirmaciones llevaron a que el hermano de Johan, también participante del programa, abandonara inmediatamente la escuela.

Mancebo estuvo cerca de rendirse durante su segundo año, pero la insistencia de la directora de Endanza y especialmente el apoyo maternal lo motivaron a continuar su formación.

"Quise dejarlo porque el pastor decía que la danza no era cosa de Dios… Seguí porque mi mamá es quien manda", confesó.

Aunque actualmente ya no profesa la religión evangélica, mantiene una profunda fe y se encomienda a Dios todos los días.

Además, Johan habla abiertamente sobre los prejuicios que aún vinculan a los hombres que bailan ballet con la homosexualidad.

"No eres menos persona por eso; eres un ser humano con los mismos derechos que cualquier otro", afirmó.

Añadió: "Todos tienen derecho a hacer lo que aman sin sentirse juzgados, reprimidos ni excluidos".

Con el respaldo de las autoridades culturales —que durante esos años cubrieron sus pasajes de transporte público, le proporcionaron indumentaria e incluso celebraban sus cumpleaños— Johan terminó su etapa escolar y a los 17 años se incorporó como pasante al Ballet Nacional Dominicano.

Poco después, una experiencia de intercambio en Puerto Rico trabajando con el coreógrafo Septime Webre le abrió las puertas para una invitación al Washington Ballet Studio Company en 2015; un desafío que afrontó sin dominar inglés ni haber vivido solo antes.

"Todo sucedió muy rápido; no tuve tiempo para pensarlo", comentó.

Luego recibió una beca estatal para estudiar Pedagogía de la Danza en el Instituto Universitario de Danza Alicia Alonso en España, donde permaneció cuatro años destacándose en roles solistas y principales.

Sin embargo, a los 21 años sufrió una fractura por estrés en la tibia derecha que lo obligó a detener su carrera durante nueve meses justo en su último año universitario.

El temor a tener que regresar a República Dominicana —donde consideraba que la carrera artística carecía de garantías económicas— lo impulsó a rehabilitarse y obtener un puesto mediante audición en el Teatro de Ballet Sibiu en Rumanía.

En esa compañía permaneció desde 2019 hasta 2023 realizando giras por Turquía, Italia, Alemania y Bélgica.

Este proceso para establecerse fuera del país no lo ha recorrido solo; lo ha hecho junto a Gabriela Checo, también bailarina dominicana. Se conocieron en producciones del Teatro Nacional y viajaron juntos a España con becas en 2015.

Tras varios años cultivando una amistad, formalizaron su relación amorosa a comienzos del 2020 y actualmente comparten escenario en el Cleveland Ballet tras decidir probar suerte en Estados Unidos buscando mayores retos artísticos.

Conseguir contratos profesionales internacionales conjuntos es algo poco común en la danza; por eso Johan valora mucho la oportunidad de trabajar junto a su pareja.

"Es una bendición estar con alguien que realmente te entiende. Entendemos el cansancio, los sacrificios y la resiliencia que implica hacer actividad física diaria enfrentando miedos e inseguridades", destacó.

Desde su experiencia en el extranjero, Johan reconoce el talento innato y carisma dominicano; sin embargo, le inquieta la falta de oportunidades para artistas locales.

Señaló que uno de los problemas es la escasez de audiciones públicas y compañías dispuestas a contratar jóvenes recién graduados.

"Imagínate un graduado queriendo ingresar al mundo laboral… Si no hay dónde trabajar, ¿cómo ejerces tu carrera?", cuestionó.

Ante esta realidad, hizo un llamado para crear e implementar políticas culturales estatales que garanticen salarios regulares y oportunidades dignas para crecer dentro del país.

El recorrido de Johan desde Cristo Rey hasta escenarios internacionales no solo evidencia el enorme potencial existente en República Dominicana sino que lo convierte hoy en un digno representante del talento dominicano en la escena mundial.

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