Fuente: Listin diario
En República Dominicana lo aprecian mucho. Los dominicanos incluso discuten con los cubanos sobre su derecho a considerarlo parte de su comunidad, ya que es un pastor que ha sabido cultivar vínculos de fraternidad con el pueblo de Quisqueya.
No sé cuántos hijos de Caraballo —un pequeño poblado del municipio Jaruco, en Mayabeque— aparecen en los libros de Historia de Cuba. Sin embargo, si el pueblo tuviera una distinción para ciudadanos ilustres, este año tendría un motivo sólido para otorgarla. Desde el 31 de julio de 2026, el vecino que muchos vieron crecer, el sacerdote jesuita Jorge William Hernández, es el provincial del Caribe de una de las órdenes religiosas más influyentes del mundo: la Compañía de Jesús.
Asocio frecuentemente al padre William con Camagüey. Allí lo conocí cuando coordinaba la Pastoral Juvenil y Vocacional ignaciana y era formador del prenoviciado (2006-2012), además de párroco de San José (2007-2012). Aún recuerdo unos zapatos que me regaló durante aquellos campamentos en Algarrobo para una peregrinación que realicé desde la bahía de Nipe hasta El Cobre. Quienes caminamos a su lado en esos años juveniles lo recordamos como un hombre alegre y cercano.
En República Dominicana lo estiman mucho. Los dominicanos nos disputan a los cubanos el derecho a considerarlo propio, pues es un pastor que ha sabido tejer relaciones de confraternidad con el pueblo quisqueyano. Por fortuna, el Caribe nos engloba a todos y entendemos que lo que la Compañía toca se convierte en una forma de actuar esperanzadora para las fronteras que habitan la vida cotidiana de los países donde ejercen misión.
Su trayectoria
Entre sus destinos apostólicos destaca haber sido director nacional de los Centros Loyola Fe y Cultura en Cuba (2012-2014) y director del Colegio Loyola en Santo Domingo (2017-2023). Su vocación de servicio lo llevó también a participar en la vida pública dominicana: en 2021 fue nombrado presidente del Consejo Directivo del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID). Además, ha sido vicario parroquial en la comunidad de Santísima Trinidad y delegado provincial para la sección dominicana (2023-2026).
Cuba es uno de los lugares preferidos por la Compañía de Jesús en el continente, y ahora cuenta con alguien capaz de impulsar con energía la labor espiritual y social que los jesuitas desarrollan en la Isla. El padre William es un hombre dotado de gran talento diplomático, que sabe dialogar con las instancias del poder desde la sabiduría ignaciana.
Asume su cargo cuando la Isla atraviesa un periodo apocalíptico, marcado por la escasez casi total y por la desesperanza. Esa realidad afecta también a la Iglesia, que finalmente es el mismo pueblo congregado en comunidades de fe para seguir a Jesús. No olvidemos que en 2022 el superior de los jesuitas en Cuba, el P. David Pantaleón, fue expulsado del país por denunciar con coherencia los males que aquejan al pueblo.
Su nombramiento ocurre en un momento tenso en las relaciones entre la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba (PCC) y la Conferencia del Episcopado Cubano. De los tres papas que han visitado la Isla, se observaba una cercanía especial con Francisco; sin embargo, la Mayor de las Antillas no ha sido una prioridad visible para el actual papa, León XIV. Recordemos que uno de los reclamos constantes de la Iglesia católica, a través de enviados del Vaticano y de la Conferencia Cubana de Religiosos (CONCUR), ha sido la liberación de presos políticos, especialmente los manifestantes del 11 de julio. Con un provincial cubano se vislumbra una mirada más comprensiva y cercana a lo que vive el país, nacida desde su propia experiencia.
William Hernández es el primer provincial cubano de la nueva provincia del Caribe, aunque otros nacidos en la Isla ya habían sido provinciales en la antigua demarcación antillana. Su misión estará marcada por estos retos: integrar a los países anglófonos e hispanohablantes que conforman la provincia para lograr un plan apostólico común; enfrentar la crisis vocacional en una época donde cada vez menos jóvenes optan por la vida consagrada; acompañar a cada jesuita en su contexto, lo que San Ignacio denomina cura del alma; y sostener el compromiso con la justicia social, eje transversal en las obras jesuitas dondequiera que estén.
La toma posesión
El 31 de julio de 2026, la Casa de Ejercicios Manresa Loyola en Santo Domingo fue testigo del inicio de su nueva misión. Los ojos húmedos y la voz entrecortada del jesuita cubano durante la eucaristía fueron sin duda un instante íntimo lleno de gratitud hacia Dios y su patria. Que aquel niño nacido en Caraballo dirija hoy las obras que coordina la Compañía —la congregación religiosa con más vocaciones a nivel mundial— debería ser motivo de orgullo para todos sus paisanos.
En esa jornada estuvimos presentes cientos de personas. Entre ellas, una comunidad cubana que viajó para apoyarlo, convencidos de que su labor será también una forma valiosa de acompañar a nuestro pueblo, tan necesitado. Todo lo sembrado en vida se cosecha tarde o temprano. Hubo un gesto que fue en sí mismo símbolo de esperanza: William agradeció al P. Martin Lenk, el provincial saliente, quien aceptó ir como misionero a Cuba para dirigir la red nacional de Centros Loyola. La presencia jesuita en la Isla es una luz en medio de la oscuridad cotidiana.
Durante su homilía, el P. William expresó: "Esta eucaristía nos reúne, amigos en el Señor pertenecientes a la Compañía provenientes de Guyana, Jamaica, Trinidad y Tobago, Cuba, Miami, Haití y República Dominicana. Diferentes lenguas, culturas y contextos misioneros. Y sin embargo somos un solo cuerpo apostólico. Nuestra región caribeña enfrenta muchos desafíos comunes; también existen particularidades propias. No es tan importante buscar uniformidad sino unión: amor a Cristo, disposición para la misión y obediencia al Espíritu. Nuestra tarea es ser ese cuerpo generoso, disponible y unido. Una Provincia no se sostiene sin desgaste, tensiones ni noches inciertas. Acompañar para mayor gloria de Dios significa precisamente eso: aun en medio del desgaste mantener siempre firme nuestra brújula hacia el mismo norte".








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