Fuente: Lency Alcántara/lency_alcantara@hoy.com.do
La angustia y el llanto se han instalado de manera permanente en las comunidades del municipio de Haina. Decenas de familias atraviesan horas de profunda incertidumbre tras el trágico hundimiento de una embarcación clandestina (yola) que partió de forma ilegal hacia Puerto Rico el pasado domingo, un viaje que para muchos se ha convertido en una ruta marcada por la tragedia y la muerte.
Un viaje marcado por la violencia
Según los datos preliminares y los testimonios recopilados por equipos periodísticos en la zona, al menos 62 personas abordaron la embarcación con la esperanza de encontrar un futuro mejor fuera del país. Sin embargo, lo que parecía ser un viaje con alto riesgo económico terminó en una catástrofe humana cuando, en plena travesía, estalló una violenta pelea a bordo.
Fuentes cercanas indican que la situación se agravó debido a un enfrentamiento con armas blancas durante el trayecto, lo que provocó el vuelco de la embarcación.
Las cifras oficiales y de rescate señalan que 49 personas fueron salvadas con vida y tres cuerpos sin vida fueron recuperados, mientras que un número indeterminado de pasajeros aún figura como desaparecido, sumiendo a sus familiares en una profunda incertidumbre.
Historias que conmueven: La tragedia de los hermanos Sánchez Rodríguez
El drama humano se refleja en familias como la de Rafael Antonio Sánchez y Cándida Rodríguez, padres de dos jóvenes que emprendieron la travesía sin que la mayoría de sus allegados lo supiera.
El hijo mayor, Joliver Sánchez Rodríguez, de 38 años, continúa desaparecido y su nombre no aparece en los listados oficiales de sobrevivientes o detenidos. Por otro lado, su hermano menor, Tauni Javier Sánchez Rodríguez, de 34 años, figura preliminarmente en reportes que apuntan a su detención en Puerto Rico tras el naufragio, aunque la falta de comunicación directa mantiene a sus padres en un estado de incertidumbre.
"Uno no sabe qué rumbo lleva su hijo… Desde el sábado no hemos dormido. Esto es algo inimaginable", manifestó uno de los familiares afectados frente a las cámaras, visiblemente afectado.
Casos similares se replican en las zonas costeras, como el de los familiares del joven Samuel Heredia, de 33 años, quienes pasan sus días entre llamadas telefónicas constantes, visitas a centros de acogida y la esperanza ferviente de recibir noticias que confirmen su supervivencia.








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